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Diálogo con Giuseppe Basile, restaurador de La última cena

Publicado por LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en Septiembre 13, 2006

“Había que liberar la obra de Da Vinci quitándole las capas que la escondían”


Giuseppe Basile en el Teatro Colón, la semana pasada, durante su visita a la Argentina
Foto: Fabián Marelli

 


La última cena, fresco de Da Vinci de fines del siglo XV que se encuentra en un monasterio de Milán
Foto: EFE

 

Según el experto, la célebre obra de Leonardo estaba dañada por malas restauraciones previas

Creada de 1495 a 1497 sobre un muro del refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie de Milán, La última cena ha sobrevivido por milagro, algo que creen hasta los ateos. La única obra mural del extraordinario Leonardo Da Vinci, de 36 m2, salió ilesa de las inundaciones de Milán en 1500 y 1800, de la invasión napoleónica en 1796, de las bombas aliadas en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, y de muchas restauraciones erradas sobre la obra que comenzaron en el siglo XVI.

Llegado a la Argentina para participar del Congreso Internacional de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico, que tuvo lugar la semana pasada en Buenos Aires, el historiador del arte italiano Giuseppe Basile, director del Instituto Centrale del Restauro, habló con LA NACION sobre la más reciente restauración de La última cena – la mayor hecha sobre una obra de Da Vinci -, de la que fue uno de los directores y que con un costo de 8,8 millones de euros demandó 18 años de trabajo entre 1981 y 1999.

El impresionante mural ha estado últimamente en el ojo de la opinión pública a raíz del best seller de Dan Brown El Código Da Vinci , y más tarde por la película de Ron Howard.

-¿Cómo fue el proceso de restauración de La última cena ?

-Fue la restauración más ardua que hubo que llevar a cabo en el siglo XX, porque el estado de la obra era muy difícil. Leonardo había utilizado una técnica absolutamente personal, no experimentada antes por nadie. No lo hizo porque era un experimentalista. Empleó aquella técnica porque pensó que era la mejor para obtener el resultado y el efecto que buscaba. Así pintó una obra frágil y sujeta a daños.

-¿Esos daños se profundizaron con las sucesivas restauraciones?

-Durante siglos, La última cena ha estado sujeta a restauraciones. No ha sido culpa de los restauradores que las sucesivas operaciones hayan profundizado los problemas de la obra. La cuestión ha sido que no se entendían el estilo ni la técnica de Leonardo. Nuestro equipo lo comprendió en 1999, cuando finalizó una restauración que llevó 18 años. Los restauradores del pasado estaban convencidos de que Leonardo había aplicado una técnica de óleo sobre el muro. De modo que cuando intervenían lo hacían con esa técnica. Eso la dañó tanto que cuando comenzamos a estudiarla, en 1981, el estado era desastroso. Estaba recubierta por tantas capas de pintura que el verdadero Leonardo no era visible. El desafío era remover todas esas intervenciones sin dañar lo que Da Vinci había hecho originalmente. Que era poco, pero tan precioso y auténtico que valía la pena, tratándose de su única obra sobre un muro. Había que liberarla. Había que devolverle su textura original, quitándole todas esas capas que escondían y desvirtuaban La última cena .

-¿Cómo fue trabajar 18 años sobre un Da Vinci genuino?

-Muy duro y difícil. Hubo muchas discusiones en el equipo hasta decidir lo que teníamos que hacer. Trabajamos día tras día para recuperar a un verdadero Da Vinci que aunque no fuera tan potente como el original revelara una imagen auténtica y verdadera. Hubo tres restauradores trabajando sobre la obra y un equipo de 20 especialistas que sostenían un microscopio gigante porque tenían que restaurar hasta un milímetro del mural. Hubo que trabajar con partículas minúsculas para devolverle a La última cena el color original.

-¿Qué sintió el último día de trabajo, en 1999?

-Inicialmente mi reacción fue de aturdimiento, porque habíamos obtenido un resultado, pero no estábamos seguros al 100% de que fuera el que buscábamos al empezar. Después sentimos una gran fatiga y alegría. Y luego vino un período en que no pudimos volver a vivir normalmente.

-¿Qué opina de las interpretaciones sobre La última cena que ha hecho Dan Brown en su libro El Código Da Vinci ?

- Carecen de todo fundamento. En cuanto a que Juan el Evangelista podría ser María Magdalena, debió haberse asesorado bien. Hubiera sabido que el personaje en cuestión corresponde a las características de Juan el Evangelista, que era un adolescente sin barba y de rasgos más bien femeninos.

-¿Hay diferencia entre la restauración de una obra religiosa y otra laica?

-No, ninguna, porque la restauración sigue un método subordinado a la pieza, no al contenido. Lo que se busca es recuperar los aspectos de la obra tal como era en su origen. El espíritu de la obra, sea heroico, idílico, lírico, religioso, guía el trabajo del restaurador. Y eso sí tiene que ver con su cultura. El restaurador debe ser un hombre de gran cultura y tener habilidades de tipo manual. No basta con una gran capacidad manual solamente, porque su intervención puede causar un gran daño a una obra en forma impensada. Si no se comprende la obra que se tiene adelante, la restauración no sirve.

-¿Cómo se vincula el restaurador con la obra que intervendrá?

-Debe comenzar por estudiar qué representa esa obra, cuál era la intención del artista al crearla y reconocer el modo en que ese creador trabajó. Además, debe conocer qué ocurrió con la obra en el transcurso del tiempo: si sufrió un incendio, un hurto, qué tipo de daños padeció. El restaurador actúa como si tuviera delante de sí a un enfermo. Por ejemplo, después del terremoto de 1997 en Asís, hubo un fresco destruido en 300.000 fragmentos. Después de varios meses pudimos reconstruir parte de la imagen. La pintura puede no estar entera, pero recupera su valor de origen, es decir, su autenticidad, que es el sentido de la restauración.

-¿Cuáles son los límites éticos del restaurador?

-Se los compara con los del médico. El médico está obligado a intervenir para salvar la vida humana y el restaurador tiene que intervenir para que la obra dure el mayor tiempo posible. La obra no muere, pero no se renueva. El limite ético es la autenticidad de la obra. No es aceptable que una intervención sea incompatible con la obra.

Por Susana Reinoso

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