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2006 HISTORIAS : LO QUE PASO EL 26 DE JULIO : El día del granizo: Un dolor que cayó del cielo

Publicado por LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 31, 2006

Una gran tormenta de granizo desato un ataque de pánico entre los automovilistas porteños.Y hubo polémica porque el alerta fue débil. En que quedó los ‘sacabollos ‘ aún reparan carrocerías,el servicio meteorológico dejó de estar en manos de la Fuerza aérea y se venden mas polizas contra el granizo.

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Como un recordatorio divino,la naturaleza muestra de vez en cuando quién manda.Y se las trae hasta en la benigna,climáticamente hablando,Buenos Aires.El miércoles 26 de julio,10 minutos antes de las cuatro de la tarde,fue una dolorosa oportunidad para comprobarlo:agazapado entre las nubes suficientemente oscuras como para presagiar una tormenta de tantas,el granizo desató un masivo ataque de pánico. En la desesperación,gente que en condiciones normales apenas devolvería la mirada en una fiesta entre amigos se metía de prepo en autos de desconocidos para evitar los chichones o algo peor.Otros irrumpían en negocios donde no pensaban comprar nada,en el hall de edificios guardados por adustos porteros,implorando por un lugar bajo toldo,cartel,balcón o un mezquino techito para refugiarse de las piedras de hielo de tamaño inusitado incluso para un whisky en las rocas:7 centímetros de diámetro.Claro que tener un techito donde resguardarse no resultó la panacea si era el techo de un auto,el propio.Más bien,un infierno para aquellos que no encontraron otro techo más generoso en estaciones de servicio, bajo puentes de autopistas o estacionamientos salvadores.La lluvia que bajó del cielo dejó 14 heridos leves,zonas sin luz,inundaciones y casas y locales con visibles daños.

Los “pocitos ” en la carrocería no resultaron el único daño en los autos;las piedras rompieron parabrisas y lunetas,faros y plásticos y hasta algún techo corredizo que no aguantó un impacto pleno.El estruendo continuo de tal pedrea contra el suelo tampoco ayudó a calmar los ánimos.Habían pasado 25 minutos cuando cesó la desigual batalla. Entonces ya se sabía
que los barrios porteños más castigados habían sido Palermo,Belgrano y Núñez.En el conurbano, San Miguel,Moreno, Hurlingham,Morón e Ituzaingó se llevaron la peor parte.En el minuto 26 y como al cielo no se le puede echar culpa alguna,los damnificados dirigieron sus ojos al gobierno local,y desde el gobierno local giraron la vista hacia el Servicio Meteorológico Nacional. ¿Había avisado?Y en ese supuesto,¿lo había hecho con la suficiente convicción? Seis meses más tarde,en una tarde soleada y ya enterado de la decisión del gobierno de sacarle el Servicio a la Fuerza Aérea a partir de mañana,el mayor Mario Alberto Vivona –por entonces,jefe del Departamento Centro Meteorológico Nacional – dice,,con papeles en mano,que el primer alerta de aquel día “se lanzó a las 11.30 “.Abunda:aquel aviso advertía sobre “lluvias y tormentas, algunas fuertes o severas,acompañadas de ráfagas y caída de grala madrugada del jueves 27 “. Amén de ese primer alerta,se envió –dice – un aviso a muy corto plazo a las 14.20,ya no en base a imágenes satelitales sino al radar meteorológico,con los límites de la zona donde el granizo iba a hacer daño:Capilla del Señor,San Andrés de Giles,Luján,Cañuelas, San Vicente,Florencio Varela, Pilar y Capital Federal “.

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Estos avisos llegaron a las agencias noticiosas y a Defensa Civil de Capital y de varios partidos.¿El aviso original fue insuficiente?¿El eco de esa alerta no se repitió lo necesario?Desde el Gobierno de la Ciudad aseguraron que llegaron a preparar un programa de contingencia que les permitió recoger la basura antes de hora en los lugares críticos.Sea como fuera,transeúntes y automovilistas fueron las víctimas de una tarde impensada y de la falta de información adecuada a tamaño meteoro.Para la Fuerza Aérea fue el último grani zo grande con esa responsabilidad. Y si de responsabilidad se trata,¿en qué piensa uno primero apenas sufre un daño?En el seguro.Para muchos esta segunda instancia resultó otro pequeño infierno.Porque mientras miraban el auto abollado,con los vidrios y faros rotos,se desayunaban con que sus pólizas estaban lejos de cubrir esos daños generados por el granizo.

Existían poquísimas coberturas que incluyeran abolladuras de este tipo,excepto las de todo riesgo,y no demasiadas que cubrieran las roturas de cristales,que muchas aseguradoras ofrecen como los clásicos y onerosos adicionales.Pero el miedo no es zonzo.Después de esa hecatombe,en Liberty Seguros y otras empresas aumentaron las ventas de seguros contra todo riesgo en un 10%.Y las consultas en ese sentido crecieron un 15%.Hubo algunas excepciones.Por ejemplo, Sancor Seguros –de las más caras del mercado – fue una de las com-pañías que más pagó porque el deterioro en el casco de los autos por granizo estaba incluido hasta en las pólizas de terceros completas otras de menor cobertura.Pero aunque algunas aseguradoras pagaron más que otras,aquellas se beneficiaron porque aprovecharon la oportunidad de diferenciarse en el mercado.Y hasta hicieron campañas de publicidad –como Auto Scoring HSBC,y Mapfre,entre otras – que promocionaron los pa-gos que habían hecho como un argumento para futuras ventas.

MEJOR REIR QUE LLORAR

Como cualquier otro,ese día hubo gente que estrenaba,o casi,su auto.El de Lorena Díaz (31)tenía apenas 13 días en laalle.Prolija,esa mañana lo había guardado en un estacionamiento de la avenida Córdoba al 2400.”Cuando empezó a llover,veía por la ventana cómo se estropeaban los autos y atiné a llamar al garaje para ver si todo estaba en orden.Me dijeron que no me preocupara,que estaba bajo techo.Al rato me llamó mi novio y me dijo que estaba tan bajo techo que había quedado bajo los escombros de una pared que había cedido por la tormenta “,cuenta ahora con cierto humor negro.

“Fui a verlo enseguida y en vez de ponerme a llorar y patalear,me reí porque ésa es mi forma de ser.Y eso que me acababan de dar la licencia de conducir y esperaba el fin de semana para manejar.Pero después me deprimí mucho.” Literalmente,,el granizo la dejó a pie porque cuando el seguro le pagó el Ford Fiesta –”destrucción total ” fue el veredicto. Lorena no se compró uno nuevo. Oscar Canedo (57)está del otro lado del mostrador.Dueño de un taller “sacabollos ” en Gregorio de Laferrere al 3700,él y su grupo de artesanos chaperos tienen reparaciones agendadas hasta fin de enero.”El mismo día de la tormenta ya teníamos 50.Y esa semana presupuestamos veinte autos por día y arreglamos seis.” Los precios fue-ron de entre $800 y $1.200,pero algunos no tuvieron esa suerte porque la única manera de sacar los bollos fue en un taller hecho y derecho de chapa y pintura y a un costo todavía mayor.Si por desgracia hay una segunda vez,Canedo tira un consejo:cuando graniza no aumente la velocidad porque el impacto y el daño son mayores.

La lluvia y la piedra sorprendieron a Lidia Rodríguez (56,casada,tres hijos)a pocas cuadras de su casa,en Belgrano.Cuando llegó allí, dos amigos de la familia habían guardado las piedras en el freezer y ella tuvo la idea de subastarlas en una página web,como evidencia de los damnificados con las aseguradoras.”Las puse a un peso,pero con los días el precio fue subiendo.Me empezaron a llegar ofertas pero también muchas preguntas y hasta hubo gente que me proponía cambiar las piedras por las manos de Perón.También me escribió gente muy enojada porque decía que me aprovechaba de su desgracia.Y por eso debí publicar las fotos de mis muebles de jardín rotos por las piedras para que se dieran cuenta de que yo también había perdido cosas.” Un interesado cerró trato por 510 pesos pero nunca apareció y las piedras –las más grandes de 5 centímetros de diámetro y las más chicas de 3 – todavía están en su freezer.La mujer cuenta que otros potenciales compradores las querían para sacarse fotos con ellas. Por último,Lidia les puso precio fijo y las publicó en la Red con un destacado,pero el asunto ya se había enfriado.Ella se lo toma con filosofía:”No vendí nada,pero era muy entretenida la conexión con la gente…Parecía un chat “.

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