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El circo, una forma de vida en lucha contra la extinción

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en enero 18, 2007

El de los hermanos Servian llegó a Mar del Plata a presentar por primera vez un espectáculo sin animales. Su dueño, Jorge Yovanovich, es miembro de una familia que lleva seis generaciones en la actividad.

La vida nómada, el deseo de conocer nuevos lugares, el riesgo y la aventura son algunas de las razones que trapecistas, acróbatas, malabaristas, domadores, payasos y bailarines tienen en cuenta a la hora de elegir una vida circense.

Una recorrida por el Circo de los Hermanos Servian y charlas con las más de 100 personas que trabajan en él durante la temporada en Mar del Plata permite saber que el circo es una forma de vida y una manifestación cultural en extinción.

Ubicado en un predio en Juan B. Justo al 700 de Mar del Plata, el Servian llegó a la ciudad para pasar su cuarta temporada, que será la primera en la que presentará un espectáculo sin animales en virtud de una polémica disposición municipal, que el dueño Jorge Yovanovich pide modificar.

Yovanovich, hijo de dos yugoslavos llegados en 1912 al país, es miembro de una familia que lleva seis generaciones ligadas al circo, un dato que se puede comprobar viendo a los nietos del hombre correteando por el predio imitando pasos de baile o acrobacias.

Comparado con las imágenes paupérrimas que muchos circos mostraron en los últimos años, el Servian es un lujo: tiene una carpa tipo palacio, butacas que envidiaría más de un teatro y una larga lista de artistas que incluye como novedad un cuerpo de baile más vinculado al teatro de revistas.

Entre el staff del Servian se destaca la familia Cerdeño, integrada por Carlos y sus hijos Alex, Kenny, Brandon y Brian -todos entre los 20 y los 8 años- dedicados a las acrobacias y al trapecio, en especial la prueba de la báscula combinada.

Cerdeño es ecuatoriano, y su esposa -que viaja con él y cuida a dos niñas más chicas-, fue acróbata y dejó para dedicarse al cuidado de los hijos.

“Hace 28 años que vivo en los circos, recorrí toda América desde Canadá hasta Argentina. Cuando era chico quise ser gimnasta y de ahí al circo hubo un paso. Me gustó la vida del circo, saltar, volar, el riesgo. Y los niños se criaron al lado nuestro con el mismo deseo”, explicó el ecuatoriano.

Los chicos mayores, Alex y Kenny, no desmienten a su padre y lo demuestran saltando en una hamaca rusa junto a otros cuatro acróbatas con los que vuelan varios metros por el aire hasta caer en una red.

Kenny se le anima al “alambre”, la vieja y conocida cuerda floja, aunque ahora los acróbatas realizan las pruebas sostenidos con un arnés, mientras que en los tiempos de su padre, la seguridad era otra.

Consultados sobre si prefieren pasar sus vidas en el circo o fuera de él, los Cerdeño de segunda generación prefieren sin dudas estar en la arena.

“Acá la vida tiene siempre una novedad, siempre hay algo que hacer, esto es cero rutina. En cambio el estable hace todos los días lo mismo”, explica Alex.

Ellos llaman “estable” a aquel que deja el circo o vive fuera de él y tiene una profesión común, ordinaria. “Nosotros también jugamos al fútbol, fuimos a la escuela, salimos con chicas, pero vivimos acá y no cambio esta vida por nada”, fundamentó Alex.

Ese mundo está compuesto por casas rodantes, ’motorhomes’ o acoplados convertidos en viviendas de dos ambientes, que recorren desde hace 15 años lugares como La Pampa, Misiones, Formosa, Salta, Tucumán, Santa Fe y diferentes ciudades de la provincia de Buenos Aires.

Arturo ’Pinino’ Díaz es el enano del circo, cuarta generación de artistas circenses, que trabajó 15 años en el circo “Australiano”, propiedad de la madre de Yovanovich, que esta temporada permanece en Necochea, donde sí permiten utilizar tigres, leones y osos en sus números.

“Con el circo conocí toda Sudamérica, estuve en Venezuela, Colombia, Brasil, Ecuador, Bolivia, las Guyanas y Perú haciendo de todo, payaso, trapecio, acrobacias”, dijo Díaz, que tiene dos hijos con madres diferentes.

“Mi hijo vive en Chile con su madre y el esposo de ella, que es cirquero, y mi hija de 3 años vive con su madre en santa Fe, quien cuando quedó embarazada me pidió que me fuera con ella y yo le dije que si me quería, tenía que vivir conmigo en el circo, porque esto es mi vida”, agregó ’Pinino’.

Otra familia cirquera es la de ’Gato’ y ’Gatito’, los dos payasos del circo, que prefieren darse a conocer por sus sobrenombres y que trabajaron en México con La Chilindrina, Quico y el Profesor Jirafales, todos de la troupe de Roberto Gómez Bolaños.

Gato considera que Alberto Olmedo fue el mejor payaso argentino por “su visión de comicidad y para crear personajes improvisando. Porque un payaso es la rueda de auxilio del circo, estamos en vigilia permanente por si sale algo mal nosotros entramos al escenario a hacer travesuras”.

“En el circo todo es una familia porque el oficio se pasa de generación en generación”, afirma Gato, quien guarda una visión poética sobre su futuro.

“Un payaso muere con las chalupas puestas, no he visto payaso antiguo que no haya muerto trabajando”, sentenció.

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