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El papelón de Martín Granovsky y el conflicto en TELAM, la agencia estatal de noticias

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en mayo 12, 2006

Imperdible material del columnista Ignacio Fidanza, publicado en Seprin.com y La Política Online. Los comienzos de Martín Granovsky y su carrera al servicio de los poderes políticos de turno. El papelón del cable que irritó al Presidente Néstor Kirchner. El conflicto entre los empleados y la misteriosa deserción de UTPBA -Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires-.


El primer libro político que me compré fue "Misión Cumplida" de Martín Granovsky. Una investigación impecable que describía la influencia de Terence Todman, el entonces embajador norteamericano, en la política Argentina. Tenía 21 años y estaba abandonando la carrera de cine, en tránsito hacia el periodismo. Mi admiración no podía ser más grande: Granovsky escribía como los dioses, razonaba mejor aún y leía la política con una altura y elegancia cautivantes.

Pero claro, eran los tiempos del menemismo y hacer periodismo crítico entonces era fácil y rendidor. Después, cuando la Alianza llegó al Gobierno observé azorado como Granovsky se convertía en un apologista de la renuncia a la vicepresidencia de Carlos "Chacho" Alvarez y reducía su talento a la deslucida tarea de un propagandista oficial, en libros aburridos y escritos a las apuradas, que ya revelaban que su brújula profesional empezaba a sufrir ciertas averías.

Subido al prestigio desteñido ya para entonces de un Página 12 que había abandonado Jorge Lanata, Granovsky practicaba el deporte preferido de nuestra izquierda caviar: la caza de brujas. Claro que lo hacía en función de ese lamentable experimento político que fue la Alianza, y en particular el Frepaso.

Nunca llegó la autocrítica, pero si la coherencia de poner el periodismo al servicio del poder de turno. No importaba que fuera un peronista que viniera del sur, auspiciado por el todavía más intragable peronista conurbano de Eduardo Duhalde, socio principal de Carlos Menem, durante la mayor parte de su gobierno.

Después de todo, Página 12 tenía que vivir de algo y con la ida del talento de Lanata, se reemplazaron decenas de miles de lectores por publicidad oficial y ventas accionarias inconfesables.

Si Julio Nudler viviera, no se sorprendería del patético presente de Granovsky, él ya había sufrido su persecución en Página 12. Hoy, cerrando un camino previsible, Granovsky repite y agiganta viejas prácticas como presidente de la agencia Télam.
Dicen que el poder no corrompe, sino que te delata. Desde los confortables despachos del octavo piso de Télam y rodeado de secretarias seductoras, Granovsky se debe creer por momentos, un galán recio y maduro, aunque algo desprolijo. En las giras internacionales junto a Kirchner, quizás se haya imaginado un Kissinger porteño, deslizando en los oídos del Presidente, extrañas carambolas diplomáticas.

Los supuestos conocimientos de Granovsky de política internacional no le sirvieron sin embargo, para detectar que ese cable que desnudaba las contradicciones diplomáticas del Presidente en el conflicto de las papeleras, merecía un simple llamado confirmatorio, apenas una consulta antes de su emisión.

La torpeza no sólo enlodó a Télam con uno de los mayores papelones de su historia, sino que expuso al Presidente en su estrategia diplomática. Aparece allí ninguneando el camino de La Haya que eligió su gobierno, en pos de una solución "política" que surja de un entendimiento directo con Tabaré Vázquez. Si ese era el gran golpe de efecto que Kirchner imaginaba para su participación en la cumbre de Viena, gracias al cable de Granovsky cualquier posibilidad de concretarlo le estalló entre las manos.

Sólo un presidente de Télam no permitió que un paro de la agencia no se informara por el servicio. No lo hizo Amilcar Antonioni durante el menemismo, ni tampoco Eduardo Pouzá con la Alianza o Tabaré Areas y Alberto Dearriba, durante el duhaldismo.

En países del primer mundo, como Italia por ejemplo, las empresas periodísticas no sólo pueden sino que están obligadas a difundir los conflictos gremiales que las afectan. Después de todo la información es un bien público esencial a la democracia, más allá de que para algunos sea también un excelente negocio.

Claro que en esos países además de conciencia cívica hay gremios de prensa que hacen sentir su voz, y aquí es notoria la ausencia de la Utpba en el conflicto más importante que vive hoy el periodismo argentino. La peor opinión es el silencio decían los carteles de ese gremio apenas años atrás.
Los desplazamientos compulsivos de sección de periodistas, que tienen años en el seguimiento de determinas áreas, no sólo es una política suicida como demostró el papelón de Viena a donde Granovsky decidió enviar a una periodista no especializada, sino también parte de un dispositivo de humillaciones cotidianas que el presidente de Télam parece imaginar como el mejor sistema de conducción del personal a su cargo.

Con la misma lógica, la dirección de Télam celebró una alianza con el cuestionadísimo Luis "Lucho" Giménez, personaje de notorio enriquecimiento que supo manejar áreas claves de publicidad y administración durante el menemismo y que mutó de delegado gremial a su lamentable rol de rompehuelga de hoy.

El empecinamiento de Granovsky en taponar cualquier salida negociada y agudizar el conflicto con los trabajadores puede esconder una intención de provocar despidos masivos para incorporar "tropa propia" en la redacción. Sólo eso le faltaría para coronar su lamentable gestión, aunque cuesta imaginar a este gobierno pagando semejante costo social, mediático y político.

Lo que si preocupa es la condescendencia con prácticas que seguramente merecerán futuras revisiones judiciales y de organismos de control como la Sigen y la Oficina Anticorrupción, con las millonarias partidas publicitarias que maneja Télam y que en gran medida explica la benevolencia mediática que recibió Granovsky, hasta el indefendible gol en contra que concretó con el cable de Viena.

El traslado compulsivo de las computadoras y archivos que contienen la información de la asignación de las partidas presupuestarias y hasta el aparente pago de dinero en bares, como revelaron a La Política Online trabajadores de Télam, habla de una gran confusión respecto a los cuidados que implica el manejo de dineros públicos.

Confusión que puede llevar al Código Penal y afectar a muchos de los que hoy lo acompañan, que tal vez no toman conciencia que los funcionarios del Estado están obligados a seguir ciertas normas de procedimiento, legalmente establecidas.

El bochorno de las autodenuncias de sabotaje, la imputación hasta ahora infundada de supuestos actos de corrupción para justificar despidos, la asociación con los sectores más retrógrados y oscuros, la persecución profesional de los periodistas, las operaciones políticas de baja estofa como las que sufrió el candidato del ARI Enrique Olivera y para cerrar ya directamente la incapacidad profesional expuesta en el cable de Viena, hablan de una conducción extraviada por el poder.

Y es precisamente el ejercicio del poder lo que desnudó la verdadera naturaleza de este "falso progre" como lo calificó Lilita Carrió en su discurso de adhesión a los trabajadores de Télam, que eligieron el eficaz apodo de "Stalino" para referirse a ese hombre que alguna vez fue un periodista admirable.

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