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ENTREVISTA CON ERNESTO ALTERIO

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en junio 19, 2006

Cuando el talento se hereda


Hijo de Héctor Alterio y de sólida carrera en España, se destaca en "Vientos de agua". Retrato de un actor que tiene de su padre mucho más que los rasgos.

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Silvina Lamazares
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No es casual que lo hayan elegido para recrear los tiempos mozos del personaje que hace su padre en Vientos de agua (domingo a las 22, por Canal 13). Ni que por ahí lo llamen el Alterito. Ni que su estampa y su decir inviten a pensar en uno de los mejores actores argentinos. La asociación, más que lícita, es inequívoca. Ernesto lleva mucho más que el apellido de su padre. El modo los descubre del mismo lado. La coherencia, si se quiere, se hereda.

Hijo mayor de Héctor Alterio, el muchacho nacido en la Argentina y criado en Madrid —donde su padre transitó el exilio político de los 70— siguió los pasos paternos en más de un sentido. La militancia de las ideas y el compromiso social se combinaron en un elegido juego de espejos, en el que también el oficio se ganó su lugar.

Ahora, en plena noche española, mientras su beba se le retoba al sueño, Ernesto se entrega en una cálida charla telefónica, sin relojes y, casi, sin distancia. Y entonces se anima a confesar que de niño no imaginaba convertirse en actor. "Recuerdo que, todavía en nuestra casa de Chacarita, cada vez que pasaban por la tele la propaganda de La tregua, yo pateaba el televisor y me enfurecía como loco. No podía soportar ver a mi padre dándose un beso con Ana María Picchio. No me gustaba eso que hacía. Yo quería ser médico… bueno, mi madre quería que lo fuera", reconoce, a los 35 años, el padre de Lola, de dos meses de vida "y una belleza única".

Su hija y su mujer, la actriz Juana Acosta, viajarán con él a la Argentina en agosto, cuando se convierta en el protagonista de Lluvia (ver Lo que viene), la película que rodará en Buenos Aires. Para esos días de afectos cercanos y segura memoria emotiva, tiene preparadas pequeñas ceremonias con su familia y sus amigos ("me encanta la demostración afectiva, me hace bien abrazar"), piensa ir a la cancha a ver a Boca, permitirse recordar nomás.

"Yo me siento una mezcla de aquí y de allá. Me reconozco en muchas cosas como español, en otras como argentino. Nos fuimos del país cuando yo tenía 4 años y ahora tengo 35, y si bien es cierto que la mayor parte la pasé en Madrid, las raíces se hacen sentir", reconoce el actor que se destaca por su impecable trabajo en Vientos de agua, en la piel de Andrés Olaya (nacido José, pero adoptó la identidad de su hermano muerto). "Es muy fuerte para mí contar esa historia de desarraigo, de sueños, de nuevas tierras… Una historia muy cercana, en la que curiosamente trabajo con mi padre". Aunque en la miniserie de Campanella —en España bajó al tercer capítulo, pero en la Argentina hoy se emite el quinto— no comparten escenas (los dos encarnan distintas etapas de un personaje), la pantalla grande sí los ha reunido en un mismo cuadro, cuando rodaron Semen, una historia de amor.

Cuando Ernesto participó en esa película, ya llevaba varios años de carrera. Atrás habían quedado sus sueños de curación —aunque se sabe que se puede curar de varias maneras—, sus cursos de fotografía y sus dos años en la universidad estudiando Historia. "Todo comenzó el día que vi en Madrid una obra que había montado mi tía, Juegos a la hora de la siesta. Yo tenía 16 años, mucha indefinición, pero salí de ahí y le dije tía, quiero ser actor", cuenta el muchacho que, a los 19, se subió a una furgoneta con dos amigos para montar por distintos pueblos españoles la Orquesta de juegos musicales.

Entre varias obras y sus muchas horas de payaso regalando caramelos en un supermercado, le llegó la primera de sus veinte películas, Shooting Elizabeth, "una coproducción con los Estados Unidos, en la que sólo tuve una escena… pero con Jeff Goldblung". De sus muchos trabajos elige la obra Rosencrarz y Guilderstein han muerto, la película Los lobos de Washington y la miniserie de Juan José Campanella.

Nominado dos veces al premio Goya, hace unos días recibió la estatuilla Ciudad de Alicante en reconocimiento a su camino. El que transita solo y sólo haciendo caso al guiño de quien ya supo ir primero.

En el día del padre, su hijo

Cuando hace unos días Héctor Alterio le dijo a Clarín que "me emociona ver cuánto me parezco a mi hijo" no equivocaba el orden del sujeto. Sabía lo que quería decir. Quería decir lo mismo que dice Ernesto: que se reconoce en el otro. Sello de familia. Admiración mutua, generación eterna en boca del muchacho que dice que "mi padre es un referente en la vida toda. No sólo en esta profesión. A mí me parece un actor enorme, pero su figura va más allá de eso. Tiene una ética de hierro".

Lejos de ampararse en los beneficios de la portación de apellido, admite que "cuando digo que soy hijo de Héctor Alterio es ni más ni menos que por orgullo. Tenemos una muy buena relación, a pesar de que no le di el gusto de perfeccionarme como músico o de ser hincha de Chacarita", bromea quien sabe hablar muy en serio.

Perfiles

El fútbol

Fanático de Chacarita, el padre no pudo pintarle la pasión en rojo, blanco y negro. Ernesto es hincha de Boca desde su más tierna infancia. Pero mientras los xeneizes suelen inclinarse por Barcelona entre los clubes de España, él es un típico merengue del Real Madrid.

La Argentina

Como no hay edad para las huellas, Ernesto se acuerda "del día que dejamos la Argentina, cuando yo tenía 4 años. Mi padre ya había partido como exiliado político. Cuando él estaba en San Sebastián, fuimos con mi madre y mi hermana, de meses. A mí gusta volver. Quizás no sea nostalgia, sino necesidad".

Lo que viene

Conmovido por volver a su tierra natal, el 18 de agosto comenzará a filmar en Buenos Aires la segunda película de Paula Hernández. En Lluvia hará de "un español que va a la Argentina a resolver temas vinculados con la muerte de su padre. Es un interesante filme intimista".

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