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EL ARI PRESENTA SU PROYECTO GANADERO NACIONAL

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en junio 30, 2006

En el marco de las jornadas “Hacia una Política Agropecuaria”, organizada por CARBAP en la Bolsa de Cerales de Buenos Aires, hoy en Av Corrientes 119 a las 17 horas, la Diputada Nacional Elisa Carrió, el Diputado de la Ciudad Alejandro Rabinovich y el Asesor Ganadero del ARI Andrés Domínguez presentarán su Plan Productivo para la Ganadería Nacional, en un parte para superar la crisis que atraviesa el sector cárnico – Este es el documento completo.

Plan Productivo para la Ganadería Nacional

Diputada Nacional Elisa Carrió – Diputado de la Ciudad Alejandro Rabinovich – Dr.Andrés Domínguez

Introducción

En el marco de la crisis por la que pasa el sector cárnico nacional, es desde Afirmación por una República Igualitaria (ARI) que presentamos el siguiente trabajo como un aporte para superar la actual situación de escasez de oferta, cierre de exportaciones, alza de precios y un profundo y peligroso enfrentamiento entre el Gobierno Nacional y los diferentes actores de la cadena agroindustrial cárnica. Estamos convencidos que de esta crisis se sale solo con seriedad, diálogo franco y propuestas concretas, todo lo cual debe tener como resultado final la elaboración e implementación de un Plan Ganadero para superar los problemas estructurales del sector que llevan décadas sin resolución.

En el Ari venimos trabajando los temas referidos a la carne desde mucho antes que fueran tapa de los diarios y se iniciara la actual escalada de precios. En Diciembre de 2004, con retenciones de 5% y precios rondando los 5/6 $ por kilo en promedio de venta al público, iniciamos un trabajo de investigación sobre la irregular asignación de la Cuota Hilton realizada por Haroldo Lebed y Miguel Campos, quien hoy ha sido procesado con idénticos argumentos a los que nosotros expusimos oportunamente. En paralelo, y convencidos que no alcanza con la mera denuncia sino que para construir una alternativa política seria debemos ser capaces de introducir propuestas innovadoras y diferenciales de aquello que nos parece equivocado del gobierno, nuestros dirigentes y equipos técnicos empezaron a trabajar las líneas de lo que para nosotros deben ser las políticas para recuperar la ganadería: baja de retenciones, aumento de la oferta con apoyo estatal y transparencia en el mercado y en la asignación de cupos de exportación. Claro que para que cualquier proyecto de la envergadura que debe tener un Plan Ganadero pueda llevarse adelante, debemos contar con instituciones y funcionarios previsibles y respetados por el sector. Esto no quiere decir que la Secretaría de Agricultura y Ganadería deba compartir todas la visiones del sector. Desde el Ari, de hecho, no las compartimos en su totalidad. Pero es básico que para un Plan de Desarrollo deben escucharse todas las voces, con humildad y respeto por las diferencias.

Desde el Ari creemos que en todos los aspectos de la vida pública un partido político debe comportarse con ciertos estándares. Uno de ellos es que las propuestas deben validarse con acciones, caso contrario, no son más que meras palabras vacías de contenido. En otras palabras: de nada sirven promesas electorales o declaraciones de circunstancia si no están respaldadas con comportamientos consecuentes con las mismas. Por ello sostenemos que no tiene autoridad moral para proponer nada al campo un gobierno que cierra las exportaciones de carne por capricho y que sostiene a un secretario como Miguel Campos, que está procesado por corrupto. No la tiene tampoco la anterior conducción del Ministerio de Economía, que abortó el anuncio de un plan de incremento de la oferta, que tenía el apoyo del sector, por no querer aceptar algunos beneficios impositivos y privilegiar una política fiscalista de caja. El ARI tiene una propuesta ganadera integral y seria, que sostenía desde mucho antes que estallara la crisis de la carne.

Creemos que no puede hablarse de un Plan Ganadero sin, al menos, un horizonte claro de apertura de las exportaciones. Sin este elemento, todo lo que se discuta carecerá de razón de ser, y cualquier documento que pretenda llamarse “Plan Ganadero” y no incluya una definición en tal sentido no será más que una cortina de humo para tapar problemas de fondo que seguirán sin resolverse.

Lamentablemente, notamos con preocupación que la actual administración ha perdido toda autoridad política y moral para hacerse cargo de la situación. Los ataques al campo, los cambios de funcionarios, la debilidad objetiva en que se encuentra el Secretario Campos, los modos del Secretario Moreno y los aprietes e incumplimientos de acuerdos en que ha incurrido el Gobierno han corroído fuertemente las posibilidades de encontrar una salida sensata y razonable al problema.

Se ha hecho mucho daño. Con el cierre de las exportaciones y todo el mal que se ha hecho a la cadena los precios internos de la carne en Abril de 2006 apenas bajaron el 0.6% y en Mayo un 2,4%. Los precios a los que los productores venden su hacienda se derrumbaron –alrededor de un 30% de caída- sin que esa brutal baja se vea reflejada en la disminución de precios al consumidor final pretendida. A pesar de esto, creemos que aún estamos a tiempo de revertir la situación, si trabajamos seriamente y aprovechamos la fenomenal coyuntura favorable del mercado internacional de carnes. Caso contrario, será una oportunidad –otra más- que los argentinos habremos desperdiciado. Con esta tónica es que desde el la conducción política del Ari, nuestros referentes parlamentarios y nuestros equipos de gobierno presentamos nuestra propuesta. En esta instancia no pretendemos ser los referentes de nada ni nadie, ni obtener un rédito político: buscamos acompañar un reclamo justo y abrir caminos de dialogo y propuestas para construir un futuro diferente.

Objetivos

En líneas generales, los objetivos básicos de un Plan Ganadero se pueden dividir en dos: Horizontes Estratégicos y Metas de Gestión. Como objetivos, lo que a continuación enunciamos son declaraciones de hacia dónde vamos. No es otra cosa que explicitar de forma clara una visión sobre como imaginaos la cadena agroindustrial de carnes. En las siguientes secciones presentamos las diversas medidas específicas de corto, mediano y largo plazo con las que pretendemos alcanzar estos objetivos.

Horizontes Estratégicos

Se pretende que la Argentina ocupe su lugar entre los tres principales productores y exportadores de carne del mundo, acortando las diferencias con Brasil, de forma tal que la producción y oferta total del país cubra los dos objetivos primarios: abastecer al mercado interno a precios accesibles al conjunto de la población y satisfacer la demanda externa de carnes nacionales, aprovechando las oportunidades de negocio del mercado internacional. En este marco, la industria de la carne y los productores ganaderos generarán trabajo y divisas en vastas áreas del interior del país y también de los centros urbanos, vendiendo al exterior un producto con alto valor agregado y brindado al mercado interno un producto de buena calidad y precios accesibles. Para esto, la herramienta estratégica por excelencia es un Plan Productivo para la Ganadería Nacional de largo aliento (15 años).

Metas de Gestión

Aumento del Stock y la Producción Bovina, acercándonos en un plazo de 15 años a los 60M de cabezas de stock.
• Aumento de la Productividad, con incentivo al uso de técnicas de feed-lot y engorde por suplementación, incrementos en el peso promedio de faena, la retención de vientres y la tasa de extracción y procreo.
• Aumento en la calidad diferencial del producto exportado, agregando de esta forma valor, a través de mejoras genéticas, trabajo con estándares de calidad naturales y técnicas de bienestar animal.
• Baja de precios en el mercado interno, a través de consensos de abastecimiento del mercado interno de ciertos cortes, la modificación de las reglas de comercialización y la baja de impuestos regresivos sobre el consumo.
• Incremento en el uso de tecnología y de producción en áreas marginales con apoyo estatal.
• Transparencia de mercado, limpieza y efectividad de los controles fiscales y sanitarios y eliminación de barreras que configuran situaciones de pseudo-competencia que no benefician los niveles de producción y calidad necesarios para alcanzar los objetivos de este Plan.
• Apertura Comercial, vía negociación con los mercados externos de alto poder adquisitivo con hincapié en la baja de subsidios agrícolas, diversificación de los mercado destino y eliminación de las retenciones internas a las exportaciones de carne.
• Articulación de un Sistema Impositivo de Incentivos a los aumentos de producción y competitividad, y un Sistema de Fomento por Subsidios y Créditos con eje primordial en los pequeños productores, zonas marginales y las firmas de menor escala de producción.
• Construcción de una autoridad política e institucionalidad seria que se haga cargo del destino estratégico del sector y que asegure el respeto mutuo, el diálogo, el cumplimiento de los compromisos y la estabilidad de las reglas de juego.


Medidas de Corto Plazo

1) Reapertura Inmediata y Total de las Exportaciones – Eliminación Total de las Retenciones – Retenciones del 10% solamente para los cortes de valores superiores a los 4500 U$S (Cortes Hilton)

En el tema carnes, el Gobierno fue tomando una cadena de decisiones erradas que no hicieron sino potenciar la escalada de precios, y todo esto llevó a la última y más trágica decisión: la prohibición de las exportaciones de carne, que es casi un certificado de muerte para la industria ganadera y un foco directo de pobreza y desempleo para el país. Incluimos la reapertura de las exportaciones de carne como medida de corto plazo por dos motivos: en primer lugar, creemos que tan equivocada medida debe ser revisada de inmediato; y en segundo lugar porque debe darse en el cortísimo plazo una señal de mercado a inversores, productores y clientes externos, para no hacer más daño al sector y recuperar las perspectivas favorables que tenía el mismo antes que se desate la actual crisis.

Asimismo, y al tiempo que se recupera la normalidad en el plano del comercio exterior, deben eliminarse las retenciones a la exportación de carnes. Así lo sostuvimos en la campaña electoral del 2005, antes de la aftosa, del cierre de las exportaciones y del fracaso en el acuerdo de precios, y así lo sostenemos ahora. Las retenciones, si bien fueron entendibles en el contexto de la devaluación como forma de bloquear desequilibrios de precios y como un aporte solidario del agro a la crisis del país, son una medida económica excepcional y de emergencia, que no puede ser sostenida a lo largo del tiempo sin perjudicar capacidades productivas. Creemos que la imposición de nuevas retenciones a la exportación de carnes como medio para contrarrestar aumentos de precios es equivocada, ya que las mismas son contraproducentes porque llevan a una nueva baja de la producción ganadera, lo que disminuye las exportaciones pero tiene también un impacto inflacionario en el mercado interno. En Junio de 2005 ya pedíamos desde el Ari que se eliminen las retenciones como forma de estimular la industria ganadera y contener el alza de precios. Instamos al Gobierno a que revea una postura evidentemente equivocada.

Para financiar el costo fiscal de esta medida, y porque en el caso particular hay un beneficio extraordinario por ser adjudicatario de un cupo entregado por el gobierno, planteamos que aquellas exportaciones de carne que superen los U$S4500 por tn. incluídas en los Cortes Hilton pagarán un 10% de retenciones sobre el excedente que reciban por encima del citado monto. Repetimos: el principio rector es retenciones cero, pero por ser un caso particular de beneficio extraordinario, por no dejar de ser un negocio rentable con este impuesto y por la necesidad de no perder por completo los recursos tributarios, proponemos este único derecho sobre las exportaciones cárnicas.

También preveemos como opción, aunque no se la preferida por este equipo, la posibilidad que las exportaciones se habrán de inmediato peor que las retenciones se vayan bajando progresivamente. Por caso, puede llegarse a un esquema de retenciones que fomente que los cortes baratos se vuelquen al mercado interno, mientras que los demandados por el exterior puedan comenzar a ser exportados pero paguen derechos por cierto plazo. Si bien no es nuestra opción preferida, sería un avance aceptable dada la situación actual.

2) Rebaja del IVA y de Ingresos Brutos a la venta de carne

El Sistema Tributario Argentino presenta desfasajes tremendos y es altamente regresivo, por el alto componente de impuestos al consumo. Uno de ellos es el IVA que pagan los productos de la canasta básica, entre ellos la carne. Hoy en día un Estado con superávit cobra impuestos al consumo a los sectores más pobres de la población, mientras por otro lado subsidia trabajadores de frigoríficos que se quedan sin trabajo por la suspensión de las exportaciones de carne. El cuadro de situación no tiene ni pies ni cabeza. Nuestra propuesta es mucho más simple: abrir las exportaciones pero a la vez bajar los impuestos al consumo interno de la carne. Así se generará trabajo y se logrará además bajar los precios.

En este sentido, el Diputado Nacional Eduardo Macaluse, Presidente del Bloque ARI, ya ha presentado un proyecto que propone la rebaja del IVA para los productos de la canasta básica, incluida la carne. (Proyecto 1183-D-06)

En paralelo, también proponemos que se elimine en las diversas Provincias el Impuesto Sobre los Ingresos Brutos a la venta minorista de carnes. Este impuesto al consumo es tan regresivo y prociclico como el IVA y también afecta a los sectores de menores ingresos de la población, a los que debemos aliviar de carga impositiva. El Diputado de la Ciudad del ARI Alejandro Rabinovich presentó un proyecto en este sentido (Proyecto 475-D-2006)

3) Eliminación del Registro de Exportaciones (ROE)

El Registro de Exportaciones fue una herramienta creada por el Gobierno de Kirchner para que el Ejecutivo tenga la capacidad de elegir quien puede exportar y quien no. Con el pretendido argumento de manejar los precios se abrió la puerta a una total discrecionalidad en el manejo del negocio de comercio exterior de carnes. Esto no sólo da lugar a la corrupción, sino que además limita toda perspectiva de inversión del sector privado. ¿Quién va a invertir y arriesgar su capital a futuro si sus ventas al exterior dependerán de la voluntad del funcionario de turno que deba autorizar los embarques? Propiciamos que la eliminación el Registro de Exportaciones (ROE) y dar marcha atrás con su implementación.

4) Peso Mínimo de Faena de 260 kilos. Anulación del límite mínimo de peso de faena de 280 kilos de marzo

La elevación del peso mínimo de faena que decretó el Gobierno de Kirchner es el motivo desencadenante directo de la escasez de hacienda actual y el alza de precios. El límite mínimo de faena de 280 kg. que rige desde el 1 de Marzo de 2006, no sólo es impracticable sino que además es una muestra más de la forma de actuar de esta gestión: prohibición en vez de fomento, imposición de medidas imposibles en lugar de buscar accionar sobre la realidad en que se manejan los diversos actores de la cadena. De 1998 a la fecha, el peso promedio de la res de novillo al momento de la faena estuvo entre los 270 y los 280 kgs. Octubre de 2005 marcó un pico en el peso de faena de 284 kg , hablando solamente del novillo. Ahora bien, si en 7 años apenas se pudo quebrar al alza el límite de 280 kilos, creemos que no puede pretenderse lograr un aumento tal como el obligado por SAGYPA en tan poco tiempo. A esto sumemos que el peso promedio de faena de todos los animales en el año 2005 fue de 220 kgs. En el corto plazo esta prohibición es causa directa del desabastecimiento del mercado interno y de los aumento de precios. Compartimos que debemos tender ir hacia aumento de peso de faena pero no con prohibiciones estrictas y plazos impracticables sino con estímulos. Es decir: es un buen horizonte de política, como ya lo hemos afirmado, aumentar el peso de faena. La decisión del Gobierno fue una medida con un objetivo correcto pero tomada en el peor momento. Asimismo, en los acuerdos que se firmaron con el Sector Ganadero, el Gobierno aceptó eliminar tal restricción y luego incumplió groseramente con su palabra.

Por lo pronto, proponemos eliminar el peso mínimo de faena de 280 kgs, y volver al peso mínimo de faena de 260 kg. para descomprimir de inmediato la oferta ganadera, abastecer el mercado interno y lograr que disminuyan los precios.

5) Comercialización por Cortes

Debe disponerse la comercialización por cortes en lugar de la media res. Celebramos que finalmente el Gobierno haya, por una vez, escuchado a los actores del sector que desde hace años vienen reclamando este cambio. Si esta medida se logra implementar, no será un triunfo ni del gobierno ni de la oposición: será un logro del sector ganadero que, con insistencia y lamentablemente en la oportunidad de una profunda crisis, logró que las autoridades escuchen una medida inteligente.

La comercialización por cortes permite al carnicero pedir aquellos cortes que en su zona se comercializan más sin tener que absorber también los demás. Esto es importante, ya que al trabajar con la media res los precios de los cortes caros y los baratos tienden a compensarse en cada comercio, ya que es la única forma que el vendedor minorista tiene de obtener ganancias. El esquema así planteado es perverso: en los lugares pobres se pagan relativamente caros los cortes baratos mientras que en los lugares de mayor poder adquisitivo se pagan los cortes caros relativamente baratos, dando lugar a una especie de redistribución del ingreso perversa, de los que pobres a los ricos.

6) Eximir del Impuesto a la Renta Mínima Presunta a los lotes de producción ganadera de menos de 500 ha.

El Impuesto que tratamos en este punto es bastante cuestionable, tanto en su eficacia económica como en su legalidad. Sin entrar en esto, proponemos que se exima, al menos por el plazo de tres años hasta que se pueda replantear el esquema del impuesto, a los lotes de pequeños productores ganaderos que de menos de 500 hectáreas.

7) Disminución de Aportes al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPVC)

Hoy se pagan aportes al IPVC para que se promocione la carne argentina en el exterior, con el declarado objetivo de abrir mercados. Mientras tanto, las exportaciones se cerraron por capricho presidencial. El contrasentido es palmario. Los aportes a esta entidad funcionan casi como otro impuesto, y en la línea de desgravaciones impositivas que proponemos para el sector, también sostenemos que deben disminuirse los aportes al mismo. Por otro lado, debe cumplirse con el compromiso original de rotar a las autoridades del mismo, para evitar que se perpetúen en los cargos y se frustre así el objetivo con el cuál el IPCV fue creado.

Medidas de Corto Plazo Específicas sobre Cuota Hilton

En el corto plazo ya dijimos que debe reabrirse el mercado externo de carnes, y en ese marco cumplir los compromisos de Cuota Hilton. En las medidas de mediano plazo analizaremos el rumbo a tomar sobre este tema, pero en el corto plazo hay medidas que se deben tomar para transparentar la adjudicación, hacer realmente más democrática la distribución, favorecer a frigoríficos con mayores niveles de actividad por fuera de la Cuota y mejorar la competitividad externa del sector. Por ello proponemos:

• Vedar la adjudicación de Cuota a frigoríficos que no están en actividad, o que no lo estuvieron en 11 de los 12 meses previos a la adjudicación, o que pretenden volver a la actividad solamente en virtud de resultar adjudicatarios de Cuota.
• Imponer como requisito la regla del 3×1, de forma tal que para ser adjudicatario de un tn. de cupo cada planta deba haber exportado por fuera de los cortes Hilton 3 tn. de carne, a fin de fomentar las exportaciones y no centrar a la industria en torno a la distribución del tonelaje Hilton.
• Prohibición de transferencia entre empresas de los cupos tarifarios adjudicados y de antecedentes exportadores, para evitar maniobras que desvirtúan la distribución y alteran los principios de competencia y transparencia del mercado.
• Prohibición de que la producción de la cuota de las empresas adjudicatarias en terceras plantas.
• Exclusión de empresas en quiebra de la adjudicación: Toda empresa adjudicataria de Cuota Hilton que sea declarada en quiebra debe quedar excluida automáticamente de dicho cupo, el cual no le podrá ser devuelto ni por resolución del poder ejecutivo ni del poder judicial. El remanente de cuota que la firma no haya exportado debe redistribuirse de acuerdo a las disposiciones generales. Creemos importante estipular legalmente que no existirá ningún derecho de la empresa quebrada, ni de la masa de acreedores, ni de quienes continúen con la explotación de la planta sobre los cupos o antecedentes de la firma fallida. Debe estipularse taxativamente que en caso de quiebra la adjudicación de cuota no puede tomarse como un activo por parte de la fallida.
• Tomar en cuenta los antecedentes empresarios de seriedad, de solvencia, cumplimiento de obligaciones y cumplimiento de los envíos Hilton de los frigoríficos a la hora de adjudicar la Cuota. Esto implica que, mucho más allá de lo que son los “antecedentes de exportación” se tenga en cuenta toda la situación de cada firma que pretende acceder al Cupo. No es lo mismo una empresa que tiene deudas con el Estado a otra que no, así como no lo es aquella que tiene estabilidad financiera que aquella que no. En pocas palabras: el Estado debe tratar de forma diferente a los empresarios honestos y cumplidores de aquellos que no lo son. La adjudicación Hilton deber tener claros parámetros de premios y castigos según la seriedad y la solvencia con que las firmas han cumplido sus compromisos y con las adjudicaciones previas.
• Compartimos la propuesta del Poder Ejecutivo de ampliar el cupo para la distribución para Plantas Nuevas, para Grupos de Productores y para el criterio de Regionalidad. Ahora bien: queremos resaltar que compartimos lo anunciado por el Ejecutivo, pero denunciamos que en la práctica ese mismo poder se ha encargado de violar sus propias posturas y disposiciones, y los criterios que aquí estamos apoyando incluso fueron usados como puente para adjudicaciones de dudosa legitimidad, como ya hemos expuesto previamente.


Políticas y Medidas de Mediano Plazo

1) Creación del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación y profesionalización de sus estructuras.

Para tener políticas de Estado deben tenerse instituciones preparadas y con las capacidades tanto técnicas como políticas necesarias para afrontar tal desafío. Hoy la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación esta vaciada, carcomida por problemas internos y carente de conducción. Más allá del necesario relevo en la conducción de la misma, creemos que en sus niveles jerárquicos debe tenderse hacia una mayor profesionalidad de los cuadros técnicos, a través del establecimiento de un Sistema de Mérito en sus estructuras administrativas. Esto no es un ataque a la Secretaría, es un forma de fortalecer la misma, dotándola de los mejores Recursos Humanos, capaces a su vez de seguir las líneas de políticas que se les impartan desde una renovada conducción del organismo.

Pero por otro lado, amén de la imperiosa necesidad de cambiar la conducción, las políticas y las prácticas de la Secretaría, debe otorgársele otra entidad y darle un mayor nivel de visibilidad y de responsabilidad política. Necesitamos un Ministro de la Nación que se ocupe de la Planificación Estratégica de estos temas. Si se va a implementar un Plan Nacional para la Ganadería, como el que aquí proponemos, debe haber una instancia institucional relevante para sostenerlo y aplicarlo. Este Ministerio incorporaría a las actividades y estructuras de la Secretaría y otras dispersas, y contaría con las Secretarías de Ganadería, Agricultura, Pesca, Control Sanitario y Comercio Exterior.


2) Apoyo a productores – Líneas de Créditos Blandos

Más allá de anuncios coyunturales, deben instrumentarse de forma permanente líneas de créditos blandos para emprendimientos productivos ganaderos. Por ejemplo, es crucial el apoyo a la tenencia de hembras, a través de Créditos de Retención de Vientres , a fin de ir progresivamente aumentando el stock ganadero y la producción. En el mismo sentido deben facilitarse los créditos para incorporación de tecnología en la cadena productiva. Estos créditos también deben ser dirigidos a emprendimientos productivos innovadores, como las explotaciones mixtas, las haciendas que combinan agricultura y ganadería de cría y engorde, los avances en destete precoz, la agregación de valor alimentando a la hacienda con maíz y los feed-lots. Los bancos públicos del país han otorgado millones de pesos a frigoríficos insolventes que nunca devolverán ese dinero. Bien podrían usarse esos fondos para destinarlos a incrementar la cantidad y calidad de la hacienda y los niveles de faena.

Pero hay que tener en cuenta que el mero anuncio de líneas de crédito no soluciona el problema. El Gobierno lanzó 300M en Enero y se apresta ahora a relanzarlos; pero en el contexto de las desquiciadas medidas que está tomando nadie se endeudará por mas accesibles que sena las condiciones. Las líneas de crédito deben estar acompañadas por políticas estables y claras e instituciones previsibles que las sostengan.

3) Competencia Leal y controles estatales

Para que la libre competencia de mercado de frutos beneficiosos socialmente debe ser limpia, desconcentrada, lo más sencilla posible y transparente. Esto no pasa en todos los eslabones de la cadena de la carne ni todos sus actores se comportan correctamente.

La competencia desleal no se limita al contrabando: existe faena clandestina, frigoríficos “truchos” y otros actores de la cadena actúan por fuera de la legalidad. Debe dejar de mirarse para otro lado y ejercer los controles estatales necesarios para blanquear el rodeo, controlar la faena clandestina, las rutas y en lo posible tender a centralizar las operaciones en los mercados de referencia como el de Liniers. Asimismo, deben controlarse las diferentes instancias de la cadena y tender a mecanismos de comercialización que estructuralmente sean lo más simples posible, evitando niveles de intermediación que en algunos casos no son compatibles con la competencia libre ni con la protección tanto de los pequeños productores como del consumidor final de las maniobras de algunos actores con mayor poder de arbitraje.

4) Fortalecimiento, Profesionalización y Financiamiento para el SENASA

Sin un organismo sanitario fuerte no hay política de largo plazo viable para el sector. Lejos de esto, el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), el organismo de contralor técnico que está llamado a fiscalizar la sanidad de los animales y las plantas procesadoras de la cadena cárnica ha pasado en los últimos años por constantes crisis. Hoy, el SENASA está ausente.

Los problemas en el SENASA no son nuevos. El Ari los denunció en Junio de 2005, 8 meses antes que reaparezca la aftosa en corrientes en Febrero de 2006. Tener profesionales de alta capacitación con sueldos magros deja la puerta abierta a la corrupción y la discrecionalidad. El financiamiento del SENASA se basa primordialmente en las tasas pagadas por los privados, sin contar con aportes del Tesoro Nacional, lo que muestra que el Estado lo deja prácticamente librado a su suerte. Pero no son sólo sospechas de corrupción: es un secreto a voces que el SENASA prácticamente no controlaría a las plantas del interior y que las inspecciones ya se vuelven más laxas a pocos kilómetros de la Capital Federal. Así, un cóctel de salarios y bajo presupuesto, posibilidades de corrupción y liviandad en los controles nos llevan a tener un organismo que pierde calidad en su rol y ve sumamente desvirtuado el mismo; perdiéndose así calidad – y en muchos casos también sanidad – de la producción argentina de carne.

Proponemos, en primer lugar, el fortalecimiento financiero del SENASA con fondos del presupuesto nacional acordes a las necesidades operativas del mismo. Asimismo, sostenemos que la conducción del SENASA debe ser elegida por concurso y sus cuadros técnicos cubiertos por la estricta aplicación del sistema de mérito, de forma tal de construir un organismo ajeno a los vaivenes políticos y que tenga una alta capacidad y compromiso con el desarrollo de sus tareas, y que cuente con el personal y los recursos necesarios para llevarlas a cabo.

5) La Necesidad de un Mercado Concentrador – Traslado del Mercado de Liniers en Julio de 2007 a San Vicente

Hoy el Gobierno Nacional ataca al Mercado de Liniers y a los consignatarios de hacienda casi como un apriete, pero la verdad es que el ataque al Mercado no soluciona ninguno de los problemas por los que pasa la cadena de carnes hoy en día. El Mercado de Liniers es un “espejo” de la situación de los negocios agropecuarios. Agrupa 35.000 clientes, y por el pasa el 90% de la Hacienda de las Provincias de Buenos Aires y La Pampa. En un negocio donde la venta ilegal, el tráfico transfronterizo, la subfacturación y la faena clandestina son males comunes, la desaparición de Liniers no haría más que aumentar los niveles de ilegalidad del Sector. Esto no es defender a los consignatarios, sino que es una realidad de la estructura del negocio. Lo ideal para fomentar la transparencia es establecer incentivos para que la mayor cantidad de productores y consignatarios hagan sus negocios a través de los mercados concentradores –de Buenos Aires o los del interior-, de forma de asegurar transparencia comercial, competencia y el pago de los impuestos correspondientes. Proponemos si que se instalen en el mercado de referencia las autoridades de Defensa de la Competencia, como la hacen las de Agricultura y Ganadería, para despejar todo tipo de dudas.

Liniers da, a través de la oferta y demanda que se obtiene de los remates públicos, un precio de referencia para toda la cadena. El precio de referencia es crucial: tenerlo es un reaseguro para pequeños productores sin capacidad de negociación que su producto no será pagado a valores menores que los de mercado por aquellos actores de la cadena con más poder de negociación. Sin precio de referencia los productores están indefensos.

Si se hubiera aceptara la propuesta del Gobierno de “sacar a los empujones” al Mercado de Liniers de la Capital, los frigoríficos verían su poder de negociación incrementado ante productores y consignatarios. Por otra parte, a los pequeños productores que muchas veces entre varios comparten el envío de jaulas a Buenos Aires poniendo unos pocos animales cada uno, quedarían con el acceso vedado a los grandes centros urbanos. Solo podrían haber comerciar aquellos ganaderos que por su escala de producción tengan una mejor posición relativa de negociación. Hoy el cierre de Liniers inmediato y sin un traslado ordenado perjudica más a los más pequeños, no sirve para bajar el precio de la carne y lo único que va a apuntalar es el mercado en negro. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires ha votado el el plazo por nosotros propuesto, con condición de cumplimiento de obras, evitando así un perjudicial traslado desordenado.

6) Mayor control de las firmas frigoríficas

El Estado no puede permitir que una firma que desaparece vuelva “reconvertida” bajo el velo de una nueva sociedad, cuando quizás sus propietarios son los mismos y han dejado en el mercado deudas con otros actores e incluso con el sector público. Desde el Gobierno pueden tomarse medidas para evitar este tipo de situaciones, como las citadas de exigir determinada solvencia para adjudicar cupos –o incluso para habilitar plantas- o quitar la licencia a aquellas plantas que incumplen las condiciones de sanidad de sus exportaciones; tendientes a evitar que frigoríficos “fantasmas” se multipliquen y sigan haciendo daño a la industria de la carne.

Políticas Estratégicas de Largo Plazo

1) Baja de impuestos al Consumo + Retenciones Cero

Estas medidas las hemos enunciado como de corto plazo, ya que deben ser tomadas en lo inmediato. Ahora bien, queremos que se nos entienda: este haz de propuestas, en donde se reabren los mercados externos con retenciones cero y se eliminan los impuestos internos al consumo de carnes, implica un completo nuevo paradigma para el sector ganadero. Es una verdadera política productiva, de incentivo a la producción, a la exportación y al consumo interno a precios razonables. Estas medidas deben tomarse ya, pero tienen efectos profundos y duraderos: dan una clara señal acerca de hacia donde va el negocio y de la prioridad que el Estado le da al desarrollo de la oferta y la producción. Esto es en verdad un modelo productivo, y no como el del Gobierno de Kirchner, que cierra las exportaciones, subsidia operarios frigoríficos que pierden su trabajo y cobra 10.5% de IVA a todos los consumidores que consumen carne.

2) Estabilidad en las Reglas de Juego

Ningún modelo productivo puede sostenerse en la esquizofrenia de medidas en que se desenvuelve el actual gobierno. Los impuestos, amén de justos, deben mantenerse en el tiempo: no puede cambiarse el esquema tributario cada dos años, no hay proyecto de inversión alguno viable en tal contexto. La estabilidad y previsibilidad de las normas impositivas y de comercio exterior es así tanto un aliciente poderoso para la inversión como un freno a la discrecionalidad del poder ejecutivo, discrecionalidad que en los temas aquí tratados hemos visto reaparecer una y otra vez.

3) Subsidios Especiales para productores de zonas marginales que incorporen mejoras y diversifiquen la producción

La política de subsidios no debe ser de una liberalidad que de lugar a abusos y groseras fallas de mercado, pero hay ciertos objetivos de un Plan Productivo Ganadero que para ser alcanzados deben contar con incentivos adecuados. En particular, deben otorgarse subsidios por cabeza de hacienda comerciada –siempre según las particularidades del caso- a los productores de zonas marginales (Patagonia, La Rioja y Catamarca), a los productores que aumenten en más del 10% sus cabezas de porcinos y caprinos, a los productores de retengan hembras, a los productores que incorporen técnicas de engorde y vayan logrando incrementos sostenido en el peso de sus animales, a los productores que inviertan en aguadas, corrales, pasturas, forraje y fertilización, y a los que utilicen intensivamente el maíz como forma de agregar valor a la producción de proteína animal.

4) Desgravación del Impuesto a las Ganancias para la hacienda que se negocie en el mercado interno a un peso de faena superior a los 310 kgs.

Dijimos que el aumento del peso de faena es un objetivo deseable. Por ello, en lugar de imponer una prohibición, proponemos un incentivo fiscal para aquellos que logren superar la barrera de los 310 kgs., lo cual no es más que premiar a los productores que consigan aumentos de productividad. Con esta propuesta se puede entender mejor nuestra anterior afirmación en contra de las actuales restricciones de faena de animales livianos: sostenemos el objetivo de aumentar el peso, pero creemos que no es la oportunidad indicado ni el modo. Debe hacerse a mediano plazo, y no de inmediato; y a través de mecanismos de incentivos y no de regulaciones ajenas al natural desenvolvimiento del proceso productivo.

5) La Tierra para los productores argentinos

Propiciamos una política de tierras para los productores argentinos: en consonancia con lo propuesto por el Frente Agropecuario Nacional, debe reivindicarse históricamente a los cientos de miles de productores agropecuarios e integrantes de comunidades del interior descendientes de primera, segunda y tercera ocupación. En concreto debe tenderse a suspender todas las acciones de desalojo contra pobladores individuales, familias de productores y comunidades ocupantes legítimos de tierras.

6) Negociación Externa

Debe tenerse una política comercial externa coherente: si pedimos que nos abran los mercados del mundo, debemos tener nuestras exportaciones con retenciones cero y ser un proveedor confiable. Nada de esto ha hecho el Gobierno de Kirchner. Además de recuperar los importantes mercados ruso y chileno, perdidos con las últimas medidas, deben retomarse las negociaciones para la apertura del mercado americano. Por su parte, con Europa debe avanzarse hacia un acuerdo en donde la Cuota Hilton no sea el paradigma: proponemos un esquema de comercio lo más libre posible, en donde el gobierno no intervenga para decidir quienes exportan. El mal de la Vaca Loca (BSE) y los bajos niveles de producción cárnica de Estados Unidos y la UE hacen que estas posibilidades no sean una quimera. Pero para aprovechar esta coyuntura hay que tener políticas claras y seriedad.

Análisis de Situación y Coyuntura del Sector Ganadero

Sería erróneo y mentiroso decir que la totalidad de los problemas por los cuales pasa el sector ganadero argentino son responsabilidad del actual gobierno. La ganadería argentina arrastra décadas de problemas estructurales irresueltos y malas políticas por parte de diversos gobiernos. En un resumen más que apretado, podemos decir que desde los años sesenta el stock ganadero, con ciertos vaivenes menores, se mantiene estancado, al igual que los niveles de producción. En los años 90, bajo la convertibilidad, el sector no era competitivo, y mientras la agricultura –en especial las explotaciones cerealeras- se expandió en cuanto a tierras abarcadas y niveles de producción, la ganadería no logró avances en sus volúmenes de producto y se fue viendo empujada de las tierras más productivas hacia zonas marginales. Esta combinación de factores llevó a que las inversiones del período fueran bajas, aún cuando la tecnología y las mejoras genéticas estaban disponibles en el país.

Este escenario cambió con la devaluación de 2002. En el escenario post-crisis la ganadería se volvió competitiva, aún con retenciones del 5%. A esto debe sumarse la superación de la crisis de aftosa de 2001 y la creciente demanda externa. Con un consumo interno deprimido por la crisis –recordemos que más del 50% de la población se encontraba baja lo línea de pobreza- la ganadería vivió un verdadero repunte exportador.

Ahora bien, hemos relatado de manera más que escueta cual era el panorama hacia el año 2003. El sector venía con problemas, pero a su vez estaba ante una oportunidad coyuntural importante. Así como decimos que no todos los problemas son responsabilidad de la Gestión Kirchner, sí decimos que la actual coyuntura de crisis de precios y reaparición de la aftosa se debe a un la ausencia de un plan ganadero por parte del gobierno, y a un cúmulo de acciones equivocadas y de irregularidades en el manejo de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos y del SENASA. Kirchner no es culpable de los problemas de arrastre que tiene la ganadería, pero es responsable por no tener un plan de desarrollo para el sector y por aplicar políticas erradas, que empujan a la industria ganadera a la baja de sus niveles de producción y engendran pobreza y más problemas hacia el futuro.

• Los primeros pasos del Presidente Kirchner y el Secretario Campos.

Cuando la ganadería volvió a ser negocio, desde el Ejecutivo Nacional se tomaron dos decisiones cruciales: una política fiscalista y anti-productiva a través de las retenciones, por un lado; y la negociación directa con los grandes frigoríficos que concentran el mercado para el reparto de cuotas de exportación, por otro. Por su parte, las pequeñas firmas y los pequeños productores fueron dejados de lado, soportando el peso de las retenciones y siendo excluidos de los mercados de mayor poder adquisitivo. Esta política tenía un solo fin: obtener recursos -algunos impositivos y otros de origen más dudoso- para el Gobierno Nacional. No había interés la producción, no hubo medidas de fomento, ni hubo perspectivas de mediano plazo sobre la evolución de los precios internos. El Gobierno sólo se dedicó a recaudar dinero.

En el año 2004 el reparto de cuotas entre grandes frigoríficos se hace insostenible al estallar el negocio de la Cuota Hilton, enrevesado con una maraña judicial, y la situación se le va de las manos al Gobierno Nacional. Se desata entonces la guerra por la distribución de esa cuota y la primera confrontación abierta del Gobierno con algunos sectores de la industria de la carne. Así, en primera instancia, la pelea se focaliza con los grandes frigoríficos, mientras los ejes de gestión se siguen limitando a mantener las retenciones sin ninguna otra política de fomento o medidas preventivas ante aumentos de precios futuros. Aún más, SAGYPA entra en un estado de parálisis, por las constantes confrontaciones y rencillas internas entre Campos y su segundo, el kirchnerista Javier de Urquiza. El SENASA también esta casi inmobilizado, por sus problemas estructurales a los que se sumaron conflictos políticos internos y gremiales. En pocas palabras: este cuadro muestra que, desde el año 2003 hasta fines del 2005, con respecto a ganadería, el gobierno solo se preocupó por recaudar, y no resolvió ni uno solo de los problemas del sector. La crisis era inevitable, y el gobierno no escuchó ninguna de las voces que advertimos esto.

Por esta manera del actuar del gobierno, la situación hoy, cuando nos acercamos a los 3 años de gestión de Kirchner –recordemos que 3 años es el tiempo que demanda el ciclo de producción ganadero- es crítica. Tenemos aftosa en el país. Los precios al mostrador, aun con la aparición de este virus, siguen en alza. Hisóricamente el valor mostrador en góndolas o carnicerías del kilo de carne equivalía a entre 2 y 3 veces el del kilo vivo de novillo en pie en el Mercado de Hacienda de Liniers. Hoy esa proporción es de casi 4 veces. (alrededor de 2,5% el kilo vivo contra un promedio cercano a 9$ en precios al público de diferentes cortes). En Julio de 2003 el precio minorista promedio del kilo de carne era de $6,5. Hoy ronda los 9$. Esto implica un aumento de los precios al mostrador en lo que va de la Gestión Kirchner en torno al 40%. La producción, por su parte, sigue estancada. En Noviembre de 2005, comparado con el mismo mes del año anterior, la faena se redujo un 3%, mientras que los precios aumentaron un 25%.

Las Denuncias y Advertencias del Ari sobre la crisis ganadera y el riesgo de suba de precios de la carne.

En Junio de 2005 -7 meses antes que estalle la actual “Guerra de la Carne” –Elisa Carrió y los Diputados Nacionales del Ari Adrián Pérez (Prov. Bs. As), Susana García (Sta. Fe) y Fabiana Ríos (T.del Fuego), afirmaron en conferencia de prensa su preocupación por la situación del sector ganadero, el cual pasaba por una crisis latente en lo que se refería a sus niveles de oferta (www.institutoarendt.com/cuota_hilton.doc). El Ari advirtió que el sector ganadero enfrentaba una coyuntura crucial para su futuro, ya que la demanda doméstica y la internacional aumentaban –esta última potenciada por la aparición de aftosa en Brasil, por el mal de la Vaca Loca y por un aumento general de la demanda de mercados emergentes, especialemente el asiático -, pero su producción total estaba estancada. Esta afirmación es compartida por la totalidad de la cadena productiva, periodistas, analistas y dirigentes vinculados al sector , y se sostiene con los datos. El total del stock ganadero en la década del 60 rondaba los 60 millones de cabezas anuales. En los años 90 el stock de hacienda estaba en el margen de los 52 a 54 millones de cabezas, pero los últimos datos anuales muestran que el stock, cuando menos, esta estancado. Hoy en día estamos en el margen de los 50 millones por año.

También a mitad del 2005 afirmamos que la situación era a todas luces deficitaria e insostenible en el tiempo. Estábamos ante una coyuntura en donde la creciente demanda de carne –tanto interna como externa – se conjugan con una situación de escasez de hacienda, lo cual refleja el problema estructural del sector ganadero. Tal advertencia fue hecha con dos preocupaciones: por un lado la poca oferta podía afectar el rendimiento exportador del sector, desaprovechando una coyuntura internacional altamente favorable para el país; pero por otro lado también se puso el foco en el mercado interno: si no se tomaban las medidas necesarias –se advirtió- el precio de la carne para el consumo de los argentinos iba a aumentar. Lamentablemente, esas medidas no se tomaron, el gobierno optó por otras medidas -y en ciertos aspectos directamente no tomó ninguna- y hoy los pronósticos se están cumpliendo de la peor manera, afectando el bolsillo del consumidor argentino. El precio de la carne no para de subir.

De más está decir que esta falta de oferta ganadera tiene un correlato directo en el mercado interno y un impacto brutal en los consumidores argentinos: si hay bajos niveles de hacienda el precio de la carne inevitablemente subirá como viene ocurriendo en los últimos meses, por más acuerdos y medidas paliativas de coyuntura que el Gobierno tome cuando el tema llega a la tapa de los diarios. Afirmamos hace 6 meses, cuando el Gobierno miraba para otro lado, como afirmamos también ahora que buscar una salida a la cuestión del stock y la oferta ganadera no sólo favorece las exportaciones y al sector ganadero argentino: también es la mejor manera de evitar la suba de precio de la carne y mantener el poder adquisitivo del salario de la población argentina. En esto, el Gobierno de Kirchner ha fallado. Desde la oposición habíamos advertido este riesgo no para atacar al gobierno, sino para lograr que se tomen medidas para que dichos riesgos no se vuelvan una realidad. El Gobierno hizo oídos sordos a lo que dijimos y el aumento del precio de la carne llegó.

La falta de un Plan Ganadero del Gobierno Nacional. Ausencia de un proyecto a futuro.

Por otro lado debe entenderse que en el plano del comercio internacional de carnes estamos en un mercado en pleno crecimiento, con unas perspectivas enormes para la Argentina, casi inigualables en la comparación histórica. Pero hasta ahora Argentina no ha aprovechado completamente los vientos favorables del mercado mundial. Van tomando así preeminencia Brasil –con una calidad menor que carnes que la Argentina-, Uruguay –que exporta casi tanto como nuestro país- y Australia, países que le han dado a su industria agro exportadora una política de Estado de largo plazo y copan los mercados internacionales sobre la base del constante aumento de producción, una agresiva política comercial y buenos precios.

El Gobierno Nacional de Néstor Kirchner carece por completo de una Política Ganadera. La SAGYPA, desde que Miguel Campos está a cargo, ha demostrado una inoperancia supina, con una trayectoria que fue de conflicto en conflicto pero no encontró solución para ninguno de todos ellos. En lo que a la ganadería respecta esta falencia se patentiza de la forma más brutal: Argentina, a diferencia de los países que intervienen activamente en el mercado mundial de carnes, no ha tenido una política sectorial articulada a largo plazo. Desde el inicio de la gestión de Kirchner y desde que Miguel Campos asumió en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos se viene hablando de la “inminencia” del anuncio de un Plan Ganadero de su autoría. La realidad hoy es que el Gobierno Nacional carece de dicho Plan para la Industria de la Carne. El 27 de Octubre de 2004 el Secretario de Agricultura Miguel Campos afirmó: “Debe destacarse que la política de ganados y carnes no se limita a las 17.200 toneladas que la Secretaría ha distribuido de la Cuota Hilton. La verdadera política ganadera se encuentra enmarcada dentro del Plan Ganadero Nacional, a punto de ser anunciado” . Ya pasó casi un año y medio desde esas declaraciones, y ese plan no ha sido presentado. La falta de un Plan Ganadero y una política nacional que planifique estratégicamente el destino de la cadena agroindustrial ligada al sector carnes limita las perspectivas para todo el sector y hace desaprovechar la actual coyuntura favorable. Esto es responsabilidad directa del Poder Ejecutivo Nacional, responsabilidad que no esta tomando hoy en día. La crisis de precios de carnes por la que atravesamos halla parte de sus más profundos fundamentos en la inacción e incapacidad del Gobierno Nacional en articular una política para el sector.

Perspectivas del Sector Ganadero

El campo ganadero argentino no ha tenido fomento público de ningún tipo en los últimos años. Ya hemos hablado de la necesidad de aumentar la producción para abastecer al mercado interno y a la demanda externa: esto no se puede hacer sin un Plan Ganadero Nacional -que abarque toda la cadena de producción, distribución y comercialización y evalué los impuestos y beneficios dirigidos al sector- pensado al menos de aquí a tres años, que es el tiempo mínimo del ciclo de producción ganadera.

Lejos de esto, el gobierno ha aumentado las retenciones -en Uruguay la exportación de carne se subsidia- y busca colocar precios tope a través de la mera firma de acuerdos en escritorios que poca relación tienen con la cadena productiva y la demanda nacional. Así el gobierno, lejos de tomar medidas tendientes a solucionar el problema de fondo que desata la guerra de precios por la carne no hace más que desestimular la producción, y empujar a los productores que se vuelquen o bien hacia la soja…… o bien hacia el Uruguay . En vez de buscar soluciones se aumentan impuestos distorsivos y nocivos para la producción y proliferan las limitaciones al comercio. Continuar en esta senda no es más que perder una coyuntura histórica: de las acciones que se tomen en los próximos años depende que la Argentina ocupe su lugar entre los 3 principales productores de un mercado mundial de carnes que crece en volumen y precios, o bien que la industria termine postrada y sin agregar ni valor, divisas ni empleo a la economía nacional.

Fundamentación Política:

La defensa progresista del campo argentino, los productores agropecuarios y la cadena agroindustrial


El Presidente Kirchner disparó: “No quiero una patria ganadera. No compren carne.” Toda la artillería de presión política y comunicación ha virado contra el campo. El gobierno eligió su enemigo y alista tropas: a quién se enrole en el bando presidencial se promete el bronce y la gloria de defender los intereses del pueblo trabajador. Para todo aquel que opte por disentir y oponerse auguran el destierro junto a la “oligarquía ganadera” y un lugar en el panteón de traidores a la patria.

En la retórica, el Presidente ataca a la “oligarquía ganadera” y de este modo busca tapar con un discurso agresivo su desinterés e incapacidad para articular una Plan Ganadero. En nombre de una pretendida defensa de los intereses del “pueblo” frente a esta oligarquía, el gobierno de Kirchner no hace más que engendrar un futuro con menos producción, menos exportaciones y mayores precios para la carne en el mercado doméstico. Ya hoy hay miles de operarios de frigoríficos sin trabajo, por culpa de la imprevisión y las malas medidas tomadas por el Gobierno Nacional. Este es el “modelo productivo” del Presidente Kirchner para la ganadería: exportaciones cerradas, retenciones del 15%, manejo discrecional de cupos de exportación, debilidad de controles aduaneros y sanitarios e inexistencia de medidas de fomento a la producción. Así, la ganadería argentina está condenada a la postración y a transitar por un camino de atraso. Urge modificar este panorama.

Desde el Ari venimos diciendo desde hace dos años que el problema ganadero halla su origen en la falta de oferta de hacienda, y que hay que tener políticas activas de fomento para aumentar la producción. Antes que estallara la guerra de la carne pedimos la eliminación de las retenciones; y nos venimos oponiendo sistemáticamente a las insólitas y equivocadas medidas del gobierno para bajar los precios -aumento de retenciones, peso mínimo de faena, registro de exportaciones y prohibición total de comercialización al exterior-. No nos oponemos por capricho: estas medidas no lograron bajar el precio de la carne, mientras que aniquilaron toda perspectiva de futuro para el productor ganadero. Con ellas, el Gobierno puso más leña en el fuego que él mismo ha encendido.

Digamos las cosas como son: el gobierno tapa con la ofensiva contra una supuesta “oligarquía ganadera” sus severísimas fallas de gestión en lo que a política productiva ganadera se refiere, y utiliza como receptor de sus dardos al campo, culpándolo por su incapacidad de poner coto a la inflación. El Gobierno con su ataque no busca solucionar el problema: sólo pretende salvar sus ya inocultables responsabilidades. Kirchner, presentándose como paladín defensor de los intereses del pueblo, no hace más que lavarse las manos de la solución del problema de fondo, dividiendo así en el camino a la sociedad argentina, con una violencia y miopía política inusitadas.

El campo hierve. Están empezando las protestas en las ciudades del interior. Los más de 200.000 pequeños productores ganaderos no soportan más que se los tilde de traidores a la patria, cuando su único pecado fue poner en pie a una industria que tras la convertibilidad quedó postrada. Los productores del campo no son formadores de precios, y si hay un mercado que se asemeja bastante al de competencia libre –sin por esto negar que existe evasión fiscal que debe ser combatida- es el agro. Pero hay, el campo se ha puesto de pie contra un gobierno cuya única lógica es el poder y los ataques constantes. Somos pocos los dirigentes políticos que nos arriesgamos a defender los intereses del campo profundo y de los consumidores urbanos frente al ataque frontal del poder.

Defendemos al campo porque no creemos que un pequeño productor agropecuario sea un traidor a la patria. Defendemos la producción agropecuaria porque hay miles de peones rurales y trabajadores de frigoríficos que, si la industria crece y se crían más terneritos, tendrán mejores salarios y más compañeros de trabajo, codo a codo con ellos. Defendemos estas posturas porque no creemos que una familia que se sienta a la mesa del domingo a comer un asado este conspirando contra el gobierno. Defendemos al campo porque las ciudades del interior que tienen por eje de su vida económica la producción ganadera no merecen ser condenadas al atraso y la desaparición, aún cuando su peso en el padrón electoral no sea atractivo para los ministros y presidentes. Defendemos al campo, fundamentalmente, porque también es la forma de defender a las madres de escasos recursos que con un kilo de carne alimentan días a su familia. Ni los productores, ni los trabajadores del campo, ni las amas de casa están traicionando al país, por más que el Presidente nos diga que no hay comer carne.

Evitemos prejuicios sociales que ya no se condicen con la realidad. Nuestra propuesta es profundamente progresista. Defendemos un verdadero modelo productivo. Defendemos a los pequeños productores que incorporen mejoras y generan trabajo. Defendemos una industria frigorífica limpia y desconcentrada. Pugnamos por un modelo impositivo que no castigue al consumo de alimentos y así a los sectores de menos recursos.

De la guerra de la carne no se sale ni con injurias ni con ataques; se sale con seriedad, propuestas, y una profunda humildad para aceptar las diferencias y reconocer los errores. El Gobierno está a tiempo de cambiar su postura y desandar el camino sin retorno en que entró. En tal sentido van nuestros aportes, y en tal sentido el ARI presenta para ser discutido este documento

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