LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

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ARI DIPUTADO NACIONAL CARLOS RAIMUNDI

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en julio 8, 2006

Palabras de Carlos Raimundi con motivo del lanzamiento del Observatorio sobre la cuestión Malvinas en el seno del Parlamento Nacional.

Muchas gracias a las autoridades y muchas gracias a los presentes.

En primer lugar, resaltar la importancia estratégica del tema.

A veces sucede que adherimos a una causa sólo afectivamente. Es el caso de la integración latinoamericana, por tomar un ejemplo: por ideología, por afecto, por memoria histórica sostenemos la unión latinoamericana como continuidad del sueño bolivariano, y eso está muy bien; pero es incompleto, porque se consolidaría mucho la idea si la abrazáramos, además, como producto de un profundo análisis político sobre la importancia de la integración latinoamericana para nuestro desempeño en el mundo actual y de los próximos tiempos.

Con Malvinas sucede algo parecido. “Las Malvinas son argentinas” es algo que internalizamos desde la escuela primaria y que está muy incorporado a nuestros sentimientos, pero Malvinas tiene, además, una extraordinaria importancia estratégica. Los británicos lo saben muy bien. Por eso a veces cuando en ciertas oportunidades las autoridades británicas nos dicen a los argentinos: “para nosotros mantener las islas es un problema; no somos nosotros los británicos el obstáculo, sino los isleños, sus habitantes; hablen con los isleños”. Eso no es cierto.

El Reino Unido, responsable de la conquista y colonización de casi medio planeta sabe muy bien de la importancia estratégica de las islas: su situación en términos geopolíticos, su condición de escala de vuelos transpolares y de paso hacia la Antártica, así como la importancia científica de ésta; el control de recursos estratégicos como el agua potable, las reservas de alimentos orgánicos acumulados en las plataformas submarinas, la pesca y el petróleo. Por lo tanto la reinvidicación de soberanía no solamente tiene una importancia afectiva de defensa de nuestro territorio, una historia de reclamos, la memoria por lo hecho por muchos pro-hombres argentinos y la memoria de los caídos en la batalla, sino que alberga una enorme importancia estratégica para nuestro futuro.

Nuestro reclamo tiene además absoluta legitimidad. Tiene legitimidad histórica y legitimidad política respaldada por votaciones históricas en la Asamblea de Naciones Unidas y en el Comité de Descolonización. La señora vicepresidenta de la Cámara de Diputados acaba de recordar la Resolución 2065 de Naciones Unidas que fue pionera, y yo podría agregar su continuidad en la Resolución 3160 del año 73. En ambas ocasiones no hubo votos en contra de la Argentina. En la primera de ellas Argentina obtuvo 94 votos a favor; en la segunda 116 votos a favor, y en ambos casos existieron 14 abstenciones. Es decir, no cabe ninguna duda de la legitimidad, del respaldo político a nuestro reclamo. La pregunta es cómo convertir en operativa esa legitimidad. Y es aquí donde nos encontramos con un problema, un desbalance no en cuanto a la legitimidad sino con un desbalance de poder. Porque de los 14 estados que se abstuvieron figura, obviamente, el Reino Unido, los Estados Unidos, Alemania, Francia y Canadá. Es decir, de esos 14 votos, 5 pertenecen a países del G-7, el grupo de países más desarrollados y poderosos del mundo. Por lo tanto, la operatividad, la ejecución, la puesta en práctica de nuestra legitimidad tiene que ver con una disputa de poder, tiene que ver con la construcción de poder.

Otro actor importante lo constituyen los habitantes de las islas. Está claro que no son parte activa del conflicto. Por tratarse de un conflicto entre dos estados, las partes en el conflicto son Argentina y el Reino Unido. Ahora bien, que los isleños no sean parte del conflicto no significa que no debamos tener una política hacia ellos. Una política seria, no de seducción näive como en algunos tramos de los 90, pero sí una política en lo cultural, en lo educativo, en lo social, de tal manera que se referencien en el continente y que necesiten mucho más de nosotros de lo que ha ocurrido hasta hoy. Que nos prefieran por encima de preferir opciones que le pueda brindar el propio Reino Unido a tantos miles de kilómetros de distancia.

Otro actor fundamental lo constituyen los ex-combatientes. Es un lugar común decir que los argentinos tenemos una deuda con los ex-combatientes de Malvinas. Es una frase tan trillada que me da vergüenza decirla. La cuestión es cómo saldamos esa deuda. Y esa deuda no se salda únicamente con una reinvindicación material, no alcanza con elevar el monto de una pensión. Esa deuda se salda conquistando soberanía, pero la soberanía no es un concepto escindible, desmontable.

No es casual nuestro olvido de los ex-combatientes, olvido que tiene que ver con nuestra falta de decisión para remover lo peor de nuestro pasado. El día que podamos mirarnos en el espejo de nuestra historia, la que nosotros supimos construir, reconocernos en ella, actuar con sentido de verdad, de justicia, de reparación, recién allí vamos a poder saldar juntos esa deuda, construyendo una Argentina democrática y soberana, no solamente para los ex-combatientes sino para sus hijos.

Tenemos que saber definitivamente que nunca vamos a conquistar soberanía territorial si no es bajo un proceso de conquista cotidiana de decisiones soberanas. Esto es, soberanía sobre nuestras decisiones económicas, soberanía tecnológica, soberanía sobre nuestros recursos naturales; un proceso de construcción de un sujeto soberano capaz —no solamente de acompañar, no solamente de delegar responsabilidades a través del voto— sino de decidir sobre su propia vida.

El otro actor es la región, porque Malvinas es uno de los temas que corresponde a un país, pero que debe ser tratado desde una mirada regional, por la importancia que revisten para el interés regional. Me refiero a la región y a una política de integración y desarrollo regional en el sentido de la construcción de poder que señalaba al principio.

No se trata de acumular declaraciones presidenciales, no se trata de retórica políticamente correcta, se trata de una mayor presencia en el comercio internacional, de ser países confiables en las decisiones que tomemos tanto en el campo político como en el económico, de nuestra capacidad intelectual para incorporar temas y visión sobre temas en la agenda internacional.

En fin, abordar la cuestión de Malvinas es todo un desafío a nuestra inteligencia.

Para afrontarlo exitosamente tenemos que superar la visión de qué hacer con Malvinas en el plano de las políticas gubernamentales —es decir, qué estrategia darse para que sirva para reelegir—. Si caemos a ese bajísimo nivel estamos perdidos, sería extenderle a la política sobre Malvinas y a este Observatorio un certificado de fracaso.

Como estoy dispuesto a confiar en el compromiso que asumió personal y públicamente el presidente de este Observatorio y de la Comisión de Relaciones Exteriores, el diputado Jorge Argüello, en el sentido de darle al mismo carácter de política de Estado, es que estoy aquí presente y apuesto al éxito de este Observatorio.

Nada más, muchas gracias.

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