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ARI CARLOS RAIMUNDI DIPUTADO NACIONAL Y PRESIDENTE DEL ARI BS AS

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en julio 11, 2006

La autocrítica: Insólita actitud para elogiar en la política argentina

El diputado de Afirmación para una Republica Igualitaria (ARI), Carlos Raimundi, expresó su rechazo al proyecto que impulsa el oficialismo para otorgarle al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, “superpoderes” y compara este escenario con el que le otorgara facultades de esta índole al ex ministro de Economía, Domingo Cavallo.

En ocasión de tratarse una vez más la delegación de facultades en el Jefe de Gabinete para manejar discrecionalmente el presupuesto de la Nación, deseo expresar respetuosamente que mi rechazo a tal medida se inscribe en mi severa autocrítica por el voto que emití en 2001 a favor del entonces ministro Cavallo. Juntamente con el apoyo al proyecto laboral de aquel gobierno, constituyen dos errores serios de los cuales hace mucho tiempo me he arrepentido íntima y públicamente, aprovechando esta oportunidad para hacerlo más público aún y ratificar mi voluntad reparadora de aquella votación.

El ARI ha hecho desde un comienzo, como corresponde, un culto de la coherencia en las votaciones parlamentarias. De aquí mi gratitud a sus autoridades por haberme albergado en este bloque a principios de 2002, aún a pesar de lo mencionado. Muchos ciudadanos, así como los dirigentes y compañeros del ARI –y mi propia conciencia- sabemos de aquella profunda equivocación, pero también de la honestidad intelectual que guió mi pronunciamiento. Ni por un instante actué inducido por la popularidad de que gozaba Cavallo, ni por un cambio en mi pensamiento sobre el modelo de país ni sobre los valores que inspiraron históricamente mis pronunciamientos, ni por el oportunismo de plantear una cosa desde la oposición y hacer lo contrario una vez en el gobierno. Se trató de una lectura incorrecta de la realidad política de aquellos días, especialmente reprochable en una persona que había intentado ser consecuente a lo largo de su vida política y que llevaba ya muchos años de militancia.

A diferencia del proceso de concentración hegemónica de poder que vivimos en nuestros días, el gobierno de ese momento atravesaba una profunda crisis de autoridad, agravada por el efímero paso como ministro de economía de Ricardo López Murphy y su propuesta de recortar la inversión educativa.
La apelación a Cavallo se justificaba por entonces con un carácter extremo, al suplir aquel ajuste social por un impuesto a las transferencias bancarias, e incorporaba algunos acuerdos sectoriales así como la promesa de establecer un impuesto a los activos financieros. Pero lo que subyacía era una salida de la convertibilidad con características menos traumáticas de lo que finalmente sucedió. Mi propósito era intentar re-encauzar lo que íntimamente sabía que estaba perdido. Guiado por ese objetivo es que realicé una lectura tan errónea de la realidad. Al cabo de varios días y noches en el seno del bloque del por entonces FREPASO (compañeros que luego integraron el ARI no me dejarían mentir), se moderaron los aspectos más reaccionarios del proyecto, pero en lo concreto, las facultades otorgadas a Cavallo terminaron en el megacanje, el déficit cero y la corrida financiera.

A diferencia de lo que Lilita Carrió había denunciado desde un primer momento y después del esfuerzo que había llevado terminar con una década de poder menemista, yo me negaba a admitir que aquel gobierno estaba entregado a partir del momento mismo de su asunción. Al haber mantenido a Julio Nazareno en la presidencia de la Corte Suprema, a Rodolfo Barra al frente de la Auditoría General, a Carlos Silvani al frente de la AFIP y a Pedro Pou al frente del Banco Central, se trataba de un gobierno que mostraba una imagen –y algunos apellidos- de cambio, pero que en lo más profundo había pactado la continuidad con el menemismo. Lilita tuvo razón.

Hasta aquí el plano de aquella coyuntura política. Pero la reflexión debe centrarse en algo más profundo, y es la defensa a ultranza de la República, la Constitución y la ley contra todo hegemonismo y a pesar de toda coyuntura. De aquel error es que surge, precisamente, el énfasis de estas palabras.
Pagó muy caro el FREPASO y pagué muy caro personalmente en términos de coherencia aquellas votaciones. Luego, la consecuencia de mi testimonio de muchos años de militancia, mi arrepentimiento público y la honestidad intelectual con la que me impongo reconocer mis errores, me permitieron ir recuperando la confianza de mis compañeros de siempre, y encontrar un espacio en este partido que no está abocado a una mera contienda electoral, sino a la construcción de una Argentina fundada sobre valores y conductas diferentes.

Atentamente,

Carlos Raimundi.

(*) Diputado nacional Carlos Raimundi, ARi-Buenos Aires

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