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100 años del nacimiento del poeta Cátulo Castillo

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en agosto 6, 2006


Cátulo CastilloUn día como hoy, en 1906, nació en la Ciudad de Buenos Aires el poeta argentino Cátulo Castillo, autor, entre otros, de los tangos «Tinta Roja» (1941), «Café de los Angelitos», «La última curda» (1956), «Caserón de Tejas», «María» y «La Calesita». Su nombre completo era Ovidio Catulo González Castillo y murió el 19 de octubre de 1975 en su ciudad natal.

Un poco de recuerdo y sinsabor / gotea tu rezongo lerdo / marea tu licor y arrea / la tropilla de la zurda / al volcar la última curda. / Cerráme el ventanal que arrastra el sol / su lento caracol de sueños; / no ves que vengo de un país / que está de olvido y siempre gris / tras el alcohol” rezonga, por supuesto, el desgarro de La última curda que, con música de Troilo, escribió Cátulo Castillo. En esas dos estrofas se resumen todas las obsesiones de este poeta. Las palabras «último» y «final», de hecho, aparecen prácticamente en todos sus tangos, como también la idea de que las nostalgias suelen buscar y encontrar un buen refugio en el alcohol.
átulo Castillo recorrió con sus letras los temas que siempre obsesionaron al tango: la dolorosa nostalgia por lo perdido, los sufrimientos del amor y la degradación de la vida.
El compromiso político con los explotados inspiró una de sus obras tempranas, «Caminito del taller». Ese tango, que Carlos Gardel grabó en 1925, le pertenece a Cátulo en letra y música. Describe en él, con enorme sensibilidad, el triste destino de una costurerita enferma, a la que observa pasar rumbo al trabajo en las mañanas invernales con su fardo de ropas. Así como creó con ésta una composición clave dentro del tango de protesta social, Cátulo también aportaría obras emblemáticas para otras tesituras.

Tal el caso de «Tinta roja», de 1941, con música de Piana, donde se funden en la añoranza el barrio y la propia infancia. «¿Dónde estará mi arrabal? ¿Quién se llevó mi niñez?», pregunta su protagonista. De ese mismo año, y de la misma pareja autoral, es «Caserón de tejas», un hermoso vals que llora las mismas pérdidas y, dentro del repertorio de compás ternario, es también una obra sobresaliente.

De otro carácter es «María», con música de Aníbal Troilo, creado en 1945. Poema intensamente romántico, que evoca un amor encerrado entre dos otoños, puede ser elegido para representar toda aquella corriente sentimental que bañó al tango durante la década de los ’40, con influencia del bolero y con el papel protagónico del cantor de orquesta, que seducía al público femenino con su voz, sus temas y su estampa. Aunque el amor sigue siendo fuente de penas y sinsabores, ya no hay en estas historias perversidad ni traiciones. Su lugar suele tomarlo el misterio: «Un otoño te fuiste, tu nombre era María, y nunca supe nada de tu rumbo infeliz…», versea Cátulo.
Aunque Cátulo siguió escribiendo en la línea evocativa, con tangos como «Patio mío», «Patio de la morocha» o «El último farol», lo mejor de su nueva producción no estuvo allí. Cerca ya de sus cincuenta años, sus letras comienzan a expresar una actitud desesperada ante la vida. Es con esos tangos de la desesperación, impregnados de sensualidad y de filosofía, que construye el último apogeo poético del género, irguiéndose por encima de sus contemporáneos. «La última curda», de 1956, con música de Aníbal Troilo, es probablemente el tango cantado más trascendente de esa década. Como había hecho Manzi en 1950 en «Che, bandoneón» y otros letristas en tantas otras piezas anteriores, Castillo dialoga con ese fuelle de «eco funeral» donde residen los secretos del tango y de la existencia. Olvido, condena, fracaso, alcohol, aturdimiento son los elementos de esa conversación sombría, que define a la vida como «una herida absurda». Las versiones iniciales que grabó el cantor Edmundo Rivero, en 1956 con Troilo y en 1957 con Horacio Salgán, son de una rara perfección. Una lectura diferente pero asimismo memorable es la registrada en 1963 por Roberto Goyeneche, también con Troilo

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