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MENDOZA , Secreto en la montaña

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en agosto 6, 2006

En Mendoza acaba de salir a la luz una disputa sobre la posible contaminación por el aprovechamiento de un paisaje de valor histórico. En la puja se enfrentan una firma francesa de agua mineral y una minera canadiense.

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El Camino de Caracoles de la reserva Villavicencio, zona que se disputan dos multinacionales.

 

El clásico hotel Villavicencio estuvo 28 años cerrado. Ya anunciaron que se abrirá en 2008, como un spa 4 estrellas

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En su inmensidad, la cordillera esconde sus tesoros. El oro, el cobre y otros metales del macizo de los Andes son un imán para inversiones cuantiosas y dividendos ídem. Pero no es la única fuente de valor incalculable: el agua dulce y cristalina que brota de las vertientes de la montaña es también una joya preciosa cada vez más escasa. En la zona de Villavicencio y Paramillos Sur, la naturaleza nutrió a Mendoza de un potencial de riqueza que despertó el interés comercial y desató una puja inédita entre dos multinacionales.
El predio en disputa tiene 53 mil hectáreas y está ubicado 55 kilómetros al noroeste de la capital mendocina. Es un sitio de valor histórico: fue asentamiento de las misiones jesuitas, por allí pasó uno de los regimientos libertadores de San Martín y hasta el naturalista Charles Darwin estudió el paisaje.


El camino invita a recorrer los caracoles de Uspallata, 365 curvas en cornisa y una vista majestuosa del Aconcagua, la cumbre más alta de América. De fondo, el agreste paisaje de las montañas andinas. Pocos kilómetros antes de llegar a la reserva de Villavicencio, en una forestada quebrada, está el viejo hotel, una de las postales obligadas de los turistas que pasan por Mendoza. La zona había quedado algo olvidada por el deterioro del camino, pero volvió a resurgir como alternativa turística con el anuncio de la rehabilitación del tradicional hotel, cerrado hace 28 años. El mismo dueño del complejo Costa Galana de Mar del Plata anunció que se convertirá en un spa de 4 estrellas.


Pero los anuncios de inversión y recuperación del valor turístico de la zona llegaron al mismo tiempo en que se desata una silenciosa, inédita y encarnizada batalla legal entre Aguas Danone, la embotelladora del agua mineral Villavicencio, y la minera Deprominsa, subsidiaria de la empresa canadiense Tenke Mining Corp, que adquirió los permisos de exploración de minerales en el mismo territorio.


Con un batallón de abogados, peritos de parte y estrategias legales, ambas empresas se han convertido en guardianas de sus propios intereses. Públicamente dicen que no quieren enfrentarse, pero han llegado a contratar investigaciones privadas y estudios de suelo para develar quién contamina más. En junio, Aguas Danone pidió una medida preventiva a la Justicia mendocina. La titular del Juzgado Civil 11, Alejandra Orbelli, ordenó que se retiren los equipos instalados, las máquinas y las personas que estaban trabajando en la perforación del segundo pozo en búsqueda de cobre y oro, hasta tanto se dicte una sentencia definitiva. La jueza le exigió a Danone que depositara en concepto de contracautela 300 mil pesos, por el perjuicio económico que puede significar para la minera. La última palabra la tiene la Cámara Civil de Mendoza, que debe resolver la apelación presentada por la minera.


El director de Aguas Danone, Paolo Picchi, dice que la compañía no se opone a la actividad minera en general sino en este caso, en el que, asegura, «se pone en riesgo» un espacio de valor natural e histórico inigualable. Danone cree que cualquier desarrollo minero en la zona de Paramillos Sur implicará una directa contaminación de los acuíferos que explota la embotelladora en la zona de la Pampa de Canota, 30 kilómetros más abajo. Pero nunca hay una sola visión. La minera responde que la red de drenaje de la región se desarrolla en rocas macizas que están plegadas y falladas, y dice que es «improbable» preveer la circulación de aguas subterráneas en medios fisurados. Para poder demostrar esta teoría, Deprominsa ha solicitado poder extraer muestras de las aguas subterráneas para establecer las condiciones actuales del curso de agua y poder compararlos en el futuro, cuando se desarrolle algún emprendimiento en la zona.


¿QUIEN CONTAMINA MAS?

«¿Cómo podemos decir que la minería contaminará y aceptar que un hotel, o cualquier otra actividad en la zona, no lo hará?», replica el gerente de Deprominsa, Ricardo Martínez. Y, en base a un muestreo privado, denuncia que no es igual el agua que se embotella a la que se extrae de la zona en conflicto: «Por un estudio del Instituto Nacional del Agua, con sede en Mendoza, hemos podido demostrar que el agua subterránea del sector de Paramillos Sur contiene elementos que superan los límites para agua de bebida humana, establecidos por el ente regulador EPAS y la Organización Mundial de la Salud (OSM). A su vez, el mismo estudio cuando compara esta agua subterránea con el agua envasada para su comercialización describe que existe una diferenciación hidroquímica relevante entre ambas aguas: una es sulfatada cálcica y la envasada, sódica bicarbonatada», detalla Martínez.
Danone se centra en sus argumentos legales y confía en que la Cámara Civil volverá a darle la razón: «La resolución que concedió a Deprominsa las minas Paramillos es un acto con vicios graves e insalvables que no puede ser saneado», dicen en la empresa.
Hasta ahora el Gobierno de Mendoza se mantiene al margen de la disputa porque califica el caso como «una pelea entre privados». El subsecretario de Ambiente provincial, Gustavo Morgani, reconoce que ambas actividades son compatibles y que sólo intervendrán cuando la Justicia lo requiera. Pero sabe que, tarde o temprano, será el árbitro del conflicto. Deberá resolver si preserva la reserva de Villavicencio de la explotación minera, con la promoción de una ley que otorgue las mismas facultades de preservación ambiental que a las reservas públicas. El director de Minería de la provincia, el geólogo Alberto Rubio, dice que está comprobado que pueden coexistir minas de cobre y plantaciones, como en el chileno Valle de Elqui, del otro lado de la cordillera. «Esta actividad puede transformar un pueblo en una gran ciudad por la cantidad de servicios y empleos que genera», se entusiasma. Puertas adentro de la Casa de Gobierno provincial, ya se enfrentan los intereses de la Dirección de Minería, del Ministerio de Economía y de las Subsecretarías de Ambiente y Turismo.


LA NATURALEZA MAS PURA

El terreno en disputa es de una belleza única. La naturaleza en su más pura expresión, con la particularidad de que es una pequeña cuña del ecosistema de la Puna, cientos de kilómetros más al sur. Por eso asombra el verde que mantiene Villavicencio durante casi todo el año.


La zona fue declarada «reserva natural privada» por el gobierno de Mendoza, en setiembre de 2000, para darle algún amparo legal a la propiedad de Danone. Pero este tipo de reservas no está contenido en la legislación ambiental vigente. Y ya se sabe que la propiedad de la tierra no implica ser dueño de lo que haya debajo de ella, que está reservado para el Estado. También la minería está atada a esta geografía desde siempre. El nombre del lugar se debe al capitán Joseph Villavicencio, quien vivió allí y realizó trabajos mineros en la zona a fines del siglo XVII y principios del XVIII. En la lista de propietarios del lugar figura el perito Francisco Pascasio Moreno, quien también explotó las vetas minerales.
Paramillos es una de las minas más antiguas de Argentina. Fue explotada en época de la Colonia por los jesuitas, aunque se cree que los pueblos originarios también extraían metales de allí. A mediados del siglo XX la zona era parte de un plan nacional de exploración minera. Pero desde 1967 no se realizan trabajos. En los ’90 el Estado mendocino se hizo cargo a través de Nuclear Mendoza. Se desató un fuerte conflicto por las tierras y con quienes habían declarado el descubrimiento. Al final, le otorgó el área a la mendocina Minera del Oeste, que luego le cedió sus derechos de exploración a Deprominsa.


En otro plano más desinteresado, el naturalista inglés Charles Darwin estuvo en Villavicencio en 1825 y aportó datos sobre los atractivos de la zona. Describió las aguas termales y, sobre todo, las araucarias petrificadas que encontró. «Se aproxima el camino de la cordillera, y antes de ponerse el sol del 28 de marzo penetramos en uno de los anchos valles… Poco a poco se transforma el valle en estrecha cañada, en la cual se encuentra la villa Vicencio», escribió Darwin al llegar al lugar. Otro de los visitantes que dejó sus relatos fue el clérigo Giovanni Sallusti, miembro de una misión papal. El religioso comparó las aguas surgentes con las de la Fontana di Trevi de Roma. Estas aguas termales fueron un atractivo histórico. Los primeros viajeros que buscaban llegar a Chile ya usaban Villavicencio como posta y sus aguas termales para descansar. El actual Camino de Caracoles era la principal ruta desde Chile a Mendoza. En 1903 se forma la «Unión Villavicencio» para embotellar agua mineral y comercializarla. Por sus propiedades terapéuticas y su combinación única de minerales esenciales, en sus comienzos el agua Villavicencio se comercializaba en farmacias, como agua termal. Después de cambiar varias veces de dueños, la empresa fue comprada por la multinacional de origen francés Danone en 1999. El agua mineral Villavicencio nace a 3.200 metros sobre el nivel del mar. Se interna dentro de la montaña, infiltrándose dos kilómetros por debajo de la superficie, donde adquiere su composición de minerales. El agua es captada cerca del hotel Villavicencio, desde donde es transportada por conductos a la planta embotelladora.


PRIMERAS ESCARAMUZAS

Deprominsa, que opera en proyectos de exploración de cobre y oro en San Juan, La Rioja y Santa Cruz, tiene intenciones de constituir en Mendoza un yacimiento de cobre con posibilidad de que contenga oro como elemento secundario. La pelea comenzó cuando la minera retomó trabajos para analizar el potencial de una explotación metalífera. En un principio se discutía la legalidad de la reserva privada que posee Danone y las autorizaciones de Deprominsa para explorar la zona.


La estrategia de la embotelladora es comprobar que Deprominsa no cuenta con los permisos para ingresar a la reserva de Villavicencio para iniciar tareas de exploración. En términos legales lo que está exigiendo a la minera es «un permiso de servidumbre» para ingresar a la zona y realizar las perforaciones. Si la Justicia le diera la razón definitiva a la embotelladora, la minera amenaza con recurrir a tribunales internacionales, porque dice haber solicitado permisos de servidumbre a la Dirección de Minería en 1999. «Si la autoridad tiene demoras que llevan a este tipo de confusiones, el código minero prevé que las actividades mineras no pueden ser suspendidas ni prohibidas», aduce la defensa de Deprominsa.


En 2000, el Gobierno mendocino aprobó el estudio de impacto ambiental para iniciar la exploración minera y, casi al mismo tiempo, Danone logró que el Estado provincial declarara reserva privada natural al mismo terreno. Aguas Danone de Argentina había solicitado la nulidad de las resoluciones que aprobaron el informe de impacto ambiental. Cuestionan que «no se hizo audiencia pública, no contempla la existencia de un acuífero subterráneo y no tiene en cuenta que es una zona con un tratamiento ambiental especial por constituir una reserva natural». Ahora en el Gobierno analizan cómo darle algún amparo legal a la reserva, ya que no está estipulado en la ley medioambiental 6045 la regulación de áreas naturales de propiedad privada. Una de las alternativas es proponer a la Legislatura una ley especial que reglamente esos casos. Por ahora Villavicencio es la única reserva privada.
En lo que coinciden la embotelladora y la minera es que Mendoza ha ido un paso adelante en legislación ambiental. En mayo pasado aprobó el decreto 820, que regula la actividad minera, un trabajo con participación de las ONGs y comparado a las leyes más avanzadas de protección del medio ambiente. El ambientalista Eduardo Sosa, presidente de Oikos Red Ambiental, dice que «rara vez podemos observar públicamente un conflicto que enfrenta a dos empresas, pero a pesar de que no estamos frente a un conflicto socioambiental, el tema de la defensa del ambiente y la responsabilidad corporativa en las industrias no debería dejar de ser un tema de interés público». Sosa recuerda que «para Mendoza, el agua no es sólo un recurso natural, sino que significa la misma supervivencia social». Por eso reclama cautela a la hora de aprobar proyectos mineros. A la vez asegura que hay zonas no aptas en la provincia para esta actividad. Y arriesga: «El gobierno ya eligió apostar por el desarrollo minero, pero la sociedad debería responderle que el debate recién comienza». Y, al parecer, va en serio.

GRACIAS Roxana Badaloni

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