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POLEMICA POR LA SALUD REPRODUCTIVA : CASO INSOLITO

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en agosto 6, 2006

Un hombre tiene 37 hijos y pide que lo operen para no tener más


Se llama Cleto Ruiz Díaz, cumplió 44 años y es de Corrientes. No tiene empleo fijo. Tuvo tantos hijos que no recuerda sus nombres. Quiere que le hagan una vasectomía que anule su capacidad reproductiva.

 

«Es duro alimentar a tantos». Cleto, en la puerta de su casa, dice que su vida «no es para reirse»

GRACIAS

Pablo Calvo SANTA LUCIA,

Por qué no me puedo controlar? Porque cuando estás enamorado, la emoción te llleva». No sobra una «l», es el énfasis que pone Cleto Ruiz Díaz para explicar su envión. Tanto se emocionó que hoy, con 44 años, es uno de los padres más fértiles de la Argentina: 37 hijos, cinco nietos y —con 12 hermanos y más de 40 sobrinos— un árbol genealógico que se parece a una reserva forestal.

En Francia, Cleto sería más popular que Zidane, porque allí, para estimular los nacimientos, pagan 1.000 euros a quien tenga más de tres hijos; en Alemania ya lo conocen, porque la revista más importante, Der Spiegel, le dedicó una página a su caso; y en Estados Unidos tal vez filmen una novela sobre su vida. Otra que Montecristo: Cleto tuvo su primera relación a los nueve años, fue galán de siete chicas a la vez y vivió 14 años con tres mujeres, bajo el mismo techo.

«Dormía con cualquiera de las tres, él elegía», confirma Yolanda Lezcano, que hace un año lo dejó porque no se sentía bien tratada. Ella tiene 32 años y vive en la casa de al lado, con sus 11 hijos, Jonathan, Jaqueline, Diego, Daiana, Mariana, José, Horacio, Rita, Guadalupe, Angela y Milagros, que a cada rato cruzan la cerca de cañas para abrazar al papá.

Pintor y changarín, Cleto se hizo famoso en Corrientes por pedir que le hagan una vasectomía para dejar de tener hijos. Paradojas de la Argentina: la operación está prohibida en las provincias del norte, donde abundan las familias numerosas, y es aceptada en la Patagonia, donde se necesita aumentar la población. Ahora, el Senado se dispone a tratar un proyecto que habilitaría la ligadura de trompas de las mujeres y las vasectomías de los hombres en todo el país (El Congreso…).

Llegar hasta su casa es agarrar para el lado de los tomates: la ruta de Corrientes a Santa Lucía se envuelve de huertas y plantaciones de todo lo que hace falta para una sopa de verduras, un puchero o la mejor ensalada. Y en la entrada a la Capital Nacional de la Horticultura (así llaman a esta ciudad de 14 mil habitantes), los nenes ofrecen cajoncitos de frutillas y naranjas grandes como el sol del atardecer. La casa de Cleto está a dos cuadras de la terminal y a 803 kilómetros del Obelisco.

En la vereda descansan dos chivos, un gato y un conejo. Cleto ofrece un mate y admite que no recuerda los nombres de todos sus hijos y mucho menos los días en que cumplen años. «Mi vida se fue dando así y no es para reírse, porque es muy duro tener que alimentar a tantos chicos sin un trabajo digno, ganando seis pesos por día, abrigándolos con ropa de segunda mano que por suerte me regalan mis patrones, esperando ayudas del Gobierno que nunca llegan».

—¿Pero sabés que podés cuidarte?—, le pregunta Clarín.

—Sí, me dijeron, pero si compro «eso», dejo a mi familia sin un kilo de azúcar.

En los dos días de conversación, jamás dirá «preservativos». Sólo aceptará que nunca los usó.

Isabel, que tiene 29 años y es su actual compañera, reparte entre los chicos facturas que llegaron en un enorme paquete de cinco docenas. Tuvo su primer chico a los 13 años, con un hombre que ya no está a su lado. Cleto aceptó criarlo y con ella tuvo después otros ocho hijos. Dos murieron y el último que nació, Cleto Ramón, tiene labio leporino. Quieren operarlo ya, pero en el hospital Juan Pablo, de Corrientes, le dieron turno para noviembre.

«En total son seis los que se me murieron y con lo que le pasó a Cletito, mi preferido, dije basta, no quiero tener más chicos, porque ellos también sufren y yo los quiero cuidar bien», se entristece Cleto, mientras Isabel —que pide para ella la ligadura de trompas— lo consuela.

San Antonio, la Virgen de Lourdes, el Gauchito Gil y un póster de Maradona adornan un comedor que no tiene más mesa que la del televisor. No hay cubiertos para todos: cuatro tenedores, nueve cucharas y tres cuchillos, que son los menos usados, porque el menú habitual no incluye carnes para cortar.

Donde comen dos, comen tres o a veces 15, cuando viene alguna visita. No habrá mucho, pero todo se comparte.

Cleto afirma que tuvo otros 11 hijos con Alicia, de 49 años (hoy en Buenos Aires) y siete más (cuatro de ellos murieron) con María Esther Perrota, que le hace bromas detrás de un alambrado de púas, porque ahora vive en la casa de atrás. «Estuve con él seis años, pero lo aguanté 18. Siempre se escapaba pero un día me cansé. Me dolió mucho que me negaran lo que yo veía. Y sí, lo dejé por celos, pero ya formé otra familia y estoy muy bien», dice María, de 42 años, con una escoba de yuyos en la mano.

La lista de 37 hijos que arma Cleto no encuentra un respaldo documental inmediato: en medio de la charla, aparecerá el recuerdo de una tal María, fuera de programa, que una vez le envió una foto de otra beba suya «que nunca pude conocer». O incluso cuando se dirije a alguna de sus ex pregunta: «¿Cuántos chicos es que tengo con vos?». Tampoco todos los chicos tienen el Documento de Identidad, aunque todos están bautizados. Los que sean, son muchos. Demasiados para la única muñeca que hay y el triciclo azul, que cada cinco minutos alterna el chofer.

En la Argentina hay 1.084.989 hogares con cuatro o más hijos, según un informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos. Hasta de esa medición oficial se escapó Cleto: cuando se hizo el último censo, hace cinco años, se determinó que las viviendas con mayor densidad de población eran dos en todo el país, con 19 chicos cada una. La de Cleto, en esos momentos, cobijaba a 26. «Por acá no vinieron», asegura.

¿Llega el Estado a esta casita de 24 metros cuadrados del Barrio Itatí, con cocina pero sin garrafa, con piso de tierra y camas más chicas que las del cuento de Blancanieves? Hay rastros: una calcomanía en la puerta de la campaña nacional de desparasitación, envases de leche del dispensario local, la boleta de la luz, con consejos para ahorrar energía tales como «use poco la plancha»… y plancha no hay.

«Y sí, mi vida es una novela, vamos a ver si la hacen, como me dijeron», comienza a despedirse el protagonista. La charla se deshace en una trama imaginaria, donde se advierte que, con tantos amores merodeando, Cleto tendrá que decidir a cuál dedicará la eternidad.

Tiempo de reflexión
GRACIAS Diana Baccaro

La polémica por el aborto, la media sanción al proyecto que habilita la ligadura de trompas y vasectomías, y la decisión de mejorar la educación sexual en las escuelas hablan de un momento en la vida de la sociedad argentina distinto a todo lo que vivió en el pasado. Y no parece un buen momento para empuñar posiciones cerradas y extremas. Más bien es tiempo de escuchar y aprender de los errores. Y tal vez sea una oportunidad para considerar la multiplicidad de matices que puede tener una situación tan dolorosa como la de un aborto, igual a la que se planteó esta semana con la chica violada que finalmente tendrá a su bebé.

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