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UNA GRAN AVENTURA, LA HAZAÑA DE DOS GEMELAS ARGENTINAS

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en agosto 6, 2006

UNA GRAN AVENTURALa hazaña de dos gemelas argentinas<b>RECUERDO DE PORTUGAL.</b> Miryam y Patricia Brizuela tienen 40 años.

RECUERDO DE PORTUGAL. Miryam y Patricia Brizuela tienen 40 años.


Tienen 40 años y están dando la vuelta al mundo en un velero que ellas mismas construyeron bajando los planos de Internet. Ya cumplieron la primera etapa: Londres.

En días sólo hemos visto dos buques. Prefiero no ver ninguno porque me pongo nerviosa cuando tengo alguno cerca. La velocidad con la que vienen es de temer; sólo mirar el bulbo de sus proas sumergiéndose en el mar y saliendo constantemente, empujando masas de agua hacia los costados, me da escalofríos», escribió Miryam Brizuela en su bitácora de viaje.

Miryam y su gemela Patricia, son las primeras argentinas en cruzar el Océano Atlántico en un velero construido por ellas. Y con su llegada al puerto de Londres esta semana, completaron la primera etapa de su viaje alrededor del mundo, que comenzó en Buenos Aires en marzo del año pasado.

Estas aventureras de 40 años —que hicieron andinismo y trecking; fueron guías de montaña en el Parque Nacional Nahuel Huapi y que llegaron a ser las primeras mujeres a quienes les ofrecieron ingresar en el Cuerpo de Guardaparques en épocas en las que sólo los hombres tenían ese privilegio— seguían sedientas de nuevos retos. Fue entonces cuando bajaron de Internet el plano de un velero y comenzaron a construirlo con la idea de que las llevara alrededor del mundo.

El primer paso fue alquilar un terreno en General Rodríguez. Y después de siete años a puro mar tillo y soldador, terminaron los últimos detalles en San Isidro. A la nave la bautizaron «Ithaca», nombre de la isla griega donde nació Ulises en «La Odisea» de Homero.

El velero es un Vand de Stadt de 34 pies, con 10 metros eslora, construido en acero. Es sumamente confortable; está equipado con dos tanques de agua que permiten cargar 150 litros, tiene placares en estribor y babor, una cómoda cocina, baño y dos camarotes dobles. Además, cuenta con todos equipos de comunicación de última generación, los que les consumieron todos sus ahorros.

A lo largo de la travesía del Océano Atlántico, capitaneando el Ithaca estuvo Miryam, diseñadora gráfica y «Yatchmaster» —título que obtuvo en la inglesa Royal Yachting Asociation—. A su lado siempre estuvo su compañera inseparable: su hermana Patricia —periodista y patrón de yate—.

«La lluvia, los truenos y las rachas pasan y nos quedamos en una calma increíble dentro de la negrura. El timón de viento ya no puede manejar al Ithaca que apenas avanza a un nudo. No me animo a levantar mucha vela por temor a las rachas fuertes que ingresan sin ningún tipo de aviso. Pero cuando llega la madrugada todo se ve distinto «, escribe Miryam en su diario de viaje digital que se puede leer en www.proyecto-ithaca.com.

Después de navegar un año y cinco meses y de pasar por Cabo Frío, Arraial do Cabo, Recife, Natal, Puerto La Cruz, Isla Margarita, Saint Martin, Azores, Galicia y llegar a Londres, la gemelas están a mitad de camino. Les falta dos años y unas 15 mil millas náuticas para cumplir su sueño. Una soñada odisea que surgió en una charla en colectivo durante un viaje entre Osorno, Chile, y Bariloche hace 18 años.

La construcción fue a puro corazón»

Miryam Brizuela empezó a soñar con un velero oceánico que la llevara a dar la vuelta al mundo. Y eso la llevó a buscar información sobre la construcción náutica amateur, carpintería, electricidad, meteorología, soldadura, mecánica y primeros auxilios en Internet. Y es que las gemelas no compraron un kit para armar un barco en una juguetería, sino que bajaron de la web el plano de un velero Vand de Stadt y lo construyeron con sus propias manos.

El Ithaca, pesa 5,6 toneladas, está construido de acero 1010 y alcanza una velocidad promedio de 71 nudos (13 km/h). Fabricarlo, no les fue nada fácil: «A pesar de los numerosos inconvenientes de toda índole que surgieron en el camino; a pesar del desánimo que muchas veces se apoderó de nosotras; a pesar de las dudas, completamos la construcción. Fue a puro corazón y voluntad», explican las Brizuela.

 Antecedente


En 1998, un argentino y un italiano vivieron una gran aventura alrededor del mundo y también en velero. Después de 120 días en altamar en el catamarán a vela —que llamaron «Bruma»—, los amigos regresaron a Puerto Madryn.

Bruno Nicoletti —en ese momento tenía 68 años— y Ricardo Cufré, 46, cuando hicieron 22 mil kilómetros sin tocar tierra.

Al llegar al pequeño puerto de Bluff, en Nueva Zelanda, habían perdido un timón, atravesado varias tormentas y navegado en medio de olas de hasta 10 metros de alto en un catamarán de 7 de largo.

«El viaje lo hicimos gracias a un ballena —recordó Cufré al inicio de la aventura en Madryn—. Bruno intentó en el 95 hacerlo solo, pero a los cinco días chocó contra una ballena y tuvo que volver. Después, nos comunicamos y le propuse acompañarlo».

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