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MAESTRO ERNESTO SÁBATO

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 8, 2006

Publican libro de entrevistas que se adentra en el mundo
del octogenario narrador argentino

Sabato, la rebelión de un idealista

Medio Siglo con Sabato es un volumen que recoge más de 40 conversaciones del autor de El Túnel con periodistas y escritores. Un recorrido ordenado cronológicamente por el pensamiento del autor, polémico y humanista, cuyo principio intransable ha sido la libertad.

por Andrés Gómez

Hace más de medio siglo, en 1946, Ernesto Sabato (24 de junio de 1911) daba su primera entrevista. Un año antes había publicado Uno y el Universo, «una suma de todas las antipatías a todas las escuelas, dogmatismos y acaparadores de la Verdad». Se alejaba de las matemáticas, donde se formó, para iniciar una contundente y esencial trayectoria literaria, cuyos alcances se extenderían mucho más allá de la literatura.

En esa primera nota periodística, publicada en el vespertino Noticias Gráficas, de Buenos Aires, en plena posguerra, advertía ya sobre temas que se le volverían recurrente preocupación: «Y no hay que predicar odio, sino justicia. La historia de la humanidad es una imponente lista de estupideces y maldades. Sin embargo, creo que el deber principal es luchar, a pesar de todo, contra la estupidez y la maldad».

Esa entrevista es una de las 47 que recoge Medio Siglo con Sabato, un volumen preparado por la periodista Julia Constenla, autora de la biografía Sabato, el Hombre. El libro, publicado por Javier Vergara Editor, hace un recorrido cronológico por el pensamiento del autor de El Túnel, que permite observar el desarrollo de sus opiniones, de sus certezas y dudas, y a su vez da cuenta de cómo cambia la percepción social respecto de él. «Con admiración o con recelo se lo encara al principio como un científico deslizándose hacia otros temas, luego como un escritor comprometiéndose con la literatura y con su tiempo, un ser inquieto que desembarca en la pintura, un hombre siempre asediado por angustias a las que enfrenta con lucidez y desmesuradas esperanzas», afirma la recopiladora, quien seleccionó el material del archivo personal del escritor.

En estas entrevistas, la literatura comparte con la filosofía, con la política, la historia, la religión y el arte. Si hay un elemento que atraviesa todo el libro es la certeza de Sabato de estar asistiendo a una crisis profunda de la civilización occidental, donde la sola razón no basta para comprender al hombre, reducido por la ciencia y la técnica. Una crisis que exige replantear las instituciones y los valores y donde el intelectual también cumple una tarea. «¿Qué es un intelectual para mí? Un hombre de ideas y de libros. ¿Para qué sirve? Entre otras cosas, como se ha visto, para convulsionar el mundo (como lo prueban dos libros: El Evangelio y el Manifiesto Comunista) y para levantar a las masas con alpargatas. ¿Qué papel debe desempeñar el día que se arme? Luchar por las ideas que se defendió antes en el papel», decía un entusiasmado Sabato en 1961.

Si bien siempre adherirá a los procesos revolucionarios, se mantendrá expectante, atento a cualquier asomo de totalitarismo. Para Sabato hay dos principios intransables: «Sin libertad no vale la pena vivir, todo se corrompe y degrada, los seres humanos se convierten en abominables esclavos. Sin justicia social no hay futuro posible en el mundo, y el que no vea esto no entiende nada de lo que pasa». Por ello levantará la voz cada vez que observe un atropello y de igual modo criticará a los socialismos reales como al capitalismo norteamericano. Con ello, se ganará también detractores: «hice un negocio redondo: los reaccionarios me siguieron llamándome comunista y los comunistas, reaccionario y traidor. Desde entonces retomé mi ideal anarquista, que, en mi caso, es una especie de anarco-cristianismo, como había sido el de Tolstoi, el de Emerson y el de tantos idealistas de nuestro tiempo, como Camus y Herbert Read», explicaría en 1995.

Criticado por reunirse con el general Videla cuando asumió la dictadura argentina, Sabato sin embargo fue crítico del régimen y sobre todo de las violaciones a los derechos humanos cometidas en ese período. «No hay malas o buenas violaciones, aunque sean cometidas en nombre de grandes ideales, Dios o el socialismo, la patria o la justicia social, y sobre todo si se cometen en nombre de grandes ideales», declaraba en 1978. Su actitud le sería reconocida más tarde por el Presidente Alfonsín,quien lo pondría a la cabeza de la comisión que investigó los delitos contra los derechos humanos. Un proceso que acabó en una ley de punto final. «En ese momento escribí un documento que salió en todos los diarios, lamentando esa decisión», responde.

TESTIGO IMPLACABLE

Ex comunista, ex matemático y ex surrealista, define su vocación literaria como una indagación «a fondo en la condición del hombre en un momento y en lugar determinados de su existencia. En este caso, la condición humana del único hombre que conozco a fondo: el del Río de la Plata». La literatura, para él, es un ejercicio profundo, que no ha de estar en función de causas de ninguna especie: «Considero que un escritor verdadero es un testigo implacable de su tiempo y no debe hacer ninguna concesión a sus ideas políticas o filosóficas: es algo más hondo y más misterioso que el mundo de las ideas políticas, sociales o científicas. No piensen en casos discutibles como el mío; piensen en ejemplos enormes como el de Dostoievski. Durante toda la época de Stalin fue proscrito por ‘malsanó, ‘putrefactó, ‘contrarrevolucionarió y ‘destructivó, mientras escritores mediocres hacían su agosto con productos que tenían que ver tanto con la literatura como un afiche de propaganda con la pintura. Y sin embargo, ese Dostoievski es uno de los testimonios más terribles y verdaderos de su tiempo», comentaba antes de la aparición de Sobre Héroes y Tumbas, en 1962.

Piensa que por esta actitud independiente y polémica, lo mantuvieron alejado del boom latinoamericano: «El boom se organizó seriamente, como una empresa, y alguien que por delicadeza no voy a nombrar avaló el libro de un tal Haars, que se hizo traducir a las lenguas más importantes, en el que ni siquiera figuraba mi nombre entre los escritores latinoamericanos, excepto con una frase irónica. El único que se portó notablemente conmigo fue Pablo Neruda, cuando le otorgaron el Premio Nobel». Sin embargo, la obra de Sabato ha sido ampliamente reconocida. Traducida al francés por sugerencia de Albert Camus y al inglés por recomendación de Graham Green, su narrativa fue coronada con el Premio Cervantes en 1984. Indagador de la existencia, angustiado por las preguntas sobre el tiempo,la soledad, la libertad, reivindicador del sueño y la pasión, después de haber sido testigo de un siglo convulso y cruel, reflexiona: «De haberse escuchado a aquellos utópicos del anarquismo, el mundo sería hoy otra cosa: todavía tendríamos seres humanos, no seres robotizados. Es difícil,muy difícil, que ahora logremos volver atrás, pero no es imposible si hay una rebelión de la juventud y de los locos como yo mismo».

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