LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

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Retrato de un artista moderno

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 9, 2006

Las cuarenta pinturas de Alfredo Guttero que se exhiben en el Malba construyen una semblanza de uno de los artistas más importantes del país a principios del siglo pasado. Sus paisajes industriales, sus exquisitos retratos, sus grupos de mujeres afines al art-déco, hablan además de la posición del artista frente a una modernidad que iniciaba su camino en la Argentina.

¿Quién fue, quién es Alfredo Guttero? Qué papel jugó en el tiempo que le toco vivir y qué proyección puede alcanzar su figura en el presente? No cabe duda que la gran muestra que le dedica ahora el Malba es en gran medida una respuesta a esas y otras preguntas, pero fundamentalmente tiene la virtud de instalarlas en un momento en que resulta imperioso revisar algunos itinerarios de nuestra historiografía. Que la exhibición lleve el subtítulo de “un artista moderno en acción” revela la decisión de parte del curador Marcelo Pacheco de ir más allá de la producción artística y analizar la posición que ocupó el artista en el contexto de una modernidad incipiente que buscaba definirse a sí misma, no sólo a través de problemas formales y estéticos, sino en la transformación del campo cultural en la Argentina, en uno de los momentos más eminentes de su historia y acaso uno de los más controvertidos a nivel internacional. Un período que transita entre la Primera Guerra Mundial y la sensibilidad que marcó el curso de los acontecimientos que llevaron a la segunda e impactó en toda una generación de artistas latinoamericanos, formados en Europa.

Como tantos de ellos —Ramón Silva, Miguel Carlos Victorica, Pablo Curatella Manes primero y Xul Solar y Pettoruti, más tarde—, Guttero cumplió con el imperativo del viaje de iniciación al viejo continente. París, Roma Florencia, Berlín o Munich, figuraron en la agenda de viaje de la mayoría de ellos que a su turno puso a punto sus concepciones sobre el arte en un momento en que las ideas explotaban en múltiples direcciones.

La modernidad, se sabe, se expresó en un variado arco que recorrió desde la exaltación de la máquina y las novedades de la tecnología, al “retorno al orden” que con la recuperación del clasicismo, en los años 20, parecía detener aquel inevitable curso de proyecciones futuras imaginado desde comienzos del siglo.

Parte de las 40 obras de Guttero que se despliegan en el segundo piso del Malba reflejan esa particular coyuntura de los años 20 que atraviesa y modela la subjetividad del artista. Una subjetividad que se manifiesta en los cambios de estilos que acompañan la elección de temas, tan diversos como los paisajes industriales que realizó entre 1928 y 1929, de un fino rigor constructivo, retratos de una soberbia elegancia, al borde del dandysmo como el de Lucien Cavarry (1911) y la cantidad de motivos religiosos y desnudos afines al art-déco que hunden raíces en el simbolismo. Cabe recordar en este sentido, la relación que Guttero mantuvo en Europa con Maurice Denis, jefe del grupo simbolista de Los Nabis.

Pero acaso el capítulo más sugerente es el que aflora en el tratamiento del cuerpo, a través de toda la muestra y acuña una mirada, casi insolente para la época, que se regodea más en el cuerpo masculino que en el femenino. Con el tiempo su obra fue transformando la seducción que ejercía en ella la elegancia de los cuerpos indolentes, por el de la rudeza de los hombres de trabajo que se advierte en Cargadores Ligures de 1926 o Feria de 1929 y el retrato de Victorica, ambas pinturas realizadas a su regreso a nuestro país.

20 años de ausencia

Como no podría ser de otro modo, la muestra afirma la predilección hacia lo decorativo, que a menudo contribuyó a encasillar al artista. Pero también se abre a la multiplicidad de sus intereses, incluida la enigmática técnica del yeso cocido que utilizó, y sus vínculos con otros protagonistas de su tiempo, desde Barradas y Figari hasta la polémica que pudo establecer con Berni

Guttero hizo pie en París en enero de 1905 con la intención de permanecer sólo tres años pero regresó a Buenos Aires recién a fines de 1927. Podría afirmarse que los casi 20 años de ausencia no resintieron en modo alguno los vínculos con su país natal, que fueron cuidadosamente alimentados por noticias de sus actividades en Europa, la correspondencia que mantuvo con importantes personalidades del medio, entre ellas, el escultor Luis Falcini y el pintor y primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, Eduardo Schiaffino, el contacto permanente con materiales editados en Buenos Aires y la presencia eventual de trabajos suyos en espacios de alta visibilidad, como la Exposición Internacional del Centenario, en 1910, o el Salón Anual de 1915.

Durante esa prolongada estadía, como bien señala Pacheco en el texto del catálogo que acompaña la muestra, “Guttero mantuvo contactos fluidos con el Río de la Plata y apoyó públicamente las batallas por la renovación de las instituciones culturales del estado…” Sin este antecedente, no sería comprensible la naturalidad con que, a su regreso, se integró activamente a la vida cultural de nuestro país. En esa dirección la muestra del Malba reúne una vasta documentación que da cuenta de las múltiples actividades que lo tuvieron como protagonista hasta su muerte en 1932. En ese sentido, no es un dato menor el papel que investigaciones previas como las de Patricia Artundo y María Teresa Constantin, cumplieron en el armado y diseño curatorial de esta muestra que sitúa al artista inmerso en la grandes transformaciones de su época.

Alegora del Ro de la Plata. 1928.

Alegoría del Río de la Plata. 1928.

 

Guttero básico


BUENOS AIRES, 1882-1932. PINTOR.

Hijo de inmigrantes genoveses, estudió pintura con Reinaldo Giudice. En 1904 viaja a Europa con una beca y la recomendación de Marín Malharro. Asiste en París a la Academia Colarossi y se vincula con otros artistas argentinos que viajan a la capital francesa. En 1924 participa de la XIV bienal de Venecia. De regreso a Buenos Aires en 1927 expone en Amigos del Arte, investiga nuevos procedimientos en pintura y se transforma en una figura de referencia hasta su muerte.

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