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Diálogo, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 10, 2006

Sobre el arte de compartir valores con el otro

En este diálogo, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman se refiere a la fuga de cerebros desde el este al oeste europeos y expresa su optimismo sobre el futuro de un continente en el que ahora los pueblos tratan de convivir y no de matarse

 

La bibliografía de Zygmunt Bauman crece en progresión geométrica: Amor líquido , Europa . Una aventura inacabada , Vidas desperdiciadas , Confianza y temor en la ciudad . Catedrático emérito en la Universidad de Leeds, el sociólogo octogenario le puso hace una década el cascabel al gato: trocó la palabra-paraguas posmodernidad por modernidad líquida . «La posmodernidad -le dijo a su colega Keih Tester- implica el final de la modernidad, dejar la modernidad atrás, estar en la otra orilla. Pero esto es claramente falso. Somos tan modernos como siempre, ´modernizando obsesivamente cuanto cae en nuestras manos». Tampoco le convencía la «modernidad tardía» que postulaba Anthony Giddens y entendía mejor la «segunda modernidad» de Ulrich Beck y la surmodernité de George Balandier. Tras ponerle el cascabel, Bauman se llevó el gato al agua: su modernidad líquida apunta «tanto hacia lo que resulta continuo (fundir, desarraigar) como a lo que se revela discontinuo (no solidificar el material fundido, no volver a arraigar)». Con Amor líquido y Miedo líquido , él aporta más caudal al discurso sobre una sociedad cuyos vínculos laborales y personales nacen con cláusula de rescisión; un planeta donde los humanos son un residuo más o desperdician vidas errabundas. Fumador compulsivo de pipa y seguro de sus argumentos, aplica la liquidez a todo lo que piensa. Y últimamente piensa, con optimismo, en Europa.

– Como polaco sufrió los totalitarismos nazi y comunista. ¿Qué pueden aportar los países del antiguo bloque soviético a la Europa actual?

-Soy sociólogo, no profeta. Los países del Este tuvieron que afrontar reglas que desconocían. El proceso fue duro y acentuó la división entre generaciones. Las personas de mediana edad sufren más la incertidumbre social; la juventud no espera un trabajo seguro. En estos momentos, Polonia «exporta» unos 600.000 jóvenes. Son profesionales calificados: una fuga de cerebros que condiciona el porvenir del país.

-Me refería al discurso moral ante el «cansancio» de Occidente.

-Tras el hundimiento del Imperio soviético, algunos países del Este, como Polonia, se aliaron con Estados Unidos y ahora están decepcionados. En cuanto a los valores que usted invoca, no creo que vengan necesariamente del antiguo bloque comunista. Son países que están como el resto de Europa: perplejos, a la expectativa.

-Utilizando su terminología, se están «licuando».

-El sistema comunista sustentó un aparato industrial no competitivo. Produjo masivamente acero y carbón; concibió la sociedad del siglo XX como una inmensa fábrica donde todos seríamos productores: yo le llamo modernidad sólida, lo que sería el hardware de la computadora. En el tránsito hacia la modernidad líquida, el sistema se reveló obsoleto: al entrar en el mercado global, los países comunistas vieron que sus productos no eran competitivos. El PIB cayó y, con la incorporación al sistema capitalista, creció de forma dramática: al tener mano de obra barata, se produjo una acelerada inversión de capitales. Llegó la inseguridad, el outsorcing , la externalización. La modernidad líquida, el software social.

-Y los sociólogos, ¿quedaron perplejos?

-La modernidad quiso sustituir el trabajo social imperfecto por un orden dictado por la razón, un despotismo ilustrado al que contribuyó la sociología. El sociólogo se convirtió en el asesor de los directivos de grandes empresas y de los generales de los ejércitos. Pero no creo que hoy los gobiernos pretendan cambiar la condición humana. Desde los años treinta se produce la Segunda Revolución de la Gestión: los propietarios de las fábricas tienen el poder, pero lo gestionan los especialistas. Hoy, como ya he dicho, los directivos ya no gestionan, subcontratan. Los subordinados deben autogestionarse. Para Giddens, era el tránsito de la política con mayúscula a la política con minúscula: encontrar soluciones desde la individualidad a problemas creados socialmente. Para algunos sociólogos ha sido una catástrofe. Para mí, una oportunidad: los verdaderos políticos son los que están en la política de la vida.

He viajado mucho. Casi siempre me llaman pesimista, sólo una vez me llamaron optimista. Un ejemplo: estoy esperanzado en el futuro de Europa. Padecí la Segunda Guerra Mundial y ahora personas distintas conviven sin matarse. Hemos de aprender el arte de vivir. George Steiner contempla Europa como la casa del espíritu y el intelecto. Nuestro continente perecerá si no constituye una referencia espiritual clara. Pienso en Kant: equivocándonos y volviéndonos a equivocar aprenderemos del otro. Eso es el arte de vivir. La diversidad cultural no es un frontispicio, sino una tarea diaria. Gadamer nos anima a compartir valores con el otro. Eso es el arte del diálogo y del compromiso. Tengo 81 años pero me entiendo mejor con mis colegas jóvenes: piensan el mundo como yo. Lo repito. Hay un futuro optimista para Europa

Por Sergi Doria
ABC, España

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