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El director de «El bonaerense» presenta hoy en el Festival de Toronto su cuarta película, «Nacido y criado».

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 10, 2006

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DEBUT MUNDIAL. El filme de Trapero empieza en Canadá su carrera internacional. En octubre competirá en Roma. Y el 29 de ése mes se estrena.(Jose Mateos)

La vida y el cine de Pablo Trapero están repletos de viajes, de desplazamientos, de movimientos constantes. La suya no es la historia de ninguna de sus películas, pero podría serlo: la del chico de San Justo que se vino a estudiar cine, que dejó la seguridad de su núcleo familiar y de su negocio de barrio (su primer corto, de hecho, se llama Negocios y lo protagoniza su padre) para comenzar uno nuevo, y que, tras atravesar una trama de idas y venidas, de dudas e inseguridades, lo consiguió. Películas como Mundo grúa, El bonaerense y Familia rodante lo convirtieron en una de las caras más visibles y exitosas del Nuevo Cine Argentino. Y, a su vez, con su mujer e hijo, armó su propio grupo familiar.

El concepto de «familia» es clave en el cine de Trapero y vuelve a serlo en Nacido y criado, su cuarta película, una que parece abrir una nueva etapa en su filmografía. El filme —que debutó anteayer en el Festival de Toronto y que tiene hoy a las 15.15 la segunda de sus funciones— vuelve a poner en juego, y en riesgo, ese concepto al contar la historia de Santiago (Guillermo Pfening) un diseñador que parece llevar una vida tranquila con su esposa (Martina Gusman, mujer de Trapero en la vida real) y su pequeña hija hasta que un devastador accidente sacude los cimientos de su mundo.

La historia pega un salto en el tiempo y Santiago reaparece en un pueblo perdido de la Patagonia, con el aspecto desmejorado y la mirada perdida, como si la inmensidad de la nieve que lo rodea fuera una representación visual del enorme limbo en el que vive, una suerte de vacío existencial que no parece poder solucionarse con las nuevas amistades que hace allí. Nacido y criado parece preguntarle al espectador: ¿Se puede reconstruir algo después de haberlo perdido todo? ¿Se puede volver al hogar?

«La idea surgió cuando nació Mateo —cuenta el director, que estrena mundialmente su película aquí tras haberlo hecho en Venecia y Cannes con sus anteriores—. Me pasaba que me despertaba en el medio de la noche y me acercaba a su cuna para ver si respiraba. Yo sé que es algo normal, pero él me parecía tan frágil y todo tan milagroso, que por momentos no podía dormir, o tenía pesadillas angustiantes».

Si de enfrentar los temores se trata, Nacido y criado lo hace de lleno. «La película parte de un miedo, el miedo a la pérdida. Y de la idea de la desaparición y de cómo hace uno para reinventarse y avanzar —explica el director—. Es la historia de un tipo que cree haberlo perdido todo y que debe intentar reconstruirse».

El filme recoge aspectos de sus anteriores, especialmente en la relación que Santiago establece en la Patagonia con Robert, un compañero de trabajo (Federico Esquerro, su actor fetiche), y con el más veterano Cacique (el folclorista Tomás Lipán), ambos con sus propios conflictos familiares. Si ese universo remeda en algo al de Mundo grúa, la desolación y el desamparo del protagonista traen a la mente al Zapa de El bonaerense: un hombre forzado a abandonar su lugar en el mundo, solo y confundido en una tierra casi sin ley.

«Son diferentes las circunstancias pero a los personajes les pasan cosas similares —reconoce Trapero—. Esta tiene en común con El bonaerense el punto de vista único. Santiago está en casi todas las escenas. La diferencia es que no sabemos nada de su pasado: antes de la historia que cuenta la película no hay nada.»

Acaso esa sea una de las dos diferencias principales entre Nacido y criado y sus anteriores filmes: la ausencia de abuelos, padres, madres, tíos (no actúa su abuela, por primera vez) y la familia que precede al protagonista. En ese sentido, se puede decir que abre una nueva etapa en el cine del director, de 34 años. «Los vínculos sanguíneos desaparecen, los que hay son vínculos elegidos. Tanto su mujer como los amigos que tiene allá, son relaciones que él construye», explica.

La otra gran diferencia es visual: Trapero se lanza a filmar en la Patagonia, en un formato nuevo para él (en Super 35 mm. y lo que se conoce como Cinemascope), y si bien lo que cuenta sigue siendo personal e intimista, la película se transforma en una pequeña épica marcada por abrumadores paisajes nevados, bosques oscuros, rutas y aeropuertos desolados. Un universo no demasiado alejado al de El aura, película a la que, en algún aspecto visual (y existencial), remeda.

«Me interesaba explorar un universo visual diferente —analiza—. Lo que quiero es trabajar desde la imagen, que el relato no pase necesariamente por el contenido, por lo dicho, sino por lo visual. Son como dos películas en una, y en ese sentido también necesitaba encontrar relaciones de encuadres, cómo hacer convivir dos mundos antagónicos para formar un relato común».

Si bien la película parece, por esa impronta visual, más planificada y menos «improvisada» que sus anteriores, Trapero confiesa que su forma de filmar no cambió, que «sigue habiendo muchas diferencias entre el guión y lo que filmo. Me gusta investigar, ver hacia dónde me lleva el rodaje, los personajes. Y también, en el sur y con la nieve que viene y se va, muchas veces las circunstancias te obligan a cambiar las cosas sobre la marcha». Igual que Santiago, que también debe cambiar «sobre la marcha» y ponerse a buscar, con la mirada perdida como única cámara, cómo empezar a vivir una nueva película.
Complicaciones de trabajar con la familia

Si la abuela de Trapero, Graciana Chironi, fue coprotagonista de varias de sus películas, y tanto sus padres como su hijo trabajaron en pequeños papeles, era hora de que su mujer, Martina Gusman, trabajara con él. Pero éste, dice él, fue un caso diferente. «Martina es actriz, aunque no trabajó mucho. Cuando nos conocimos, ella trabajaba en producción, pero había estudiado teatro, tenía representante, todo. Me costó, pero finalmente logré convencerla de que trabajara conmigo».

Martina es, además, productora de las películas de Pablo. «La disfruté más como actriz, porque me dejaba tener la última palabra», dice, medio en broma y medio en serio. Lo más complicado, admite, fue la escena de sexo que filmó con ella y Pfening, su marido en la ficción. «Era todo en un solo plano y fue bastante difícil. Hay cierta fragilidad y exposición que son complicadas».

¿Lo pudiste resolver en una sola toma?

No, desgraciadamente tuvimos que hacer un par…

Información


Trapero cree que el año que viene empezará a filmar su próxima película. «Es la historia de una mujer que mata a dos hombres y va a la cárcel, embarazada de uno de ellos —cuenta—. Es una chica universitaria que se ve metida en un mundo que no imaginaba». Buena parte del filme transcurrirá en una cárcel para mujeres con niños pequeños

Diego Lerer TORONTO

 

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