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Las sensaciones en Nueva York, contadas por argentinos

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 11, 2006

Cinco años después de los ataques a las Torres Gemelas, los recuerdos de la tragedia siguen presentes en todos los neoyorkinos. Los argentinos que viven en la ciudad contaron cómo los atentados extendieron el dolor a todos. Y cómo el miedo se transformó en una forma de vida.

MUERTE. Los rescatistas buscan entre los escombro

El tiempo se paralizó. Hubo un día en Nueva York en que todos miraron el mismo instante. Esos minutos todavía no terminan. Carlos estaba en su azotea, Pedro miraba la televisión y Julian hablaba por teléfono. El primer avión, un Boeing 767, choca contra la Torre Norte del World Trade Center a la altura del piso 81.

Carlos Munz es un argentino de 59 años, que vive más de 35 en esta ciudad. El estaba en el techo del edificio donde vive, cuando observó la escena. “Me llamaron por teléfono y me dijeron: enciende el televisor y mira lo que está pasando. Cuando vi eso subí a la terraza, donde tengo un buen panorama, y observé cuando el segundo avión pegó en la Torre. Al comienzo pensamos que era un accidente pero ya con el segundo nos volvimos locos, no sabíamos que pasaba”

En ese mismo momento, el argentino Pedro Costa de 70 años y con más de media vida viviendo en Nueva York vio la alerta del noticiario de ABC. “Al inicio pensé que era algo simulado, pero cuando impactó el segundo dije, no, acá pasa algo”.

Tras el choque del segundo avión de United Airlines contra la Torre Sur en Manhattan, Julían Colin, un músico argentino de 22 años, comenzó a llamar por telefono a su tío, quien trabajaba en la Torre Sur del World Trade Center. “Pudimos hacer contacto con él y fue un alivio, pero a la vez todo fue shockeante”.

“Tres personas del edificio donde vivo murieron ese 11 de setiembre. No llegaron nunca a sus casas”, comenta con resignación Carlos.

Luego, la cámara lenta eterna del avión impactando una y otra vez sobre una de las Torres. Después, el otro avión de American Airlines chocando contra el Pentágono. Y finalmente, una cuarta aeronave estrellándose en Pensilvania. El tiempo venidero fue fugaz y terrorífico. Las Torres se desplomaron. El polvo y las cenizas trajeron una noche en plomo y ocre.

“Era el caos total. Había gente ensangrentada corriendo. Algunos si veían una bicicleta te la robaban pues estaban desesperados por ir a sus casas. Era una situación de pánico”, narra Julian, quien desde hace más de 6 años va y viene de Nueva York a Buenos Aires.

“La gente enloquecida se miraba y se preguntaba el porqué. Miles de personas indagaban por los desaparecidos, mientras otros vivían momentos de histeria. A nosotros en la Cruz Roja nos faltaban palabras y argumentos para consolar y atemperar el dolor (…) Durante mi estadía en la zona nadie dijo nada. El silencio lo decía todo”, cuenta Pedro quien es miembro de la Cruz Roja en la sección desastres.

Cinco años después esos segundos aún no terminan. El temor es parte de la piel de los neoyorkinos y el miedo es una forma de vida. Las macabras escenas siempre retornan. Las Torres derrumbándose, la gente cayendo desde los edificios, los policías y bomberos buscando las víctimas entre los escombros. Ese hedor a muerte todavía no se va. Esos recuerdos aún atan a todos. El asombro, el espanto, el pavor y la alarma parece que nunca más se irán de la ciudad.

“Lo que veo es que la gente sigue teniendo miedo. Pues todavía pasan cosas. Hasta yo tengo miedo pues trabajo en la 33 y la quinta avenida, cerca al Empire State. Ese es el edificio más grande que hay ahora”, comenta Hugo Paz, un obrero argentino de 29 años que ya lleva 7 en la ciudad. Dos de asombro y cinco de temor.

“Hay un momento que sabes que puede haber un atentado en cualquier instante, pero mucho no se puede hacer al respecto”, afirma con pasmosa resignación Julían. El dice que la indiferencia al miedo es el mejor aliado para vivir en la ciudad.

“Se ha perdido la seguridad y la gente ha perdido la confianza y no vamos a tener paz jamás en la vida, pues las amenazas son constantes (…) la gente trabaja y todo pero ahora es otro país”, dice Carlos, que comenta que trata de mantener la cabeza fuera de este tipo de pensamientos. Pero acepta que estos lo secuestran en cada uno de sus pasos por el aeropuerto cuando viaja.

Hubo un día en Nueva York en que las vidas de millones de desconocidos se atravesaron y crearon un trágico vínculo. Una atadura sostenida por el miedo. Los aviones aún siguen estrellándose en la mente de todos los neoyorkinos. La gente sigue huyendo despavorida de la ola de escombros. Ellos pueden dejar de recordar pero saben que jamás olvidarán.

Si usted  vivió en Nueva York durante los atentados contra las Torres Gemelas el 11 de setiembre del 2001, envíenos su testimonio a este blog

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