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En el Centro Cultural Recoleta

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 13, 2006

De la mano de Borges, un viaje a través de sus ciudades preferidas


Los aprestos de la muestra sobre Borges, ayer, en el Recoleta
Foto: Fabián Marelli

Se inauguró una muestra con fotos de las travesías por el mundo del escritor

 «Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erico el Rojo o de Copérnico. No hay un solo hombre que no sea un descubridor. Empieza descubriendo lo amargo, lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero, los siete colores del arco iris y las veintitantas letras del alfabeto; pasa por los rostros, los mapas, los animales y los astros; concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre casi total de su propia ignorancia.»

Con estas palabras que Jorge Luis Borges concibió como prólogo del libro Atlas -el volumen impulsado por Alberto Girri que recoge las imágenes de sus viajes capturadas por María Kodama, acompañadas por textos que las más distantes geografías le inspiraron al escritor- se inicia el laberíntico recorrido por la muestra El Atlas de Borges, inaugurada ayer en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, y abierta hasta el 12 del mes próximo.

Viaje deslumbrante por la intimidad del escritor a través de sus periplos por el mundo, la exposición reúne más de 130 fotografías tomadas por Kodama y textos de la obra borgeana, además de los extraídos del libro mencionado, editado en 1984, traducido a doce idiomas y hoy agotado en el país.

Un Borges casi siempre de traje y corbata, inseparable de su bastón, oficia de guía para el visitante por un viaje visual y literario a través de Filadelfia, París, Roma, Madrid, Buenos Aires, Estambul, Venecia, Ginebra, Creta, entre otros puntos del globo, como paradigma del viajero cultural, del eterno descubridor de cosas, maravillado por el mundo y sus secretos.

A unos metros de las pirámides egipcias, Borges reconoce haber «modificado el desierto». Lo cuenta así: «Me incliné, tomé un puñado de arena y lo dejé caer silenciosamente un poco más lejos».

Ginebra es, según Borges, la ciudad más «propicia para la felicidad», la urbe «del amor, de la amistad, de la humillación y de la tentación del suicidio». Porque, como él mismo desliza, «en la memoria todo es grato hasta la desventura». Y allí se ve a un Borges con los ojos cerrados, en actitud contemplativa, escudriñando el Monumento a los Reformadores, como si tanta concentración le dibujara con nitidez las imágenes de su infancia.

Están las cúpulas doradas de la iglesia ortodoxa, la mítica escalera de la catedral de Saint-Pierre, las sensuales curvas de la escultura de Henry Moore, junto con las aguas cristalinas del río Arve y las enlodadas del Rhone, en uno de los puntos geográficos más desconcertantes -«la Junction»- que Borges admiró, según contó Kodama a éste diario .

Curada por Fernando Flores, la muestra, que nació por iniciativa de Hernán Lombardi y ya se exhibió en Mendoza, viajará por el interior del país y luego se exhibirá en muchos de los lugares retratados, como una invitación más para asomarse al universo borgeano.

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