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Disney entró en la historia del arte

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 17, 2006

DE MUSEO. Dos visitantes observan la obra «Mickey Mondrian». La consagratoria muestra «Erase una vez Disney

En las mismas galerías se consagraron Poussin, Manet y Picasso, entre otros genios del arte. El organizador de la muestra sostiene que Disney está en ese lugar. Hay polémica.

En 1945 todo esto era imposible. No ya como problema académico sino en el llano, urgente mundo de los reporteros gráficos. La entonces promocionada colaboración entre la estrella surrealista Salvador Dalí y el genio del dibujo animado Walt Disney fue saludada con ironía como el encuentro entre “el maestro de los relojes blandos y el maestro…de Mickey Mouse”.

Las cosas casi casi se dieron vuelta desde ayer.

Los estudios Disney, muy especialmente su magnético instigador, entraron en el panteón del arte del siglo XX con la exposición Erase una vez Walt Disney, donde se explora la “clarividencia” del fundador, las grandes obras del arte occidental que inspiraron sus historias e historietas y las influencias que estas causaron en el arte contemporáneo.

A Disney no se lo está consagrando como artista así nomás. La muestra que organiza hasta el 15 de enero en París el Comité de Museos Nacionales junto con el Museo de Bellas Artes de Montreal no es en cualquier lugar. En uno muy especial, más bien. Las Galerías Nacionales del Grand Palais.

Allí, donde en las últimas décadas se han organizado algunas de las más grandes exposiciones de Europa, se han consagrado antes artistas como Pablo Picasso, Edouard Manet o Nicolas Poussin. Es un decisión fuerte, entonces, encolumnar a Disney en esa línea.

El hombre por detrás de la canonización de Disney como maestro es nada menos que Bruno Girveau, conservador jefe de la Escuela Nacional de París. Para Girveau, Disney (1901-1966) es, directamente, “uno de los grandes artistas de la historia del arte occidental”.

Ya en el catálogo de la muestra, Girveau se ataja: “El proyecto fue a veces acogido con una sonrisa perpleja. Muchos se preguntan, en efecto, qué hacen Walt Disney y su cohorte de personajes, de Mickey a Mowgli, en este templo del arte”. El lo tiene muy claro: “Parangón de cursilería y divertimento popular para unos, genial cuentacuentos para otros es una de las figuras más importantes del cine y, más ampliamente, del arte del siglo XX”.

La intención de Girveau se sirve, sobre todo, de las fuentes de la creación en Disney. En primer lugar el comentado episodio con Dalí, indudable admirador del creador de Mickey. “No se sabe quien dio el primer paso”, explica Girveau pero sí está claro que Disney propuso al pintor colaborar juntos en 1945, cuando éste trabajaba con Alfred Hitchcock en la adaptación de The House of Dr. Edwards. Ni Dalí ni Disney vieron Destino en vida pero alcanzaron a dejar un centenar de dibujos y pinturas que, como en una antología aparte, se exhiben ahora en el Palais.

Va más lejos, aún, cuando hace dialogar a los dibujos originales de Disney con el canon occidental: de la Edad Media al surrealismo, los primitivos flamencos, el cine expresionista o los pintores románticos y, aún, simbolistas. Sus escenografías se despliegan como continuación de las atmósferas ominosas del sombrío paisajista suizo Arnold Böcklin.

Otro sector evoca clásicos como las Fábulas de Esopo, el Libro de la Jungla, de Kipling; las aventuras de Pinocchio, de Collodi; los cuentos de los hermanos Grimm y de Perrault; o Alicia en el país de las Maravillas, de Lewis Carroll. Piezas claves en el imaginario de Disney, quien, acorde al guión de la muestra, también estudió en profundidad a los mejores ilustradores europeos del siglo XIX y principios del XX, de Gustave Doré a Ludwig Richter Moritz von Schwind o Arthur Rackham. Girveau no esconde la apropiación que Disney hizo de pioneros de la animación como Emile Reynaud, creador del proxinoscopio, y Emile Cohl.

El Palais documenta minuciosamente su estancia de once semanas en Europa, en 1935, como una prueba de su enorme capacidad para rodearse de artistas cuyas capacidades superaban las suyas. El objetivo de Girveau es mostrar cómo los filmes Disney “son fruto de una hábil mezcla entre la intuición personal” del fundador y la mayor cultura que poseían algunos de sus colaboradores, apoyada, escribe en el catálogo, “en la formación continua de los artistas en el seno mismo de los estudios”.

Para el final, Girveau deja una visión de las producciones Disney como fuente iconográfica en el arte de la segunda mitad del siglo XX. Su rastro se ve en el movimiento pop encabezado por Roy Lichtenstein, Claes Oldenburg y Andy Warhol, que hizo célebre una serie de Mickey Mouse en 1981.

En ese rastro, claro, Girveau ha tenido que dejar fuera las impertinencias de Bansky, enfant terrible del stencil. Quizás, a contrapelo de su intención bufa, la última intervención de este inglés anticipó la canonización artística de Disney. En un paseo de Disneyworld instaló una escultura de un prisionero de Guantánamo. Viene de atacar la Tate Gallery y otros parnasos del arte. El nuevo vecindario de Disney, al parecer.

A favor y en contra

Luis Felipe Noé

“Siempre he defendido a Disney como creador: lo admiro a pesar de su cursilería. Sin duda el aportó un mundo suyo, lo cual le da una estatura artística pero de allí a que se lo jerarquice como gran artista hay una distancia. Supo rodearse de buenos escritores y dibujantes: su gran genialidad fue su sentido empresario”.

Carlos Gorriarena

“Me parece una porquería que forma parte de una tendencia de treinta o cuarenta años de masificar todo. Seguro que mucha gente se ha divertido de pibe con Disney, y si lo toman por ahí me parece bien. Pero yo sigo pensando que hay niveles. Lucien Freud es una cosa; Disney otra. Y aún dentro de la historieta Hugo Pratt o Breccia me parecen más importantes”.

Martha Minujin

“Disney llevó la fantasía al máximo de la realidad. Es un gran artista del siglo XX, sin dudas. Creo que lo suyo es absolutamente pop, un verdadero precursor. Todo su planteo es maravilloso al margen de la creación de los dibujos que son una obra de arte en sí mismos”.

Nahuel Vecino

“En mi opinión el fin último del arte sería la posibilidad de reflexionar poéticamente acerca de la condición humana. Ahora bien, determinar si Pluto, Donald o Tribilín expresan o no este ideal, queda exclusivamente en una decisión absolutamente individual”

Grupo Mondongo

“Picasso es un genio y Walt Disney también. Es el inventor de un mundo extraordinario que con su estilo conquistó el universo. La cultura sabia también puede ser popular: Beatles. La cultura popular también puede ser sabia: Yupanqui”.

La conexión argentina


En los años 20, la sociedad, abatida por la guerra, había perdido el interés por los viejos cuentos. Mezclando genialidad y locura, Walt Disney se convierte en un contador de cuentos que pone en marcha una pequeña revolución que, en clave, reactiva en Occidente mitos y creencias esotéricas abandonadas tras la revolución industrial y el racionalismo.

La historia oficial, dice que Walt Disney nació en 1901, en Chicago, Illinois; que es hijo de Elías Disney; que gracias al largometraje basado en la novela Alicia en el País de las Maravillas se instala en Hollywood con su socio, Ub Iwerks y de su lápiz nace Oswald, el conejo de la suerte. En 1927, Oswald es un éxito, pero los conflictos con los distribuidores de Nueva York —en su mayoría judíos, destacaría Marc Eliot en su biografía Hollywood’s Dark Prince— lo convierten en Mickey Mouse. Un Oswald versión 2.0 que debuta en dos cortos mudos: Plane Crazy —sobre el control de una aeronave— y Gallopin Gaucho, que transcurre en un bar de La Pampa llamado: “Cantina Argentina”. En ese lugar, Minnie, que trabaja de copera, baila un tango para Mickey que la contempla acodado en la barra, trago en mano hasta que vuelve Pete y secuestra a la bailarina. El roedor, de guapo, monta un avestruz gigante, y rescata a la heroína.

Estos dos cortos, se estrenan en 1928, con sonido, gracias al hit Steamboat Willie (debut oficial de Mickey) y definen la trama y los roles de los personajes hasta 1940, cuando llega Fantasía, una combinación de hechicería, brujería y espiritismo, que no conquista a nadie hasta los 60 en que, LSD mediante, se convierte en una pieza de culto del movimiento hippie. En 1941, en medio de guerras sindicales y cazas de brujas, Disney realiza su primer viaje a la Argentina para contratar al ilustrador de Alpargatas Florencio Molina Campos. El artista, aún discutido en el canon argentino, se desempeña como asesor técnico en los rodajes de El gaucho volador, El gaucho reídor, Goofy se hace gaucho y Saludos amigos. Ese mismo año, Disney inaugura los estudios Burbank en California y comienza a trabajar en Pinocho, retomando así el sueño americano de la persona que se hace a sí misma.

2 respuestas hasta “Disney entró en la historia del arte”

  1. […] La Argentinidad…al palo. […]

  2. Daniel said

    la animacion digital no se remonta en disney sino en pixar gracias a steve jobs y todo comenzo por la culpa de una mujer ya que se queria divorciar de george lucas y necesita dinero para pagar haci que steve le dio diez millones de dolares y formo su empresa y la llamo pixar»pixel»

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