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Zona Roja : PLaza Trava desde las 22 horas.

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 17, 2006

JUNTOS. Jóvenes corriendo y travestis exhibiendo sus cuerpos. Las autoridades quieren que esta escena se repita lo menos posible.

 

CONVIVENCIA Y CONTRAVENCIONES : EN EL PARQUE TRES DE FEBRERO ESTA LA ZONA ROJA MAS IMPORTANTE DE LA CIUDAD

Buscan que la oferta de sexo en el Rosedal arranque a las 22

 

En la actualidad, alrededor de 200 travestis trabajan en turnos que largan a las 19. La Comuna negocia para que arranquen más tarde porque a esa hora mucha gente aún pasea o hace deportes.

Vestida con un discreto equipo de gimnasia, Tamara espera en un banco de cemento, en el Rosedal. Todavía hay algo de sol y ella podría ser una de los tantos deportistas que van al parque. Pero no. Cada tanto, un auto pasa lentamente y ella se le acerca, abre su campera y muestra un pantallazo de senos de quirófano, redondeados y enormes. A veces, el auto sigue viaje. Otras, su chofer la invita a subir a un paseo, que termina 10 minutos y $ 20 después. Tamara es una de las travestis que trabajan en el Parque Tres de Febrero.

Antes la mayoría de las chicas se ofrecían en la calle Godoy Cruz. Se mudaron al Parque cuando empezó a regir el nuevo Código Contravencional, el 23 de enero de 2005. El motivo es que, al menos hasta que se lo reglamente en forma definitiva, el Código autoriza la prostitución en espacios públicos si se ejerce a más de 200 metros de viviendas, escuelas y templos. Requisitos que los bosques de Palermo cumplen a la perfección.

Cuando avanzan las sombras, los deportistas se entremezclan con las chicas, que posan al costado de las calles. Algunas abren su impermeable frente a algún eventual interesado. Otras posan en minifaldas minúsculas. Curiosamente, de jogging, Tamara tiene un éxito particular. En menos de una hora, ya repitió su rutina unas cuatro veces a bordo de automóviles, desde un taxi hasta un BMW. Una rutina de $ 20 que pueden aumentar a $ 50 si el servicio es completo.

Una rubia dibuja una línea imaginaria con desdén. “Allá están las de provincia —dice señalando la parte más remota del lago— y acá las de Capital, como yo, que cobramos otras tarifas. Las mías van de 100 a 150”. Una colega, del lado de “allá”, se ríe al enterarse. “¡Qué va a cobrar eso!”.

Se calcula que hay unas 200 travestis que trabajan en tres turnos: de 19 a 24, de 24 a 4 y de 4 hasta el amanecer. A veces llegan más temprano. La hora de salida de las oficinas es buena para conseguir clientes. Pero ahora el director del Parque, Javier García Elorrio, está empeñado en que comiencen a trabajar más tarde, a partir de las 22. “La hora de protección al menor”, define.

“Hay familias que usan el parque hasta el atardecer —contó García Elorrio—. Y que no tienen por qué ver escenas de desnudez o sexo. Por eso les pedimos que vengan más tarde y que, si llegan antes, no estén desnudas. También vamos a hacer una campaña de concientización para que los clientes no vengan temprano”.

“Hay gente que viene con criaturas a medianoche. Y lo veo mal. Hay que cuidar las formas”. La que habla no es una vecina enojada. Es una travesti que acaba de bajar de un taxi, con su tapado de piel oscuro y un peinado impecable. “Alejandra Furor, encantada”, se presenta extendiendo una mano enguantada. Trabajó 14 años en Córdoba y Uriarte. Confiesa 40 años y promete seguir “batallando” hasta los 60.

“Esto después de las 23 explota. Hay de todo, ricos, pobres. Todos vienen a buscar un relax y una fogosidad que no tienen con su esposa. Algunos te pagan para que los escuches, sin tener relaciones. También vienen parejas: yo no sé qué les pasa a las mujeres, que están tan decididas a acostarse con travestis. Pero está bien, hay que probar de todo”.

García Elorrio ya firmó una carta de intención con Claudia Pía Baudracco, de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina (ATTA), para iniciar una ronda de diálogo. “Por un lado, para que se respete el espacio público del área protegida del Rosedal, pero también para que el Estado incluya socialmente a las trabajadoras sexuales, por ejemplo, ofreciéndoles cursos de capacitación en oficios”, dice el funcionario.

“Acá hay chicas que podrían tener VIH —dice Alejandra, que trabaja hasta alcanzar $ 50—. Yo estoy sana, pero también puedo contagiarme. Pero si no hacemos esto, ¿de qué vamos a vivir?”.

“Para las travestis prostituirse es una forma de subsistencia. Quisiéramos que no haya más personas en riesgo de prostitución y que el Estado les diera la chance de capacitarse para su inclusión laboral”, dice Baudracco, que suele recorrer los bosques para entregar preservativos y material informativo sobre enfermedades de transmisión sexual.

Cada día, en el parque aparecen 1.100 condones usados. Tanto es así que hubo que reforzar los operativos de limpieza, y además de levantarlos se lavan los caminos con agua y jabón. “Por eso también les pedimos que sean más responsables con los residuos. En este sentido hubo muchos avances: los preservativos siguen apareciendo, pero en los tachos”, dice García Elorrio.

No todos los que recorren el parque por la noche van en busca de sexo. Hasta hace poco, había quienes iban a practicar “tiro al travesti”, armados con rifles de aire comprimido. Otros intentaban robarlas. Unos flamantes lomos de burro ahora desalientan esas prácticas. “Acá la Policía no nos molesta, pero a veces les saca plata a los clientes. Sí vienen algunas barritas, que nos insultan y nos escupen. Tenemos que lucharla. Y yo seré una estrella, pero tengo mi indio interior. Y cuando lo saco, agarrate”.

García Elorrio reconoce que los usuarios del Parque casi no se quejan por los travestis. Y sabe que la prostitución tiene un marco legal que la permite. “Preferiría que no se practicara justo en el Rosedal, pero tampoco pienso en echar a nadie”, asegura.

El desafío
Daniel Fernández Quinti
Empujados por el flamante Código Contravencional y por la protesta vecinal, los travestis tuvieron que salir de la calle Godoy Cruz hacia el Rosedal. También por esa presión la Legislatura bajó el Código de Convivencia, que no penaba la prostitución callejera. Hoy constituye una contravención si se ejerce cerca de escuelas, iglesias o casas. Y se busca “regularizar” el trabajo de las travestis. El gran desafío es ser justos y tolerantes. Ver qué pasa con nuestros razonamientos e ideas, otro. Aquí están en juego desde la valoración de la elección sexual de todo aquel que no responda al “patrón de normalidad”, a reconocer el derecho del otro, sea quien sea. Y se debería encontrar una solución que acepten todos. Empujar hacia afuera no suele ser democrático.

Postales desde las otras zonas rojas
Una chica tambaleante se abraza a una reja del Parque Roca. Se recompone como puede cuando pasa algún auto. Pero esta noche todos parecen seguir de largo. En un predio vecino al Campo de Golf, hay otras dos mujeres. Un Ford Falcon sin luces para y una de ellas sube, para perderse en el interior del parque. Desde una camioneta, alguien vigila a todos quienes se acercan a las chicas. Así es la otra zona roja de la Capital donde la prostitución se ejerce sin infringir el Código Contraven cional, en las avenidas Roca, Escalada y Cruz, de Villa Soldati. Un lugar mucho menos amigable que los demás.

Al mismo tiempo, hay zonas que conviven con áreas residenciales. “Se suele trabajar donde hay concentración de hoteles alojamiento, porque ahí podés cambiarte e ir al baño”, dice Elena Reinaga, de la Asociación de Mujeres Meretrices (AMMAR). Siguiendo esta lógica, es comprensible que calles como Bacacay o Artigas, en Flores, el barrio de Constitución o los alrededores de Plaza Once sean los principales circuitos de oferta de sexo de la Ciudad.

Otros circuitos desaparecieron. “Antes a Marcelo T. de Alvear la llamaban la Avenida del Trabajo, porque ahí paraban los taxi boys —revela Ariana Cano Ojeda, guía de un tour erótico—. Ahora se ofrecen por Internet”.

Un señor saluda a una mujer, en una esquina cualquiera de Floresta. No es un cliente, es un vecino. “La gente ya nos conoce: yo hace 25 años que estoy acá —cuenta ella—. Hago esto para que el día de mañana mis tres hijas sean algo. La mayor tiene 19 y es la única que sabe lo que hago. Mi gran orgullo es que ya va a la universidad”.

Su compañera dominicana coincide: “Llegué hace 10 años. Sólo conseguía empleo de mucama. Empecé porque quiero darle lo mejor a mi hija de 4 años. Nunca le voy a decir qué hago. Cada noche le digo que voy a trabajar al bingo”.

Una respuesta to “Zona Roja : PLaza Trava desde las 22 horas.”

  1. hola me encanto la nota bha lo pocoq pude ver ya q me sale la 3º columuna monatada a la 2º y entorpece la lectra
    quisiera poder contectarme con quien escribe las mismas
    graias
    Ariana Cano Ojeda

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