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En la Capital: medidas para niños con distintas dificultades

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 20, 2006

Las plazas tendrán juegos especiales

En un proyecto tratado en la Legislatura se insta al gobierno a colocar elementos para discapacitados

Cuando su hijo era un niño, Elena Zappoli sólo podía lograr que Gerardo accediera a los juegos de la plaza de su barrio, Versailles, si lo llevaba a upa. Afectado por mielomeningocele (MMC), una enfermedad neurológica que disminuye las capacidades motoras, sensitivas y sensoriales, Gerardo caminó hasta los 12 años con bastones canadienses y desde entonces se moviliza en silla de ruedas.

«La arena le entraba en los bastones y los corroía. Además, como mi hijo y quienes sufren esta patología no tienen sensibilidad, si les entra arena dentro del zapato y los lastima no se dan cuenta. Y, como de la nada, les aparecen escoriaciones importantes. Y los juegos eran inaccesibles para él. Yo lo llevaba junto con la hermana y él se quedaba a un costado, mientras ella usaba las hamacas y los toboganes», recuerda Elena


La silla de hamaca, acondicionada

Para revertir esa situación, que juzga discriminatoria, el diputado porteño Alejandro Rabinovich (ARI) presentó un proyecto de ley (que ya obtuvo dictamen favorable de la Comisión de Espacio Público de la Legislatura) que obliga al gobierno local a colocar «juegos adaptados a niños/as con necesidades especiales en las plazas de la ciudad con esparcimientos infantiles».

Al hablar de patios de juego adaptados se refiere, básicamente, a la existencia de tres componentes:

  • Senderos y piso recubiertos en astilla orgánica, un material natural y dúctil, inofensivo ante caídas, por el que pueden circular cochecitos de bebe y sillas de ruedas.

  • Hamacas tipo sillita, con cinturones para sujetar el cuerpo y una estructura fija de la que los chicos puedan asirse para pasar de la silla de ruedas al columpio.

  • Mesas de arena, una suerte de areneros en altura, similares a mesas de cemento que contienen arena, con dos bordes convexos para que puedan acercarse bien quienes se movilicen en sillas de ruedas.

«Mi intención es potenciar la integración a partir de la solidaridad de los chicos entre sí; si chicos con capacidades diferentes comparten los juegos de la plaza ayudaremos a crear una generación más solidaria, más abarcativa, que entienda la experiencia del otro y, por lo tanto, la diversidad de experiencias», explicó Rabinovich.

Justamente para compartir experiencias, buscar contención, recibir atención sociosanitaria e idear soluciones a los problemas que enfrentan en común, Elena y otros padres de chicos con MMC trabajan desde hace décadas en la Asociación para la Espina Bífida e Hidrocefalia (Apebi), cuyo centro de día funciona en el barrio porteño de Caballito.


La Capital quiere tener un espacio propio para chicos con necesidades especiales

Gladys Monti, una de las fundadoras de Apebi, que también tiene una hija con MMC, concuerda con aquel contundente diagnóstico de Rabinovich: «En la ciudad de Buenos Aires no hay espacios verdes para todos. Mucho menos, juegos infantiles adaptados para integrar a los niños con discapacidades motoras. En algunas plazas ni siquiera hay rampas».

Para la psicopedagoga e investigadora del Servicio Nacional de Rehabilitación (SNR) María Rosa Gilligan, las medidas propuestas por Rabinovich son «soluciones sencillas y económicas que tienden a la integración y al desarrollo de los niños con necesidades especiales».

Explicó: «Los chicos con deficiencia motora severa ignoran la sensación de libertad que da la hamaca, la visión distinta del entorno y el placer de mecerse. Además, la hamaca estimula el trabajo de los miembros superiores e inferiores. Y la manipulación de la arena, para la que hoy tienen tantos obstáculos, tiene relación con la motricidad fina y la sensibilidad manual y estimula la imaginación. La sociedad debe tomar conciencia de que todos debemos vivir en un mismo espacio a un mismo tiempo. Es así»

Integración social
El director médico de Apebi, Ernesto González, coincidió: «Los juegos adaptados significan la integración social del chico al mundo de otros de su misma edad. Respetan el derecho de un niño a recrearse y a compartir actividades con sus amigos. Y poder andar a velocidad en una hamaca adaptada, por ejemplo, les permite una sensación de volar, de vértigo, que difícilmente puedan experimentar de otra forma».

En Apebi, destacó Zappoli, realizan un trabajo tendiente a la autonomía de los chicos con MMC, a la que podría contribuir el diseño de patios de juegos adaptados en las plazas de la Capital. Y Gilligan recordó que la ciudad de Buenos Aires refrendó, en 1990, la Declaración de Ciudades Educadoras; con eso asumió la voluntad de tomar las medidas administrativas oportunas para que todos los niños puedan disfrutar en igualdad de los medios y oportunidades de formación, entretenimiento y desarrollo personal que la ciudad ofrece.

Para impulsar esas medidas, desde Apebi y el SNR mantuvieron contacto con distintas instancias gubernamentales en los últimos tiempos. Finalmente, este año sus reclamos tuvieron eco en la Legislatura. «El Estado puede y debe llevar adelante estas pequeñas acciones, estos gestos mínimos para integrar a niños que hoy tienen sus posibilidades negadas», concluyó Rabinovich.

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