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El colombiano que se hizo escritor tras leer a Sabato

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 21, 2006

Juan Carlos Botero, hijo del famoso pintor, llegó a Buenos Aires a presentar El arrecife, una novela de aventuras con guiños literarios al autor de Sobre héroes y tumbas, Hemingway y Faulkner.

El escritor colombiano Juan Carlos Botero llegó a la Argentina
para presentar “El arrecife”, una novela de aventuras que narra la
historia de iniciación de un niño de siete años en una isla
caribeña y que ofrece guiños literarios a escritores como Ernesto
Sábato, Ernst Hemingway y William Faulkner.
El autor es hijo del famoso pintor Fernando Botero, de quien
parece haber heredado la inclinación artística pero no
necesariamente la facilidad de trazo: “Soy muy malo dibujando. Y
la verdad es que nunca se me ocurrió hacer lo que hace mi padre.
El me transmitió la pasión por el arte, pero lo mío no es la
pintura sino la literatura”, aseguró Botero
Descartado su padre como “instigador” de la vocación literaria, todos los indicios conducen al escritor Ernesto Sábato, a quien descubrió en los febriles tiempos de la adolescencia: “Me pasó, como le ocurrió a muchos que se descubren como escritores a través de otros escritores. Le pasó a (Gabriel) García Márquez con (Franz) Kakfa. Había leído de todo antes pero recién cuando leyó ’La metamorfosis’ sintió ese shock, esa toma de conciencia de la vocación latente”, señaló.

“En mi caso, me pasó con Sábato. Cuando leí ’Sobre héroes y tumbas’ tenía 17 años y quedé deslumbrado con la belleza de su prosa, sus imágenes y sus metáforas. Al concluir el libro, algo me llevó a sentir que mi deseo en la vida era escribir. El problema cuando pasa eso es que uno no quiere escribir a secas, sino escribir así, de esa manera”, explicó.

Botero tuvo en claro que lo suyo era la escritura, pero en el
camino debió sortear las trampas de la influencia literaria: “De
entrada, uno queda atrapado en la telaraña de la influencia del
narrador. Y así hay que dar una pelea a muerte para asimilar al
maestro a través de la escritura pero despojándose de su
influencia literal”, aseguró.

“Hubo momentos en que tuve miedo de convertirme en una mala copia de Sábato. Le pasó un poco a García Márquez con Kafka, pero su talento innato es tan increíble que aunque se perciba una huella evidente de la escritura kafkiana, tiene rasgos de originalidad que los hacen válidos por sí mismos”, explicó.

Juan Carlos Botero (Bogotá, 1960) estudió en la Universidad de los Andes, Harvard y la Universidad Javeriana y ganó el Premio Juan Rulfo de Cuento. Su primer libro, “’Las semillas del tiempo”, reunía 50 textos breves, al que siguió “Las ventanas y las voces”. Su primera novela, “La sentencia”, se publicó en 2002.

“El arrecife”, obra recién editada por Seix Barral que se lanzó en la Argentina hace unos días, es la segunda novela de Botero y, como su antecesora “La sentencia”, tiene como protagonista al mar y una serie de guiños ineludibles, en especial a Sábato, Hemingway y Faulkner.

“Esta novela viene acompañada no sólo de una preocupación estética y formal sino de la inquietud de presentar un contenido más profundo y más trascendental que mis obras anteriores. En mi novela anterior el tema del mar también estaba muy presente, pero desde una perspectiva menos ambiciosa”, señaló Botero.

“El mar es un escenario privilegiado para situaciones límite, para situar a los personajes ante conflictos extremos, donde los peligros son ineludibles y tienen lugar auténticos enfrentamientos con la muerte”, destacó el escritor.

“Mi padre es un hombre de montaña a quien no le gusta el mar para nada. A mí me apasiona el mar de pura casualidad y empecé a frecuentarlo por iniciativa propia desde pequeño, aunque no esa presencia tutora que tiene el protagonista del libro en su tío.

Para Botero, el mar es una de las pocas aproximaciones de la prosa en castellano al tema marítimo: “Me asombra comprobar el desconocimiento que existe sobre el mar. La gente no sabe, por ejemplo, por qué es salado. Navegamos hace miles de años y sólo conocemos el uno por ciento del fondo submarino, mientras que la conquista del espacio ha tenido lugar en apenas 65 años”.

“El arrecife” es una novela iniciática de un niño frente al mar, en una isla del Caribe, en la que casi forzosamente se detecta el rastro de Robinson Crusoe y sus personajes inolvidables: Alejandro y su solitario tío Ernesto se encuentran aislados en una pequeña isla, mientras a su alrededor la geografía y el clima imponen sus rigores y obstáculos.

“La historia está construida en torno a varios narradores: hay un narrador omnisciente que funciona casi como una cámara de cine,
contando los hechos tal como suceden sin intervenir en ellos. Otro
es un niño que relata cómo lo fue afectando el contacto con los
episodios que se narran”, apuntó.

“Por último, un tercer narrador, quizá el que tiene la finalidad más espiritual de la novela, que es el que va contando la parte más honda de lo que va sucediendo y que tiene la misión específica de explorar la relación entre el hombre y el agua.

“No es casual que tengamos en nuestro cuerpo la misma proporción de agua que hay en el planeta y que el organismo esté compuesto por un líquido salado al igual que el mar: nuestras lágimas son saladas, nuestra sangre es salada, nuestro sudor es salado -aseguró-. Hay una afinidad existencial con el agua: el hombre es acuático por naturaleza y terrestre por accidente. Por eso nacemos en un vientre lleno de agua y por eso respiramos agua durante los nueve meses de gestación”.

En “El arrecife” la tradición de la novela de iniciación, un género al que considera descuidado por sus colegas latinoamericanos: “Es importante que lo que uno escriba esté apoyado en pilares muy sólidos de tradición literaria. Hay escritores que escriben textos cuyas bases estructurales son menos firmes y por lo tanto pasan muy mal la prueba del tiempo”.

“El arte tiene que tener cimientos en la tradición para darle su solidez. La necesidad de recuperación de una tradición se hace
extensiva a la literatura colombiana: creo que estamos un poco
saturados del tema de la violencia urbana. Nuestra literatura
necesita una inyección de novedad”, señaló Botero.

“En ese sentido, es importante recuperar para el español la tradición de la novela de iniciación que se ha perdido, una tradición que viene desde la picaresca y que muchas culturas, como la anglosajona, han mantenido. La novela de iniciación, por otra parte, cumple un papel pedagógico importante”, opinó.

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