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ENTREVISTA A ROBERTO BENIGNI

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en septiembre 27, 2006


“Esta es una película sobre la pasión”


En “El tigre y la nieve”, que se estrena el jueves, el realizador de “La vida es bella” intenta retomar la senda tragicómica y antibélica de aquel filme al contar la historia de un amor en medio de la guerra de Irak.

EL AMOR ES MAS FUERTE. En el filme, que fue un éxito en Italia, Benigni encarna a un poeta que, en medio de la guerra, viaja a Irak a tratar de salvar a la mujer que ama. Actúan también Nicoletta Braschi (su esposa en la vida real) y Jean Reno.(Distribution Company)

 Aquella imagen de prototípico tano desaforado que supo cultivar en la época de esplendor de La vida es bella —entre 1998 y 1999— no ha desaparecido del todo. Pero el hombre se ha calmado un poco. Ya no es el payaso voraz que podía divertir o irritar de igual manera cuando saltaba por los asientos en la ceremonia de los Oscar (ganó tres, incluyendo mejor actor) y la ampulosidad ha dado paso a un cierto grado de calma y reposo.

Estamos hablando de Roberto Benigni, por lo cual tampoco habría que pensar que el encuentro es con un maestro zen, un hombre sabio, calmo y reposado. No. En su encuentro con Clarín, durante el último Festival de Berlín en el que se proyectó fuera de concurso su más reciente película, El tigre y la nieve, Benigni sigue siendo Benigni, sólo que un poco menos Benigni que antes.

Cuando habla, las manos vuelan por el aire, el hombre se para y se sienta para actuar alguna escena, hace ruidos y onomatopeyas para ayudarse cuando el inglés le falla (o cuando el italiano y el castellano presentan diferencias insondables) y sigue riéndose con franqueza. Un Benigni light, pero Benigni al fin.

Acaso el estrepitoso fracaso de su versión de Pinocho le haya dado un baño de humildad, de serenidad, un cambio de actitud. Su idea, antes de lanzar al mundo El tigre y la nieve, era claramente recomponer esa supuesta magia cómica-emotiva-trágica que logró impactar al mundo en aquel filme sobre el Holocausto. Esta vez, claro, con la guerra de Irak como fondo. No lo logró del todo, pero no hay dudas que el hombre hizo el esfuerzo.

El tigre y la nieve se centra en un apasionado maestro y poeta, Attilio De Giovanni (Benigni) que tiene un sueño recurrente en el que se ve casándose con una mujer. Un día, en Roma, va a una charla dada por un poeta árabe amigo suyo, Fuad (Jean Reno), que está por volver a Bagdad en pleno comienzo de la guerra de Irak, en 203. En ese momento, la “mujer de los sueños” de Attilio aparece en la vida real. Se trata de Vittoria (Nicoletta Braschi, esposa de Benigni en la vida real), una periodista que está escribiendo un libro sobre Fuad.

Attilio, a su manera, empieza a buscarla, pero ella lo rechaza. Un día, Fuad lo llama para decirle que Vittoria está en Bagdad y ha sido víctima de un bombardeo, por lo que su vida pende de un hilo. A nuestro héroe no le queda otra que unirse a la Cruz Roja, haciéndose pasar por cirujano, y tratar de llegar a Bagdad como sea para estar junto a su amada. Y, ¿quién sabe?, acaso salvar su vida.

En un lujoso hotel del Mitte (centro) berlinés, el actor y director italiano de 53 años conversó con Clarín acerca de sus grandes obsesiones: el amor y la pasión que todo lo transforman, la guerra como realidad y metáfora, y la forma en la que, para él, la comedia resulta un medio mejor que el drama para tratar ciertos temas

En la película, ¿hay que ver la guerra de Irak como un elemento central de la trama, su contexto o una metáfora?

Es el escenario de hoy, como en nuestras vidas. No hablo necesariamente de la guerra, pero está presente en nuestras vidas todo el tiempo (hace ruidos de bombas cayendo). Es nuestro escenario natural, nuestro cuento de hadas. La guerra es una pasión. Ese es el problema. Es una pasión de la humanidad. Y no hablo de ideología, política, del problema del petróleo ni de Bush. El problema está dentro de nuestro corazón. La tarea del artista es ir a mirar ahí, profundamente en nuestros corazones y entender por qué amamos la guerra. Porque la amamos, es una pasión. Ahora es la guerra en Irak, porque es lo que sucede actualmente, pero por supuesto que representa todas las guerras, incomprensibles y estúpidas de siempre.

¿Por qué no quiso hacer una declaración más directa sobre esta guerra?

Creo que ésta es la manera más activa de hablar sobre esta guerra, en mi opinión y, por supuesto, en mi estilo. Si hablas ideológica o directamente acerca de esta guerra es algo así como ponerle la etiqueta a la película: “¡Yo hablo sobre la guerra!” “Ah, muy bien”. No, eso es fácil. Podés hacer un documental, no una historia. Para mí eso es sólo una parte. Pero también está “la carretera de la narración”, que está vacía. Las historias de amor, las pasiones, los sentimientos: nadie está hablando de esto. Y éste es el mensaje más fuerte contra la guerra. Cuando alguien está poseído por la emoción, todos los poderes —tanto el comunismo como el fascismo o el nazismo— dicen “sé conformista, no te permitas pasión” porque no pueden controlarte cuando estás apasionado, poseído por el amor. No existe un poder que pueda controlar nuestras pasiones. Quizás no podamos elegir nuestro destino, pero siempre podemos elegir el sentido que queremos darle a nuestra vida. Eso es importante.

Es un poco el recorrido que hace su personaje…

Es alguien libre. El protagonista de la película es lo contrario al poder porque está vivo, enamorado y libre. Este es el mensaje de la película contra la guerra. El mensaje más profundo, más directo. Porque no entra ideológicamente por aquí (se toca un oído) y sale por aquí (se toca el otro). Entra por el corazón. Y cuando algo se mete ahí nunca sale.

¿Cuándo hace estas películas, siente que su deber como artista es tratar de que cambie algo en el mundo?

Sólo Jesucristo puede hacer eso. ¿Quién soy yo para eso? Lo que tenemos que hacer es comportarnos bien y eso significa tratar —y con eso sí podemos cambiar la sociedad— de ser personas amables, simples. Este es el mensaje más elevado. Y enamorados. Un artista como Dante o como Shakespeare acaso no puedan cambiar la sociedad o el mundo, pero muestran la belleza. Y están ahí para consolarnos. Eso es importante. Y los poetas pueden ayudarnos a transformar la rabia o la desesperación en acción.

¿Qué es más efectivo para transmitir este tipo de mensaje? ¿La comedia o el drama?

La comedia y el drama son parte de nuestras vidas. Todos los días estamos en el borde de la tragedia y el ridículo, de la comedia y el drama, de la risa y el llanto. Solamente sentimos estas dos cosas. Esta es una película sobre la pasión, pertenece a los árboles, a las piedras…

Pero usted elige mantenerse en la comedia. ¿Por qué?

Porque la comedia nos recuerda que somos ridículos. La comedia es cruel porque nos recuerda que somos cositas pequeñas

Como actor y director, ¿a quiénes mencionaría como referencias?

Por supuesto que a Charlie Chaplin, que es mi preferido en todo el mundo, de todo el tiempo. O Luis Buñuel, o Federico Fellini, porque filman en el mismo estilo que los sueños. Pero Chaplin fue el primero en darnos el maravilloso sentimiento de poder llorar y reír al mismo tiempo, y de usar el cuerpo de esta manera graciosa, y de mirarnos a los ojos diciéndonos que somos maravillosos, y que la pobreza es una riqueza maravillosa. Y al mismo tiempo ser cruel. No era alguien dulce y amable, sino bastante cruel. Nos estaba mostrando nuestra alma y le debemos una cantidad increíble de alegría. Aquella imagen de prototípico tano desaforado que supo cultivar en la época de esplendor de La vida es bella —entre 1998 y 1999— no ha desaparecido del todo. Pero el hombre se ha calmado un poco. Ya no es el payaso voraz que podía divertir o irritar de igual manera cuando saltaba por los asientos en la ceremonia de los Oscar (ganó tres, incluyendo mejor actor) y la ampulosidad ha dado paso a un cierto grado de calma y reposo.

Estamos hablando de Roberto Benigni, por lo cual tampoco habría que pensar que el encuentro es con un maestro zen, un hombre sabio, calmo y reposado. No. En su encuentro con Clarín, durante el último Festival de Berlín en el que se proyectó fuera de concurso su más reciente película, El tigre y la nieve, Benigni sigue siendo Benigni, sólo que un poco menos Benigni que antes.

Cuando habla, las manos vuelan por el aire, el hombre se para y se sienta para actuar alguna escena, hace ruidos y onomatopeyas para ayudarse cuando el inglés le falla (o cuando el italiano y el castellano presentan diferencias insondables) y sigue riéndose con franqueza. Un Benigni light, pero Benigni al fin.

Acaso el estrepitoso fracaso de su versión de Pinocho le haya dado un baño de humildad, de serenidad, un cambio de actitud. Su idea, antes de lanzar al mundo El tigre y la nieve, era claramente recomponer esa supuesta magia cómica-emotiva-trágica que logró impactar al mundo en aquel filme sobre el Holocausto. Esta vez, claro, con la guerra de Irak como fondo. No lo logró del todo, pero no hay dudas que el hombre hizo el esfuerzo.

El tigre y la nieve se centra en un apasionado maestro y poeta, Attilio De Giovanni (Benigni) que tiene un sueño recurrente en el que se ve casándose con una mujer. Un día, en Roma, va a una charla dada por un poeta árabe amigo suyo, Fuad (Jean Reno), que está por volver a Bagdad en pleno comienzo de la guerra de Irak, en 203. En ese momento, la “mujer de los sueños” de Attilio aparece en la vida real. Se trata de Vittoria (Nicoletta Braschi, esposa de Benigni en la vida real), una periodista que está escribiendo un libro sobre Fuad.

Attilio, a su manera, empieza a buscarla, pero ella lo rechaza. Un día, Fuad lo llama para decirle que Vittoria está en Bagdad y ha sido víctima de un bombardeo, por lo que su vida pende de un hilo. A nuestro héroe no le queda otra que unirse a la Cruz Roja, haciéndose pasar por cirujano, y tratar de llegar a Bagdad como sea para estar junto a su amada. Y, ¿quién sabe?, acaso salvar su vida.

En un lujoso hotel del Mitte (centro) berlinés, el actor y director italiano de 53 años conversó con Clarín acerca de sus grandes obsesiones: el amor y la pasión que todo lo transforman, la guerra como realidad y metáfora, y la forma en la que, para él, la comedia resulta un medio mejor que el drama para tratar ciertos temas.

En la película, ¿hay que ver la guerra de Irak como un elemento central de la trama, su contexto o una metáfora?

Es el escenario de hoy, como en nuestras vidas. No hablo necesariamente de la guerra, pero está presente en nuestras vidas todo el tiempo (hace ruidos de bombas cayendo). Es nuestro escenario natural, nuestro cuento de hadas. La guerra es una pasión. Ese es el problema. Es una pasión de la humanidad. Y no hablo de ideología, política, del problema del petróleo ni de Bush. El problema está dentro de nuestro corazón. La tarea del artista es ir a mirar ahí, profundamente en nuestros corazones y entender por qué amamos la guerra. Porque la amamos, es una pasión. Ahora es la guerra en Irak, porque es lo que sucede actualmente, pero por supuesto que representa todas las guerras, incomprensibles y estúpidas de siempre.

¿Por qué no quiso hacer una declaración más directa sobre esta guerra?

Creo que ésta es la manera más activa de hablar sobre esta guerra, en mi opinión y, por supuesto, en mi estilo. Si hablas ideológica o directamente acerca de esta guerra es algo así como ponerle la etiqueta a la película: “¡Yo hablo sobre la guerra!” “Ah, muy bien”. No, eso es fácil. Podés hacer un documental, no una historia. Para mí eso es sólo una parte. Pero también está “la carretera de la narración”, que está vacía. Las historias de amor, las pasiones, los sentimientos: nadie está hablando de esto. Y éste es el mensaje más fuerte contra la guerra. Cuando alguien está poseído por la emoción, todos los poderes —tanto el comunismo como el fascismo o el nazismo— dicen “sé conformista, no te permitas pasión” porque no pueden controlarte cuando estás apasionado, poseído por el amor. No existe un poder que pueda controlar nuestras pasiones. Quizás no podamos elegir nuestro destino, pero siempre podemos elegir el sentido que queremos darle a nuestra vida. Eso es importante.

Es un poco el recorrido que hace su personaje…

Es alguien libre. El protagonista de la película es lo contrario al poder porque está vivo, enamorado y libre. Este es el mensaje de la película contra la guerra. El mensaje más profundo, más directo. Porque no entra ideológicamente por aquí (se toca un oído) y sale por aquí (se toca el otro). Entra por el corazón. Y cuando algo se mete ahí nunca sale.

¿Cuándo hace estas películas, siente que su deber como artista es tratar de que cambie algo en el mundo?

Sólo Jesucristo puede hacer eso. ¿Quién soy yo para eso? Lo que tenemos que hacer es comportarnos bien y eso significa tratar —y con eso sí podemos cambiar la sociedad— de ser personas amables, simples. Este es el mensaje más elevado. Y enamorados. Un artista como Dante o como Shakespeare acaso no puedan cambiar la sociedad o el mundo, pero muestran la belleza. Y están ahí para consolarnos. Eso es importante. Y los poetas pueden ayudarnos a transformar la rabia o la desesperación en acción.

¿Qué es más efectivo para transmitir este tipo de mensaje? ¿La comedia o el drama?

La comedia y el drama son parte de nuestras vidas. Todos los días estamos en el borde de la tragedia y el ridículo, de la comedia y el drama, de la risa y el llanto. Solamente sentimos estas dos cosas. Esta es una película sobre la pasión, pertenece a los árboles, a las piedras…

Pero usted elige mantenerse en la comedia. ¿Por qué?

Porque la comedia nos recuerda que somos ridículos. La comedia es cruel porque nos recuerda que somos cositas pequeñas.

Como actor y director, ¿a quiénes mencionaría como referencias?

Por supuesto que a Charlie Chaplin, que es mi preferido en todo el mundo, de todo el tiempo. O Luis Buñuel, o Federico Fellini, porque filman en el mismo estilo que los sueños. Pero Chaplin fue el primero en darnos el maravilloso sentimiento de poder llorar y reír al mismo tiempo, y de usar el cuerpo de esta manera graciosa, y de mirarnos a los ojos diciéndonos que somos maravillosos, y que la pobreza es una riqueza maravillosa. Y al mismo tiempo ser cruel. No era alguien dulce y amable, sino bastante cruel. Nos estaba mostrando nuestra alma y le debemos una cantidad increíble de alegría.

 

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