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ENTREVISTA A KEN LOACH, GANADOR DE LA PALMA DE ORO EN CANNES

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 5, 2006

«La guerra brutaliza»


El realizador inglés se defiende de las críticas que sus compatriotas le hacen a «El viento que acaricia el prado», en el que denuncia el maltrato de soldados ingleses a campesinos irlandeses en los años ’20.

RODAJE. Cillian Murphy, protagonista de la nueva película del director de «Riff Raff», con el director Loach (derecha). (Distribution Company)

A los 70 años, delgado y frágil, sufriendo una artritis que lo tiene a mal traer hace ya tiempo, Ken Loach no parece ser el candidato ideal para el rol de Enemigo Público Nø1 que algunos le han estampado en su Gran Bretaña natal. En medio del Festival de Cannes, en mayo pasado, antes de saber que iba a adueñarse de la Palma de Oro, aunque ya evidentemente advertido de las polarizadas y fuertes respuestas que su película había causado en la prensa (especialmente en la inglesa), el realizador británico de clásicos como Kes, Agenda secreta y Riff Raff habló con Clarín acerca de El viento que acaricia el prado.

La película se centra en la Guerra de la Independencia en Irlanda en los años 1920-1922, a partir de los acontecimientos que suceden en un pequeño pueblo rural de la zona de Cork, que empiezan con la rivalidad entre el ejército inglés y los pobladores irlandeses para pasar —tras la firma de un tratado de paz con los que no todos los locales estuvieron de acuerdo— a una lucha fratricida, ya que los protagonistas (Cillian Murphy y Padraic Delaney) son dos hermanos que terminan enfrentados políticamente. «Lo que sucedió en Irlanda en esos años es fundamental para entender lo que sigue sucediendo hoy —explica—. La película cuenta un proceso histórico a través de la vida de un grupo de personas cuyas experiencias los hacen más conscientes de la situación política que los rodea.»

En el caso de El viento, las simpatías de Loach y su guionista Paul Laverty parecen estar del lado de la facción más radical de los independentistas irlandeses. «Tratamos de mostrar a ambos hermanos como personas íntegras —dice—. Son dos personas dañadas por la guerra y ninguno tolera la traición. Tampoco son santos. Los mostramos disparándoles a soldados ingleses que están bebiendo en un pub. También matando a rehenes.»

Pero tras ver de entrada cómo tratan los ingleses a los irlandeses hasta parecen justificables esas actitudes…

No creo que unos sean más virulentos que otros. Los soldados ingleses (llamados los Black & Tans) eran en muchos casos veteranos de la Primera Guerra que, en lugar de ser recibidos como héroes, fueron enviados a Irlanda a combatir por dinero. Y eran personas que venían muy dañadas para poder controlar la situación. La guerra brutaliza a la gente y eso genera sus efectos.

Y las consecuencias de esa brutalidad se sienten hoy.

El pasado está siempre determinado por el presente. El asesinato y la violencia continúan hoy y pueden ser vistos como legado de ese tratado firmado entre los dos países entonces. Fue hipócrita y traté de mostrar sus consecuencias a partir de la experiencia de vivir en un pueblo rural controlado por un ejército de ocupación. Pero el problema, en definitiva, no es entre países, sino entre una clase dominante opresora y una clase rural dominada.

Loach dice que rodar en Irlanda (no lo hacía desde Agenda secreta, en 1990) fue impactante ya que «todas las familias allí tienen historias fuertes y trágicas. Te muestran lugares donde mataron a sus abuelos o casas que fueron derribadas o agujeros de balas que permanecen. Fue bueno poder filmar allí, la gente nos trató de manera fantástica. Hay muchas partes que fueron modernizadas y nos costó encontrar las locaciones que buscábamos».

Si bien dice Loach que el tema de los festivales de cine no le resulta importante, reconoce que para películas como las suyas la exposición que puede darle un evento como Cannes es invalorable. «Es nuestro pequeño nicho —dice—. Que nos inviten es un honor, y que nos den premios todavía más. Pero no es lo fundamental para nosotros.»

Nacido en Nuneaton, Warwickshire, en 1936, Loach vivió hasta hace poco en Bath, pero se mudó cerca de Londres, donde está su compañía productora, Sixteen Films. Fascinado de pequeño por el teatro, descubrió el cine en la adolescencia y se mostró fascinado por el neorrealismo italiano y luego por el cine francés y checoslovaco. Empezó trabajando en televisión, como tantos realizadores ingleses (si bien siempre ha dicho tener una gran deuda con el teatro, «en especial en el trabajo con los actores») y se consagró en cine en 1969 con su pequeño drama independiente Kes.

«Fue en mi época de estudiante en Oxford cuando empecé a desarrollar mi conciencia política —explica—. Era la época en la que Brecht era muy popular. Luego, cuando trabajaba en la BBC 1, tenía muchos compañeros bastante radicales.» Para muchos, los filmes de Loach se dividen entre los que tratan temas históricos y políticos (Tierra y libertad, La canción de Carla), y aquellos actuales, en los que la situación social y política se cuela a través de las vidas de personajes de la clase trabajadora (Raining Stones, Riff Raff, Mi nombre es todo lo que tengo). El viento pertenece a la primera categoría.

Viendo la película se tiene la sensación de que, a través de esta historia, está tratando de hablar de la situación política de hoy, del ejército de ocupación en Irak…

Es un proyecto que tengo hace casi treinta años, así que la relación no es directa. Pero es cierto que se pueden comparar, en ambos casos se vive bajo el control de ejércitos de ocupación. Si vivís en Falluja o en Bagdad, ¿con qué ojos mirarías a los norteamericanos? Son resistidos. Y un acto de resistencia lleva a otro de violencia y así sucesivamente. Con esto no quiero decir que sea una película contra Gran Bretaña o contra los Estados Unidos, sino contra las políticas de sus gobiernos. Lo que pasa es que ahora no se puede criticar a tu gobierno sin que te tachen de enemigo del país. Yo soy inglés, pero no me identifico con las políticas del gobierno, lo mismo que muchos norteamericanos no se identifican con las del suyo.

Para terminar, y mientras el sol que ilumina el jardín de un lujoso hotel a metros de la playa parece no tener nada que ver con los temas de los que habla, Loach dice: «Si uno no analiza honestamente la historia, nunca habrá posibilidad de lograr la paz. Mientras el Estado y los políticos británicos no reconozcan la responsabilidad que les cabe por los problemas que existen en el Norte no se logrará una paz duradera».

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