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«El mundo destruyó un edificio y todavía no ha construido otro»

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 10, 2006

 

 

El ensayista Juan José Sebreli advierte sobre el desconcierto de la globalización

“Vivimos en la era del desconcierto y en el subgénero de los fines: fin de la ideología, fin de la historia, fin de Dios, fin del hombre. En lugar de hablar de decadencia, tenemos que hablar de transición a un mundo nuevo, en el cual la globalización de la política es el comienzo.”

Así se expresa, en diálogo con LA NACION, el escritor y pensador Juan José Sebreli, cuando su ensayo El olvido de la razón (Sudamericana) acaba de ganar la calle.

Mientras procura reponerse de un robo sufrido en su propia casa, que lo ha dejado perturbado porque entre los objetos que perdió se encuentra nada menos que su computadora, Sebreli destaca que hoy se vive en Buenos Aires un clima de enorme inseguridad.

En su ensayo, el autor recorre, profusamente documentado, las corrientes filosóficas del siglo XX que, nacidas a fines del siglo XIX, impregnan el presente. Su teoría es que ha existido una continuidad de aquellas ideas y que en la actualidad vivimos el desconcierto posterior a la era de la antiilustración.

“Hay, sin embargo, quienes defienden la Ilustración, como Habermas, dentro de una corriente minoritaria. Lo predominante en el siglo XX fue la antiilustración, que ha dejado paso al desconcierto, porque el estructuralismo está pasado, el psicoanálisis en crisis, el posestructuralismo superado. Estamos en un momento en que se ha destruido un edificio y aún no se ha construido otro», señala el escritor.

El olvido de la razón es un libro necesario. Para entender desde Dovstoievski, Schopenhauer, Heidegger, Schelling, Nietzsche, Freud, Lacan, Deleuze, Derrida y otros, que la sociedad ha llegado hasta aquí para enarbolar la bandera del multiculturalismo «cuya aparición sólo se justifica porque el racismo y la xenofobia están muy desprestigiados».

-Este libro, con sus ideas del pasado, ¿qué nos dice del presente?

-El libro se refiere al presente. Habla prácticamente de todas las ideas del siglo XX, que en realidad empieza en las últimas décadas del siglo XIX, en que aparecen los precursores de las ideas que van a ser desarrolladas en el siglo pasado. Empiezo con los románticos alemanes, muchos de los cuales eran poetas y artistas, no filósofos, con excepción de Schelling y Schopenhauer. Luego sigo con Schopenhauer, porque fue muy popular. Sus libros se vendían en los quioscos y su influencia alcanzó incluso a Hitler, que lo consideraba su maestro, junto con el Bhagavad Gita , su libro de cabecera.

-¿Qué vestigios de las ideas del romanticismo alemán y la Ilustración existen hoy?

-Del romanticismo alemán queda la estetización del pensamiento y la vida. Es decir, la vida como arte. El filósofo es a su vez artista. Heidegger también desarrolla esas ideas. Las bestias negras de esas corrientes antiilustradas eran la subjetividad y la historia.

-¿Es posible hallar en las ideas filosóficas del pasado el origen del fanatismo, simiente del terrorismo actual?

-El fundamentalismo islámico está en sociedades que nunca llegaron a la modernidad; no pasaron ni por el Renacimiento ni por la Ilustración ni por nada. Pero hay un problema mayor: esos movimientos fanáticos existen en Occidente. Una de las justificaciones que se adoptan en defensa del fanatismo, la intolerancia religiosa y el fundamentalismo islámico es justamente la corriente del relativismo cultural, hoy predominante. Y eso es el multiculturalismo.

-¿Por qué el multiculturalismo es una justificación?

-En el relativismo cultural todo es igual; todo vale. Ese relativismo lleva a un dilema insoluble: si nuestros valores son la libertad y la igualdad -entre las distintas etnias, sexos, géneros y clases sociales-, no podemos respetar, al mismo tiempo, otras culturas para las que esos valores carecen de toda importancia. Más aún si esas otras culturas predican la desigualdad de sexos, por ejemplo.

-¿Dónde está la contradicción?

-Hay una contradicción muy grande en cierta progresía occidental que defiende acérrimamente los derechos humanos y acepta cierto orientalismo que cree en el karma, que es la negación misma de la libertad y los derechos humanos. Cuando los individuos están determinados por el karma, no hay libertad. No puede haber una defensa de esos valores que consideramos los mas grandes, la libertad y la igualdad, si al mismo tiempo reivindicamos el multiculturalismo, o sea que todo vale lo mismo.

-¿De qué hablamos cuando decimos «identidad cultural»?

-La idea de identidad cultural se ha sustituido por el multiculturalismo que parece progresista, pero no lo es. Ello es así porque otras formas como el racismo y la xenofobia están desprestigiadas. El multiculturalismo dice que todas las culturas son exactamente iguales. Desde ese punto de vista, habría que respetar la cultura alemana de la preguerra, de la que formaba parte el antisemitismo, o la de los hindúes que quemaban a las viudas; o a los aztecas, que inmolaban a los adolescentes en los altares, y hasta la cultura africana que aplica la ablación a las mujeres. Si somos multiculturalistas, debemos aceptar esto. Ese es el gran dilema que los relativistas aún no han visto.

-¿Por qué filósofos tan relevantes, como Schopenhauer, Heidegger y Nietzsche, simpatizaron con el nazismo?

-Nietzsche murió antes, pero la hermana lo nazificó. De cualquier manera, los nazis lo reivindican. A Nietzsche le pasó lo que a muchos pensadores contemporáneos de Hitler, que prepararon el clima nazi y cuando Hitler ganó, se retiraron o mantuvieron una relación reticente. Pero eso es característico en la relación entre el intelectual y el hombre de acción, porque el intelectual piensa que el hombre de acción tergiversa sus ideas. Heidegger tuvo problemas con los nazis, pero nunca renegó de esa ideología.

-¿Qué era estar de acuerdo con la ideología nazi?

-Heidegger hablaba de una revolución metafísica en contra de las civilizaciones tecnológicas y materialistas representadas por Estados Unidos y la Unión Soviética. Después consideró que los burócratas nazis no habían hecho esa revolución plenamente.

-Si, como usted dice en su libro, las ideas que Freud aplicó exitosamente existían antes de su creación del psicoanálisis, ¿cuál es el mérito de Freud?

-Su capacidad organizativa de todas esas ideas que ya existían sobre la teoría de los sueños, de los chistes, del sexo como motor de la vida. Hoy el psicoanálisis está en crisis. Su mérito fue organizativo. Sus seguidores se organizaron en forma de secta casi ocultista y el disidente era expulsado. Eso le dio un gran poder. Además, Freud fue muy constante. Pero, como toda moda, el psicoanálisis cumplió un ciclo, se agotó, aburrió. Desde una perspectiva más profunda, el psicoanálisis fue carismático y ese carisma terminó por rutinizarse y burocratizarse.

-¿Cómo repercute en la vida urbana hoy?

-Hoy vivimos el subgénero del fin: fin de la ideología, de la historia, del hombre, de Dios. Pero yo veo el nacimiento de un mundo nuevo. Más que de decadencia, yo hablo de transición. Este mundo global está llevando adelante algo que predijo el socialismo, con otros métodos: la desaparición de las naciones y de las guerras mundiales. Vamos hacia un mundo transnacional, marcado por la globalización de una política democrática. Eso es lo único que podría achicar la brecha entre ricos y pobres. 

 

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