LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

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Joaquin Furriel, “Si algo me molesta, prefiero no verlo”

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 10, 2006

El amigo que traiciona, el esposo perverso, el amante inescrupuloso, el padre manipulador, el hijo sometido, el astuto político.

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Todos esos matices conviven en el cuerpo de Marcos Lombardo, el villano de “Montecristo” que cada noche alimenta aún más el odio del vengador Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri). ¿Pero cuánto tiene en común el personaje con su mentor, Joaquín Furriel? A simple vista, el chico criado en Adrogué, ése que le huye a los flashes, sólo comparte la mujer: desde hace más de un año la prensa del corazón lo persigue por ser el hombre que se ganó a Paola Krum, la heroína que en brazos de Echarri interpreta escenas de alto voltaje.

Furriel (32) preferiría que se hablara más de sus inicios en el teatro y de su traslado a la TV, donde saltó de “Montaña rusa”, allá por los ‘90, a “Soy gitano”. Pero el juego mediático lo obliga a figurar por páginas de revistas a las que detesta.

Actor de teatro desde los 13 años (cuando se sumó al grupo teatral de Almirante Brown, donde debutó con “Juegos a la hora de la siesta”, de Roma Mahieu), egresado del conservatorio y confeso hincha de Racing, el muchacho que brotó con fuerza en la pantalla chica, enriquece paulatinamente a su malévola criatura. Desde aquel viaje a Marruecos en el que abandonó a su amigo (Echarri) para apoderarse de su novia (Krum, justamente su pareja en la vida real), este antagonista al que interpreta suelta gradualmente pequeñas cuotas de maldad que hacen pensar que no ha llegado aún al punto de ebullición en el que toda su crueldad saldrá a flote.

-¿Este villano está inspirado en alguien? ¿Tiene rasgos tuyos?

-Está basado en la observación. Los políticos en los últimos años se han transformado en más actores que nosotros y gran parte tiene que ver con ellos. O con abogados de gran exposición que agarran casos escandalosos. Es un ejercicio observar. Marcos también tiene cosas inhibidas de uno. Cosas mías, reprimidas y cercanas.

-¿Cuáles?

-La contradicción permanente en la que vive el personaje. O pequeñas cosas que me dan vergüenza y no voy a decirlas, pero también hago.

-¿Más que malvado, Marcos no es también una gran víctima?

-Él se instala en ese lugar y eso es lo perverso. Desde ese lugar es impredecible y no tiene límites. Puede llegar a traicionar a quien le convenga. Lo rico es que su relación con cada personaje es una sorpresa. No es el mismo cuando está con otros que con su madre, por ejemplo. La relación que tiene con ella es la que tiene con las mujeres. No sabe cómo tratarlas. O sea, desde el lugar de las carencias gana humanamente. Pero no por eso es incuestionable.

-¿Tanto odio no te afecta cuando te sacás el personaje de encima?

-Al contrario. Es terapéutico para mí. La actuación para mí es autoconocimiento.

Desde el “matón de poca monta”, que interpretó por primera vez en TV como un bolo, hace más de una década, Furriel sabe que se fue afirmando progresivamente “más allá del formato”. “Está bueno que crean que uno es un producto de la tele. Así no esperan mucho más. Al principio lo veía como algo negativo. Después dije: “está buenísimo, porque cuando vengan al teatro, con lo mínimo los voy a sorprender”, dice distendido quien pasó por el Cervantes con “Tennessee” y hoy acaba de abandonar “La malasangre”, de Griselda Gambaro por incompatibilidad de agendas.

-Es sabido que odiás hablar de tu intimidad, pero resulta inevitable que haciendo lo que hacés la gente no quiera consumir eso. ¿Cómo lo llevás?

-Por momentos siento que es una ridiculez que se metan en esa parte. No soy un científico que quiere mejorar la humanidad. Soy un actor. Y a veces estoy más sensible y siento la violencia, la mala educación de la gente: hoy vengo de una clínica en donde tengo un familiar internado, allí se acercan tres mujeres que dicen Marcos, ay, no me hagas el personaje, reíte. Y yo les contesté que eran unas desubicadas. Es un poco contradictorio.

-¿En la intimidad, hablan con tu mujer de “Montecristo”? ¿Son críticos uno con el otro?

-A veces sí, pero es como cualquier pareja que comparte el trabajo.

-Pero imagino que las escenas de sexo, por ejemplo, no te son indiferentes.

-No, pero si algo me molesta, prefiero no verlo.

-¿Se van a casar?

-Prefiero que la gente no lo sepa. No tiene por qué. Lo que habla de mí es el trabajo. No van a poder consumir eso de mí.

-¿No fantaseás con tener hijos ya?

-Sí. Cuando viajo me lo replanteo. Me gustaría poder compartir mi vida con un hijo. Pero todo tiene su tiempo.

-No se los ve por la noche. ¿No salen o le huyen a la prensa?

-Salimos, pero no a lugares donde puedan vernos. Igual, no soy fóbico con eso. De un tiempo a esta parte hubo un cambio grande en mi vida. Estoy feliz con mi proyección actoral y con mi intimidad.

Hijo de un martillero y una psicopedagoga separados, confiesa que no tiene amigos en la tele y que en su vida “no hay fanatismos”. Cuando no actúa, alterna el snowboard, el trekking, los viajes, el cuidado de las plantas y las visitas a Adrogué. “Soy un tipo feliz, que cree en el dicho que después de los 30 uno tiene no sólo la cara, sino la vida que se merece”.

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