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Federico Luppi: “Si pudiera me retiraría mañana”

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 12, 2006

El actor, de 70 años, participa en dos de los estrenos de mañana, “Incautos”, que filmó en España, y “Cara de queso”, que rodó aquí. Tiene varias películas por filmar y el año que viene hará teatro. Luppi continúa resentido con los que lo estafaron —fue uno de los que sufrió el corralito— y asegura que, si pudiera, se dedicaría al ocio.

HIPERACTIVO. Luppi vive en Madrid, con su mujer, Susana Hornos, 37 años meno

Hasta hace un rato, Federico Luppi habló y habló de cine con serena modestia. Pero ahora, quién sabe por qué, acaba de postularse como un número uno indiscutible. “Creéme —se crispa, con histriónica arrogancia—: tengo una capacidad extrema para hacer nada. En el ocio soy francamente insuperable”. Inverosímil, señor Luppi. A los 70, la hiperactividad cinematográfica lo tiene de un lado al otro. Y hay datos, frescos, cercanos, en su contra: mañana, en la Argentina, se estrenan dos películas “suyas”: Incautos, de Miguel Bardem, y Cara de queso, de Ariel Winograd.

“Los anacronismos del cine provocan esa falsa sensación de que trabajo mucho —insiste por teléfono desde Madrid—. Incautos la hice hace dos años en España; Cara de queso, hace tres meses, en Buenos Aires ¿Que estoy actuando, o a punto de actuar, en muchas otras películas? ¿Que el año pasado estrené en España mi primer filme como director (N de la R: Pasos)? ¿Que el año que viene voy a hacer además teatro? Bueno, hombre, admito que es cierto. Tal vez los actores digamos que hacemos poco aun en el exceso.”


Tras rodar “Incautos”, Miguel Bardem dijo: “El gran timador no podía ser otro que el mejor actor del mundo: Luppi”. ¿Cómo se sintió al escuchar eso?

Esas son frases que lanzan los amigos magnificadores: generosidades basadas en el exceso y la irrealidad. Tú y yo sabemos que no es cierto.

En el último Festival de San Sebastián sostuvo: “El peor director es el que cree que sos Dios y por eso te contrata”. Es evidente que algunos lo deifican.

Esa frase responde a algo que he experimentado y que me confirmó un actor como Ben Kingsley: hay directores que te contratan pensando que tu nombre o tu experiencia van a salvar su película. Durante el rodaje, te dicen: ya sabes cómo es esto. Y no: no sé un carajo. El actor tiene que ser dirigido y no a la inversa. Hasta el mejor actor pierde sus papeles en manos de un mal director. Me han tocado algunos realizadores tontos; mejor olvidarlos.

En la Argentina interpretó a muchos personajes extremadamente honestos. ¿Qué sintió al hacer de estafador?

Que tomaba, en la ficción, una pequeña e inoperante revancha contra los hijos de puta que me robaron con el corralito y que siguen robando a incautos allá. Me di el gusto de colocarme por un rato en el lugar de los enemigos: los Menem, los Cavallo, los Duhalde, los De la Rúa, los directivos de los bancos y tantos otros. Claro que fue un gusto estéril, porque ya me timaron.

¿Le parece casual que Bardem haya elegido a dos argentinos, en este caso usted y Ernesto Alterio, para hacer de timadores?

Es posible que, sin explicitarlo de un modo elocuente, Bardem haya buscado individuos que vienen de un mundo donde es tristemente común el desfalco a los ciudadanos. No lo hablamos.

Bardem dijo que se deprimió al ver “Nueve reinas”…

Imaginate lo que es estar escribiendo un guión sobre estafadores y ver una película insuperable sobre el tema. Te pega en las bolas. Hay un antes y después de Nueve reinas: uno ve pocos filmes así; es casi imposible superarlo.

¿Cómo decidió venir a la Argentina para hacer “Cara de queso”? Es la opera prima de un director de menos de 30 años.

Gerardo Herrero, productor y director, había leído el guión y me aconsejó que yo lo hiciera: me dijo que tenía mucho de comedia de Woody Allen. Me encantó, aunque no la vi terminada. Interpreto a un arquitecto honesto y ecuánime que intenta hacer obras en un country, un ámbito con aristas poco recomendables. Mi personaje es un tipo al que no le va nada bien y que, para colmo de males, tiene una mujer complicada que lo cornea.

No es común que usted sea convocado acá por realizadores jóvenes. ¿Qué opina del Nuevo Cine Argentino?

Que son una generación cuya etiología formativa desconozco, pero que narran como si hubieran nacido sabiéndolo todo. Adrián Caetano, Pablo Trapero, Bruno Stagnaro, Lucrecia Martel, Damián Szifron, Vera Fogwill o Daniel Burman no tienen 50 años, ni siquiera 40, pero parecen contar con una tremenda experiencia audiovisual. Me encanta también lo que hicieron talentos como Fabián Bielinsky y Juan José Campanella. Las nuevas generaciones han superado a las anteriores, en las que yo he participado activamente.


Una declaración de enorme honestidad: elogiar a un movimiento en el que uno no ha participado y que muchas veces se presenta como antagónico…

En TV, por ejemplo, hice Cosa juzgada: un programa elogiado, que estaba muy bien. Pero, a partir de mediados de los noventa, la nueva televisión nos pasó por encima. Hubo ciclos con un nivel y una velocidad de captación de detalles que nosotros no tuvimos. No conozco personalmente a directores como Szifron, pero lo que hace es maravilloso. Es cierto que algo del pasado tiene que haberle llegado: Mario Soffici es un influencia para todos, consciente o inconsciente. Lo único que me da pena del Nuevo Cine Argentino es que a algunos personajes podría haberlos hecho yo.

¿Y por qué cree que no lo convocaron?

Porque en la Argentina hay 3.000 actores de gran nivel: sería insensato que me pagaran un viaje desde España. Vi Tiempo de valientes, película de una solidez interpretativa increíble, en Biarritz: la ovacionaron durante quince minutos. En casi todos los festivales del mundo, un joven argentino es premiado. Algunos dicen que lo más importante es que la película sea vista por mucho público. ¿Si vende es buena? ¿Si no es mala? No sigo la lógica de mercado ni tengo enconos generacionales.


¿Nunca pensó que los nuevos directores no lo convocan porque, más allá de su forma de pensar, usted es algo así como la cara de un viejo cine argentino?

Puede ser. Si pensaran eso tendrían parte de razón. Tal vez, necesitan romper con todo lo anterior. En cualquier caso, los defiendo: estoy a favor del parricidio cultural. Si estos chicos hubieran filmado pensado en Lucas Demare o Adolfo Aristarain se habrían paralizado. Han cambiado de formas y estilos. Me parece bien. Yo miro Nuevo Cine Argentino con mi esposa, que es española y entiende mucho, y también le encanta.

A los 70 años, tiene una enorme cantidad de proyectos. ¿Alguna vez fantaseó con retirarse? ¿Se impuso algún límite?

Si pudiera, me retiraría mañana. Si no me hubieran robado con el corralito, si hubiera podido ahorrar el dinero suficiente, habría abandonado la actuación mucho antes. Hay gente que dice: si no trabajás te morís. Pero, como te dije: tengo una enorme capacidad para hacer nada. Me gusta leer libros, ver películas, comer bien, mirar minas por la calle. No soy de los que dicen que quieren morir trabajando. No le tengo miedo al retiro. Estoy seguro de que, cuando pueda dedicarme de lleno al ocio, voy a disfrutar a pleno de mi tiempo libre.

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