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Hemos visto malograr lo que debió ser la proyección literaria de nuestro padre”

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 20, 2006

Diego y Ana Mujica, los hijos de “Manucho”, decidieron hablar tras la polémica que se instaló por el manejo que hace la Fundación Mujica Lainez de El Paraíso, la casa museo que habitó su padre. “Cada vez que intentaron acercarse chocaron con inexplicables negativas”, dijeron.

MUSEO. “Manucho”, con su clásica gorra, “vigila” el ingreso al sector más nutrido de su Biblioteca, en Cruz Chica, Córdoba

¿Cómo han tomado las denuncias sobre la venta de objetos y libros que pertenecieron a sus padres?
Ana Mujica: Esto no me hace para nada feliz. Incluso hace años que no voy a El Paraíso, porque para mí es muy doloroso.
Diego Mujica: Resulta insensato que el Estatuto considere que una de las vías de mantenimiento del disminuido legado, sea la venta de los activos de la Fundación. Curioso sentido pragmático para aplicar a la Casa y a la obra de un escritor como si se tratara de un desguase cultural encubierto. Simultáneamente, mientras era escasa o pobre la actividad de la Fundación ( limitada en sus ingresos a las denominadas visitas guiadas) comenzaba el lento desmembramiento de la valiosísima biblioteca, cuadros, muebles y objetos reunidos a lo largo de la vida de mi padre.

¿Le interesaba a su padre que El Paraíso se convirtiera en una casa museo?
AM: Mi padre nunca pensó en hacer un Museo. El recibía en su casa al visitante y le hacía la visita guiada. Jamás se habló de un Museo o una Fundación. Estoy segura que le hubiera gustado que la casa quede para su familia. Tenía un gran sentido de familia y de amistad.

Así que difícilmente haya tenido relación con el Consejo de la Fundación…
AM: Mi padre no conoció al señor Arnau. La señora Inés Allende de Goyanes, quien presidió la Fundación hasta el año pasado, está casada con el Dr. Manuel Goyanes, uno de los dueños del Sanatorio de Córdoba donde se atendía Papá. El Dr. fue muy estimado por mi padre e Inés después de la muerte de Papá comenzó a frecuentar a mi madre en su casita del Paraíso. No se si Mamá lo conoció a Arnau, por mi parte no lo había visto nunca.

DM: Los directivos de la Fundación nunca conocieron a mi padre y no puedo asegurar que hayan leído su obra con detenimiento.

¿Cómo fue entonces que se creo esta Fundación en homenaje a su padre y madre sin que la familia participara de ella?
AM : Poco después de la muerte de mi padre, la idea de un Museo comenzó a rondar en el círculo de amistades de mi madre y así fue como se creó a fines del 89 la Fundación. Mi madre por ese entonces ya estaba bastante enferma y prácticamente ciega. Murió cuatro años después. Nosotros, sus hijos, no quisimos empañar su entusiasmo y su confianza. Ni siquiera conocimos el estatuto.
DM : Por decisión de quienes torcidamente asesoraron a mi madre en los fundamentos de la constitución del Estatuto de la Fundación, ninguno de los herederos directos de Manuel Mujica Lainez puede ocupar cargos directivos en la misma. Muy a nuestro pesar e impotentes hemos visto malograr lo que debió constituir una proyección de la figura literaria de Manuel Mujica Lainez.

¿Y alguna vez intentaron acercarse a la Fundación o hacer algo por salvar el legado de su padre?
DM: Todos nuestros acercamientos procurando recuperar originales de la vasta obra de mi padre (entre otras legales aspiraciones) chocaron con inexplicables negativas.

¿Cuál es su evaluación acerca del funcionamiento de la Fundación en estos años?
AM:Hasta el año 97 dirigía el Museo Lucía Pravia y hasta ese año, nuestra relación con el Museo fue fluida. Por eso se muy bien que se habían inventariado ocho mil libros. Pudimos retirar el manuscrito de Los Porteños II que editó el Elefante Blanco, organizamos la publicación de los Cuentos inéditos, hicimos el inventario de los Manuscritos, de las Cajas de Cartas. Después de la renuncia de Lucía Pravia se cortaron las comunicaciones y todo lo que sucedió entre los herederos y las autoridades de la Fundación fue más que desagradable. Abrieron la caja fuerte, trasladaron sin seguro los manuscritos, libros, fotografías a otra sede que resultó ser el domicilio particular del actual presidente de la Fundación. Mostraron a la prensa sin autorización de los herederos los álbumes de Fotografías comentadas que no podían exhibirse hasta 30 años después de la muerte del escritor, vendieron no sólo lo que pueden por ese Estatuto sino por ejemplo “La Cantata de Bomarzo” ilustrada por Luciano de Vita que contábamos editar algún día. Me pregunto si habrán corrido la misma suerte los Sonetos de Shakespear y los cuentos ilustrados preciosamente por Aida Carballo.

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