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Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 21, 2006

Amigos para siempre

Club de fans: los promotores de un ídolo, auque muchos sean fans anónimos 

Los fanáticos se convierten en los mejores publicistas de un artista; un ejército leal que ayuda a acrecentar las ganancias del admirado

¿Qué tiene que ver el amor con el dinero? En un club de fans de un cantante, bastante. Principalmente, cuando la admiración colabora, de manera indirecta y parcial, para generar ganancias: las del artista. «Una se siente tan identificada con un músico que decís: «¿cómo puede ser que el resto de la gente no se entere de que existe?»», sostiene Alicia Jakulj, de 47 años, miembro de la comisión directiva del fan club Ricardo Arjona en la Argentina. La necesidad de que otros sientan lo mismo que uno hace que se recurra a actividades de promoción del artista que van desde pedir un tema en la radio para que el cantante encabece un ranking hasta campañas solidarias que permiten asociar su nombre al altruismo.«Un club de fans es un elemento informal de promoción que no, necesariamente, tiene una secuencia lógica de trabajo», informaron desde la oficina de prensa del sello discográfico, Warner Music. En la compañía había una persona dedicada a ser un nexo con los admiradores hace un año, pero, ahora, por cuestiones de costos, desapareció.

En las empresas editoras a los fans les regalan desde discos hasta posters y, por supuesto, les proveen de información sobre su ídolo. «Los admiradores tienen una relación de amor y odio con las discográficas. Los clubes de fans distribuyen información sobre el artista y esperan un ida y vuelta de las compañías», explica la locutora Daisy May Queen, que por su tarea en la radio y la televisión ( Especiales Pop , los domingos, a las 20, por Canal 9) está en contacto permanente con estos grupos.

Que el mundo sepa

En 1995, el destino de tres mujeres se unió. Mercedes Ruiz, Alicia Jakulj y Erica Varela estaban en el aeropuerto internacional de Ezeiza, a la espera de ese hombre que con sus palabras las hacía vibrar. Las tres vieron que otras chicas se le abalanzaron a su ídolo. Cuando él se fue, decidieron crear un lugar para honrar a ese hombre, que habían descubierto compartido. Era el momento de transformar el amor por Ricardo Arjona en un hecho concreto: en un fan club.

«En ese momento en ningún lado, nos daban bolilla», recuerda Alicia, que intentaba, junto a sus compañeras, acercarse a las discográficas para insistir que editaran el disco de Arjona.

Erica, de 37 años, fue un poco más lejos, cuando en 1993, descubrió en un canal de cable al cantante guatemalteco. «A este tipo hay que ayudarlo porque tiene una letras hermosas», pensó y se puso en campaña de difundirlo para que todo el mundo sepa que Arjona existe. Lo primero que hizo, ante la imposibilidad de conseguir un disco, fue hacer una grabación casera desde la televisión a un casete de audio. Con ese tesoro, ella fue a las radios para que que lo pasaran, pero, como la grabación no era de las mejores, no lo consiguió. «Iba a Sony para ver si conseguían un corte para poder promocionarlo», cuenta su odisea. Hasta que un día, se produjo el milagro que tanto había ansiado cuando desde su aparato de radio escuchó: «Erica después de tanto insistir ahora te toca». No lo podía creer, en la emisora El Mundo estaba sonando «Mujeres», uno de los clásicos de Arjona.

El caso de Erica es muy común. «Los club de fans vienen a la radio a traer información sobre el artista y a difundir novedades sobre lo próximo que van a hacer», cuenta Daisy May Queen.

Incluso tienen información antes que los medios de comunicación y que los sellos que editan los discos de sus ídolos. Por ejemplo, antes de que se conociera en estas latitudes, el grupo de pop teen , Backstreet Boys, ya había varios clubes de admiradoras y a sus temas los pedían en la radio.

Un seguidor es importante en la cadena de promoción, sobre todo a la hora de llamar por teléfono a las radios para votar el tema del artista preferido en los rankings. «Si la canción es muy votada, se escucha más y por lo tanto se venden más discos», reza la fórmula del éxito, Agustina Vaccarezza encargada de promocionar a los artistas del sello Universal Music en las emisoras.

«A David Bisbal, lo ayudamos a promocionar su disco», dice Natalia Arroyo, una docente de 30 años que preside la sede argentina del club de fans del cantante español. Ahora, que el músico lanza su CD Premonición, el grupo está pensando en proponerla a la discográfica, Universal, una compra masiva. «Que el sello mande una cámara para que quede registrado el momento en que la gente del club de fan se agolpa para comprar el disco», explica Natalia. Esta no es la única actividad promocional que hacen. «Para el cumpleaños de David, juntamos ropa para formar un ajuar de bebe. Entonces, vamos a un hospital público y se lo regalamos al primer niño que nace en esa fecha, el 5 de junio», relata.

La solidaridad es un elemento más para hacer que un artista se conozca. Hay un fan club que está dedicado casi exclusivamente a este tipo de actividades, Alas nocheras, que aglutina a los admiradores del grupo de folclore melódico Los Nocheros. Todo comenzó, en 2002, con la madre de Mónica Duarte, Catalina, que con los años, sería conocida como «Cati, la abuela nochera». «Teníamos que hacer algo más que juntarnos con la gente a intercambiar información sobre Los nocheros. Entonces se nos ocurrió hacer colectas de alimentos y ropas para donar», cuenta Mónica, la presidente del grupo. «Cuando nos ven llegar con lo que juntamos, saben que somos del fan club de Los Nocheros», completa esta profesora de música de 43 años.

Un lugar de encuentro

¿Qué es capaz de hacer un fan por su ídolo? Llamar por teléfono al sello de su artista para decirle que encabeza el ranking en una determinada emisora, acampar durante días en la puerta de un estadio para ocupar los primeros lugares en un concierto, ahorrar por meses para pagar una habitación en el mismo hotel de cinco estrellas en el que está alojado el ídolo o ir a cada programa de televisión en el que se presenta.

También los fans se transforman en especies de controladores de cada uno de los detalles de la carrera de su estrella admirada. «Son fiscales para la gente del entorno del cantante. Por ejemplo, ven si está bien vestido o si está bien la gráfica del disco», comenta May Queen, que en su juventud fue presidente del club de fans de la banda británica pop, Queen.

«Estar en el grupo es mi terapia alternativa», dice Mercedes Ruiz, una odontóloga de 48 años, que es miembro de la comisión directiva del fan club de Ricardo Arjona. Lo que pasa es que más allá de los beneficios de ingresar gratis a los recitales, de la posibilidad de conocer al ídolo personalmente o de, en algunos casos, conseguir trabajo en la industria de la música, un colectivo de admiradores implica poder encontrarse con otros que tienen gustos afines. «A través de Ricardo, conocí a gente maravillosa», indica Alicia. Algo de esto ocurre el primer sábado de cada mes, en un bar de la calle Lima, donde alrededor de 40 seguidores de Arjona se juntan a hablar de él y a cantar sus temas. Con el transcurso de las horas, la charla desemboca en la vida personal de los presentes como la que se da en cualquier grupo de amigos.

Cada vez que Alicia, Erica y Mercedes van al Luna Park a escuchar a Arjona, se sienten parte del fenómeno que ayudaron a construir a través de una promoción que fue, como describen, «un trabajo de hormigas». Y, en parte, el amor por su ídolo, que necesitaron que otros sintieran, se transformó en dinero: el de alrededor de de 200 mil personas que pagarán entre 35 y 230 pesos a lo largo de las más de 30 funciones que el cantante dará en la Argentina. «Estamos orgullosas de lo que hicimos», concluyen. Y Arjona sabe que esa labor fue fundamental por eso les agradece con la entrega de entradas para los socios del fan club, un costo bastante bajo para «pagarles» a esos admiradores que se convirtieron en sus mejores agentes de prensa. «Un club de fans es un elemento informal de promoción que no necesariamente tiene una secuencia lógica de trabajo», informaron desde la oficina de prensa del sello discográfico Warner Music.

En las empresas editoras, a los admiradores les regalan desde discos hasta pósteres y, por supuesto, los proveen de información sobre su ídolo. «Los admiradores tienen una relación de amor y odio con las discográficas. Los clubes de fans distribuyen información sobre el artista y esperan un ida y vuelta de las compañías», explica la locutora Daisy May Queen, que por su tarea en la radio y la televisión está en contacto permanente con estos grupos.

Que el mundo sepa

En 1995, el destino de tres mujeres se unió. Mercedes Ruiz, Alicia Jakulj y Erica Varela estaban en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza a la espera de ese hombre que con sus palabras las hacía vibrar. Cuando él se fue, decidieron crear un lugar para honrar a ese hombre, que habían descubierto compartido. Era el momento de transformar el amor por Ricardo Arjona en un hecho concreto: en un fan club . «En ese momento, en ningún lado nos daban bolilla», recuerda Alicia, que intentaba, junto con sus compañeras, acercarse a las discográficas para insistir en que editaran el disco de Arjona.

Erica, de 37 años, fue un poco más lejos cuando, en 1993 descubrió en un canal de cable al cantante guatemalteco. «A este tipo hay que ayudarlo porque tiene una letras hermosas», pensó, y se puso en campaña para difundirlo, para que todo el mundo supiera que Arjona existía. Lo primero que hizo, ante la imposibilidad de conseguir un disco, fue hacer una grabación casera desde la televisión a un casete de audio. Con ese tesoro, ella fue a las radios para que lo pasaran, pero, como la grabación no era de las mejores, no lo consiguió. «Iba a Sony para ver si conseguían un corte para poder promocionarlo», cuenta. Hasta que un día, se produjo el milagro que tanto había ansiado cuando desde su aparato de radio escuchó: «Erica, después de tanto insistir, ahora te toca». No podía creer que en la emisora El Mundo estaba sonando «Mujeres», uno de los clásicos de Arjona.

«Los clubes de fans vienen a la radio a traer información sobre el artista y a difundir novedades sobre lo próximo que van a hacer», cuenta May Queen.

Incluso tienen datos antes que los medios de comunicación y que los sellos que editan los discos de sus ídolos. Por ejemplo, antes de que se conociera en estas latitudes, el grupo de pop teen , Backstreet Boys, ya había varios clubes de admiradoras y a sus temas los pedían en la radio.

Un seguidor es importante en la cadena de promoción, sobre todo a la hora de llamar por teléfono a las radios para votar el tema del artista preferido en los rankings. «Si la canción es muy votada, se escucha más y, por lo tanto, se venden más discos», dice sobre la fórmula del éxito Agustina Vaccarezza encargada de promocionar a los artistas del sello Universal Music en las emisoras.

«A David Bisbal lo ayudamos a promocionar su disco», dice Natalia Arroyo, una docente de 30 años que preside la sede argentina del club de fans del cantante español.

«Para el cumpleaños de David, juntamos ropa para formar un ajuar de bebe. Entonces, vamos a un hospital público y se lo regalamos al primer niño que nace en esa fecha», relata Natalia.

Estas iniciativas solidarias son un elemento más para hacer que un artista se conozca. Hay un club de fans que está dedicado casi exclusivamente a este tipo de actividades, Alas Nocheras, que aglutina a los admiradores del grupo de folklore Los Nocheros. Todo comenzó, en 2002, con la madre de Mónica Duarte, Catalina, que con los años sería conocida como «Cati, la abuela nochera». «Teníamos que hacer algo más que juntarnos con la gente a intercambiar información sobre Los Nocheros. Entonces, se nos ocurrió hacer colectas de alimentos y ropa para donar», cuenta Mónica, presidenta del grupo. «Cuando nos ven llegar con lo que juntamos, saben que somos del fan club de Los Nocheros», completa esta profesora de música de 43 años.

Un lugar de encuentro

¿Qué es capaz de hacer un fan por su ídolo? Llamar por teléfono al sello de su artista para decirle que encabeza el ranking en una determinada emisora, acampar durante días en la puerta de un estadio para ocupar los primeros lugares en un concierto, ahorrar durante meses para pagar una habitación en el mismo hotel de cinco estrellas en el que está alojado el ídolo o ir a cada programa de televisión en el que se presenta.

También, los seguidores se transforman en una especie de controladores de cada uno de los detalles de la carrera de su estrella admirada. «Son fiscales para la gente del entorno del cantante. Por ejemplo, ven si está bien vestido o si está bien la gráfica del disco», comenta May Queen, que en su juventud fue presidente del club de fans de la banda británica pop Queen.

«Estar en el grupo es mi terapia alternativa», dice Mercedes Ruiz, odontóloga de 48 años, que es miembro de la comisión directiva del club de admiradoras de Ricardo Arjona. Lo que pasa es que más allá de los beneficios de ingresar gratis a los recitales, de la posibilidad de conocer al ídolo personalmente o, en algunos casos, de conseguir trabajo en la industria de la música, un colectivo de admiradores implica poder encontrarse con otros que tienen gustos afines. «A través de Ricardo, conocí a gente maravillosa», indica Alicia. Algo de esto ocurre el primer sábado de cada mes, en un bar de la calle Lima, donde alrededor de 40 seguidores de Arjona se juntan a hablar de él y a cantar sus temas. Con el transcurso de las horas, la charla desemboca en la vida personal de los presentes como la que se da en cualquier grupo de amigos.

Cada vez que Alicia, Erica y Mercedes van al Luna Park a escuchar a Arjona, se sienten parte del fenómeno que ayudaron a construir a través de una promoción que fue, como describen, «un trabajo de hormiga».

Y, en parte, el amor por su ídolo, que necesitaron que otros sintieran, se transformó en dinero: el de más de 230 mil personas que están pagando entre 35 y 230 pesos a lo largo de las 34 funciones que el cantante brindará en la Argentina hasta el 28 de este mes. «Estamos orgullosas de lo que hicimos», concluyen. Arjona sabe que esa labor fue fundamental; por eso les agradece con la entrega de entradas para los socios de la agrupación, un costo bastante bajo para «pagar» a esos admiradores, que se convirtieron en sus mejores publicistas.

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