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ENTREVISTA A THOMAS HEISE

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 25, 2006

El documentalista alemán está aquí presentando sus filmes sobre la ex-RDA en el marco del DOCBSAS.

CAMARA INQUIETA. Heise tomó imágenes de la vida cotidiana de la RDA antes de la caída del muro.

La carrera de Thomas Heise no es la de un realizador convencional. A los 51 años, este director de cine y teatro, nacido en Berlín Oriental, se las ha arreglado para dar testimonio de una sociedad que atravesó varios cambios (la construcción y destrucción del muro, el paso del socialismo al capitalismo) y que aún hoy busca su identidad en el marco de la reunificación.

Heise está en la Argentina, por primera vez, presentando una retrospectiva de sus películas en el Teatro San Martín, en el marco del DOCBSAS/06. El programa incluye los cortos y mediometrajes que filmó antes de la caída del Muro, que estuvieron prohibidos en la República Democrática Alemana (RDA) y en los cuales fija su atención en la burocracia y las medidas de seguridad de aquel régimen (como La casa).

También se exhiben los largos posteriores a la reunificación, en los que continuó analizando la historia de su país a través de personajes que fueron delatores o víctimas (Barluschke, Mi hermano), así como centrándose en el fenómeno de los skinheads y neonazis (Atasco, Neustadt) o en la vida cotidiana de un pequeño pueblo (La patria).

“Mi relación con el cine empezó a los 14 años cuando pedí una cámara Súper 8 y me puse a filmar con un amigo —cuenta—. Lo que hacíamos era atravesar Berlín Oriental con la cámara, filmar escenas cotidianas, editarlas. Filmábamos a la policía, eventos políticos. Y también hacíamos cosas de comedia, falsas publicidades. Era como un juego”.

Heise cuenta que nunca lo detuvieron, “pero había que cuidarse, saber dónde uno se metía. Yo era muy joven y no me tomaban en serio. Lo que me importaba era documentar una realidad que no existía en los medios. Todo estaba controlado, no se mostraba la verdad verdadera. Y luchábamos contra eso. En los ’70 ya éramos muchos los que hacíamos eso, en cine, teatro o literatura”.

Expulsado de la escuela de cine y de la productora estatal (DEFA), se dedicó al teatro, pero la pasión pudo más y Heise siguió filmando testimonios que hoy sirven para recordar lo que fue la RDA desde sus anónimos protagonistas: policías, agentes de seguridad, campesinos, gente común. “La realidad era controlada por la TV, pero en el cine era posible hacer cosas prohibidas”, cuenta.

En sus primeras películas, como La casa, “observábamos cómo vivía la gente y los dejábamos expresarse. Teníamos la sensación de estar haciendo algo importante, contracultural. En los ’80 fue un furor. Después de la caída del Muro se vaciaron los teatros. La gente sólo quería ir de compras, ya no existía un peligro existencial. Todos querían adaptarse a esa nueva realidad”.

Luego de la caída del muro, Heise se dedicó a husmear y analizar las rupturas y choques que marcaron a la ex-RDA. Sus filmes toman a seres cercanos (su padre, su hermano, él mismo) y parten de allí para analizar las presiones y tensiones a las que fueron puestos en esa época, sin hacer un juicio político ni ideológico, sino dejando las posibles lecturas al espectador.

“Siempre supe que lo personal era político —dice—. Recuerdo a mi hermano diciéndome en situaciones que me callara la boca frente a los profesores porque las consecuencias las sufrirían mis padres, o haber ocultado en mi casa el manuscrito de un libro que era buscado por la policía secreta. Era muy peligroso. Alrededor mío había gente que era encarcelada o expulsada. La RDA era una sociedad altamente politizada, sin embargo la mayor tendencia de la gente era retirarse a vivir en granjas. La mayor organización de masas no era el partido sino la Sociedad de Criadores de Animales Pequeños”.

Influenciado por todo el cine que en los años ’70 podía ver por TV (“Godard, Buñuel, especialmente Los olvidados; Alexander Kluge, Fellini, el primer Tarkovski, el cine checo, el húngaro: todo menos documentales”), Heise continúa centrando sus filmes en el tema de la memoria. “Después de la Segunda Guerra los alemanes querían olvidar —dice—. Cuando algo duele mucho la tendencia es querer borrarlo. Mi hermano y yo fuimos espiados por la policía secreta durante doce años (de eso trata Mi hermano), toda nuestra juventud. Eso fue horrible, pero es necesario recordarlo y cuestionarlo. Es extraño darte cuenta después que viviste tu vida manipulado, que las cosas verdaderamente no las decidías vos. Es algo que todavía hoy no consigo superar.”

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