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ENTREVISTA A RICARDO DARÍN, UN AMIGO Y SEÑOR ACTOR

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en octubre 28, 2006

“Es demasiado para tan poco tiempo”

En pleno rodaje de XXY, en Uruguay, la ópera prima de Lucía Puenzo, el actor habla de la sensibilidad y de la energía de la directora, y evoca a Fabián Bielinsky y Eduardo Mignogna, que murieron este año

Una cabaña cercana al mar; playas agrestes; barcazas de madera; tortugas marinas; un puerto pequeño, humilde como los pescadores que viven y trabajan en él. Estas son algunas de las cosas que, tras infructuosa búsqueda en la costa argentina, Lucía Puenzo encontró en el litoral uruguayo. Más precisamente en Piriápolis. Allí, la guionista y directora filma su ópera prima, XXY , sobre una adolescente con un secreto guardado durante años, que aflora en la pubertad.

En las afueras de Piriápolis, en una cabaña aislada, donde se instalaron los padres poco después de su nacimiento, creció Alex, la hermafrodita de quince años que compone Inés Efrón en XXY .

“El caso de esta chica se conoce como seudohermafroditismo congénito. Tiene ovarios y útero, pero también genitales masculinos y femeninos. Cuando nacen chicos así, deciden si los van a criar como mujeres o varones, según el nivel de hermafroditismo. Por su situación, Alex es una chica solitaria, con mucha dificultad para relacionarse. Porque, además, esto le provoca mucho pudor”, explica Efrón, que debutó en cine con Glue , de Alexis dos Santos, y participa en Cara de queso , reciente estreno de Ariel Winograd. “Es un personaje muy alejado de mí -admite la actriz de 22 años-. Al principio, era un poco raro Pero no se trata de si Alex es hombre o mujer. Simplemente es. Y son los adultos los que tratan de definir, de poner rótulos.”

Darín y Valeria Bertuccelli son los padres de Alex, en esta historia que, según Lucía Puenzo (ver aparte), comienza con la llegada a Piriápolis de una pareja de amigos (Germán Palacios y Carolina Peleritti) y su hijo adolescente, Alvaro (Martín Piroyansky), y se genera entre ambos una fuerte atracción.

“El tema del film, que es particularmente original, además es un vehículo para hablar de algo que está detrás y es más profundo: la libertad de elección”, señala Darín, cuyo personaje se desempeña como biólogo marino. “Es un tipo que lucha porque la naturaleza siga su curso, y esto también está relacionado con la postura que asume frente a su hija”, dice, acerca de este hombre, el primero que le toca interpretar en cine, dirigido por una mujer. LA NACION dialogó con el actor durante una pausa del rodaje de XXY .

-Su personaje parece tener un rol decisivo en esta historia.

-Suele ocurrir que por consejo médico, falta de información más precisa, miedo o incomodidad, en la mayor parte de los casos se deciden operaciones, que desde la perspectiva de este guión son castraciones. Me puse en lugar de este tipo, y no elegiría operar. No podés elegir el sexo de alguien, aunque sea tu hijo. Me parece que mínimamente tiene derecho a decidir sobre su vida. En el film, este matrimonio decidió resistir el consejo médico, la presión de la sociedad, e irse a vivir a un pueblo del Uruguay para preservar a la hija y para que, con el tiempo, ella decida lo que quiera. Pero cuando uno se va, no deja los problemas: los lleva consigo.

-¿Encuentra alguna diferencia entre ser dirigido por una mujer o un hombre?

-Más allá de la sensibilidad y de las características personales, no creo que haya demasiadas diferencias. En cuanto a Lucía Puenzo, además de su sensibilidad, me entusiasma que tiene mucha energía. Además es una escritora que dirige lo que escribe. Y éste es uno de los motivos por los que Eduardo Mignogna, que también era escritor, estaba tan contento de que yo hubiera aceptado hacer XXY .

-¿Qué va a pasar con La señal , que iba a rodar con Mignogna?

-No sé y no quiero adelantarme. Quiero guardarme el lugar de que me caiga la ficha al llegar a Buenos Aires. Quiero saber qué plan tienen. Aún no toqué tierra porque estoy filmando. Un dolor de estas características es mejor que te agarre trabajando, porque te manda para atrás. Pero al mismo tiempo estás como a contramano. Quiero ver qué me pasa cuando tenga el libro frente a mí.

-Más allá de la decisión de los productores, ¿usted haría el film?

-Sí, porque creo que todos los involucrados sabemos cómo quería hacerlo Eduardo. El trabajaba en equipo, rodeado de amigos, gente querida; armaba como una familia. Es entendible que todos quieran salir adelante, no por cuestiones profesionales, sino emocionales. Hay que ver hasta qué punto estamos enteros para encarar este sablazo. Teóricamente cuentan desde ya conmigo, pero en la práctica estoy tratando de imaginarme cómo sería hacer la película de Eduardo sin él, y ver qué me pasa. No es fácil.

-¿Su relación con Mignogna se dio a través del cine?

-Lo conocí cuando tenía 12 años; me dirigió en una publicidad. Estoy hablando de hace 35 años. Siempre quiso mucho a mi vieja; conocía a mi viejo. Hablábamos mucho de este personaje de La señal (Corbalán). Lo primero que sentí cuando leí la novela es que era mi viejo. Ese tipo de personajes de los que ya no hay más, de esa bohemia que está en período de extinción. Antes se era de esa manera.

-¿En qué se parecía?

-En muchas cosas. La acidez, la ironía en cada cosa que dice. Mi viejo era un bisturí para la charla. Yo le dije a Eduardo que el personaje me hacía acordar a mi viejo. Y él me decía que sí, pero que en realidad nos hacía acordar mucho a toda una época, de tipos románticos, melancólicos. La vida se fue reconvirtiendo en otras cosas, más pragmáticas, más resultadistas. Y ésa es la historia de La señal .

-Mignogna y Fabián Bielinsky son dos pérdidas grandes para el cine.

-Dejaron su impronta. Pero necesito más tiempo para pensar en eso. No puedo superar la instancia primera de que lo que perdí fueron dos amigos. Muy inteligentes, muy sensibles, totalmente distintos. Fabián era muy prudente a la hora de las emociones, más cauteloso, a diferencia de Eduardo. Necesito reubicarme, acostumbrarme a la desaparición de la gente querida. No me quiero hacer el canchero, como que no pasa nada No es sencillo. Es demasiado para tan poco tiempo.

 

ADMINISTRADOR: SALUDOS RICARDO

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