LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

Política, Videos, Ciencia,Cultura, Espectáculos, Cine, Deportes, Tegnologías, Arte, Humor, Música, Reportajes. ETC

Víctor Jiménez y Ruth Miró

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 4, 2006

Cuerpos en danza

Cuerpos en danza Cuerpos en danza

El sueño. En el aire, antes de volver a caer, hay un instante para contener la respiración y detener el tiempo. Ahí queda suspendido el cuerpo, ingrávido, ligero y tenso como un leopardo, un insecto, un pájaro. Los pulmones llenos,


las costillas cerradas, la mirada fija en un punto. Apenas un instante. Alguna noche alguno sueña que sigue volando. Se ha impulsado con toda la fuerza de sus piernas, está en el aire. Pero es un salto que no se acaba. Pura suavidad, ningún esfuerzo, la carne de gallina. Ahora sí, pensaba Eduardo Lao, primer bailarín, cuando lo soñó. Ahora sí. Y su cuerpo seguía subiendo lentamente por encima de los focos y el telar. Tan fácil, se decía desde ahí arriba y desde la cama, tan fácil y no haberlo hecho nunca antes…

Un ascensor herméticamente cerrado te eleva hasta la sede de la Compañía de Víctor Ullate. En los pasillos algunos bailarines esperan, miran, fuman. La contundencia de sus cuerpos te sitúa en un lugar diferente. Ni un ruido de la calle, ninguna interferencia, otro mundo, otro sentido del tiempo, cuestión de ritmo. Algunas músicas se filtran desde las salas de ensayos y espejos en las que trabajan Quijote. En una de ellas Lao ensaya un paso a dos con Ruth Miró, es un juego sobre la rivalidad y la seducción. Víctor Ullate los sigue de cerca precisando gestos, casi sin palabras, mueve una mano, inclina la cabeza, susurra algo. Los dos primeros bailarines cambian y repiten movimientos. Encaje de bolillos. Cosen y descosen hilos en el aire, ajenos a las leyes de la gravedad, o del sentido común. Visto desde aquí abajo, lo que hacen parece imposible. Pero ellos sueñan todavía más.

Es física pura, dice Víctor Jiménez, que también se ha soñado por el aire, en su caso girando, el giro es lo más difícil, pero esa noche él había empezado a girar, a girar, a girar, y no se paraba nunca, el espacio a sus pies, y hasta pudiendo decir mirad, mirad lo que estoy haciendo. Pero el cuerpo tiene sus límites, su estructura, pura matemática. Una lógica física en la dirección de cada movimiento, un juego de equilibrios geométricos, líneas que contrapesan unas partes con otras, un eje, unos cimientos. Todo encaja y todo tiene que estar en su sitio. Víctor Jiménez también soñó otra noche lo contrario. Que se quedaba paralizado en el escenario. Que no recordaba los pasos de la coreografía, y se encendían las luces, y él ahí sin saber qué hacer, en completa tensión, sabiendo que la música ahora empieza y hace plas y tú tienes que hacer plas, y que no, que no te sale, bloqueo total, la mente en blanco.


LA MÚSICA. Eduardo Lao y Ruth Miró evolucionan en su paso a dos por la sala llena de espejos, repetidos mil veces. Espejos por todas partes. ¿Cómo no nos vamos a gustar -decía Ruth Miró- con todos estos espejos todos los días aquí?, pues claro que me gusto, ¿cómo podría bailar si no?. Con movimientos felinos engatusa a su pareja de baile, lo atrae, después lo rechaza con un gesto, el juego continúa, habla un pie, un dedo, un hombro. La música se para y vuelve a empezar. Una música étnica. Los dos bailarines la esperan y parece que se suben a ella como al lomo de un caballo. La música es todo, la barca que me lleva, susurra el solista Carlos Pinillos. Y habla muy bajo, como los demás, arrastrando un poco las palabras entre las cuerdas vocales, haciendo el mínimo esfuerzo. Cuando se baila sin música, dice, siempre hay un ritmo, sigue habiendo un ritmo, andar por la calle es ritmo, comer, hablar, respirar. Todo es música.


“Un juego de equilibrios geométricos, líneas que contrapesan unas partes con otras… Todo encaja y todo tiene que estar en su sitio”


En su despacho le espera un caniche blanco. Para Víctor Ullate el bailarín es música. Luz, inteligencia, movimiento puro. El bailarín es generoso porque lo da todo a cambio de nada. Y se baila como se es. El caniche gruñe porque alguien se acerca. Al bailarín ahora se le exige mucho más que hace una década, continúa Ullate, las piernas se elevan más que antes, las piruetas son más largas, los saltos más estéticos. El perro se tumba. El baile evoluciona hacia una mayor libertad, no tendría sentido bailar como hace 20 años, pero también exige un mayor virtuosismo, cada vez es más difícil. Ullate se enciende un cigarro. Hace 15 años se propuso crear bailarines, no pensó que iban a ser tan buenos. Ni tan difícil pregonar a los cuatro vientos que el arte es necesario.


El DOLOR. Hay mañanas en las que Rosa Royo no se quiere levantar. Le duele el cuerpo. El trabajo del día anterior ha sido duro. Duelen las articulaciones, las ingles, las caderas, el tendón de Aquiles. El bailarín convive con el dolor. Es la lucha contra el cuerpo. Una lucha desmesurada y formidable. Contranatura y buscando alas, el viejo deseo de volar, ese deseo imposible. La máquina se resiste. Contracturas, tirones, torceduras, agujetas. Rosa Royo lo combate con la mente. La mente es poderosa, dice, todo parte de la mente, asumes el dolor pero lo combates con inteligencia, hay que querer las cosas para conseguirlas.


“Cuando bailas con una chica tienes que amarla. Bailar en pareja es como hacer el amor”, Jesús pastor


Carlos López da unos saltos espectaculares. Tiene las piernas potentes y llega muy lejos. Pero un día, hace años, saltó más de la cuenta. Probó el miedo. Sintió que se quedaba parado en el aire, que no bajaba, que tenía una pierna bloqueada y que la caída, cuando llegase, iba a ser fatal. Todo eso le dio tiempo a pensar en menos de un instante. Cayó bien. Rosa Royo venía de un salto parecido, pero no tuvo suerte.También desde el aire pensó que la caída iba a ser fatal, y así fue. Sintió el peso de su cuerpo cayendo a plomo sobre su pie. Una lesión. La pesadilla del bailarín. Con las muletas iba a los ensayos para hacer barra, incapaz de estar quieta, hasta que se hizo más daño y tuvo que parar del todo una temporada larga. No sabía qué hacer. El vacío. La nada. En esa época tuvo un sueño. Una carretera llena de agua la separaba del teatro donde la esperaban para bailar. Nadaba y nadaba y conseguía llegar, empapada, sin vestir, sin maquillaje. Pero todavía entre ella y el escenario había un hueco oscuro que no conseguía atravesar. Un agujero por el que se escurría hacia abajo inevitablemente. Una vez abajo se encontraba con un burro. ¿Un burro? Un burro. El sueño se desvanece cuando logra salir a escena pero se siente fea, muy fea. Hoy se ríe, otra vez en plena forma. Y opina que la belleza se lleva dentro, que bailar es desnudarte porque en tu danza va lo que tú eres. En el escenario no se miente. Pero no porque haya mil personas mirándote, sino porque te estás mirando a ti misma.


El MUNDO. Sus ojos son lo que más le gusta de sí mismo a José Carlos Blanco. Los ojos también bailan. Señalan, arrastran, buscan. Son el equilibrio. Alargan los gestos y mantienen el eje en el giro. De alguna manera sujetan al bailarín en el espacio. Pero también lo proyectan hacia fuera.

Es que te encuentras un espejo en un bar y te miras. Jesús Pastor se resiste a ir de bailarín por la vida. La postura del cuerpo puede llegar a ser una obsesión, él va por la calle intentando sacar chepa. Así, un poco de joroba, que no se me note lo del baile. Pero después dice que el placer de bailar se parece al amor. Cuando bailas con una chica tienes que amarla. Bailar en pareja es como hacer el amor. Hay ternura, pasión. La comunicación con el otro lo es todo. Las parejas que funcionan se conocen, se huelen, se intuyen, cualquier variación en un gesto tiene en el otro una respuesta. Pastor se define un romántico. Eso no le ha impedido morirse de risa alguna vez en el escenario. Les ha pasado a casi todos. Esa risa incontenible, placentera y desesperante, que aparece en los momentos más inoportunos, en pleno drama, por la razón más tonta, poniéndolos al borde del ridículo, tanta gente mirando, el morbo del peligro. La cara desencajada de la risa, vuelta hacia bastidores, socorro, sudando a chorros. Como cuando Eduardo Lao bailaba un paso a cuatro en un escenario al aire libre, y a los de la organización se les había ido la mano con la coca-cola, que es lo que ponen en el suelo por si resbala con el rocío. Y cada paso sonaba chof. Y la bailarina que él tiene que arrastrar por el suelo no arrastra. Y tirando del brazo más fuerte logra atraerla rebotando. Y luego báilate tú solo una variación muy dramática. Muerto de risa.

Alguna noche, Ana Noya, sigue en la cama trabajando los pasos de una coreografía que se le ha quedado en la cabeza. Después, a lo mejor también sueña que gira y gira. Instintivamente, dice, todo el mundo tiene la necesidad de expresarse con su cuerpo. Todas las culturas han utilizado el baile de una manera natural. Es una forma de acercarse a los animales, a la naturaleza. Como tenemos los instintos un poco dormidos resulta difícil darse cuenta. Ana Noya lleva puestas sus zapatillas de puntas. ¿Y cómo se ve el mundo desde ahí arriba? Poco, la verdad, se ve muy poco. No sé. Caótico, agresivo. En la calle a veces te empujan, en el metro… No sé. La gente corre y te empuja…Pero no se ve mucho el mundo desde aquí, no, la verdad.

Ellos son los reyes del equilibrio. A los demás el ascensor hermético nos escupe otra vez a la calle. La ciudad hierve.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: