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The novel of a love of the painter Gustav Klim

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 7, 2006

El artista austríaco, que lideró uno de los movimientos artísticos más emblemáticos de Europa, cristalizó en su obra «El beso» la pasión que lo unió con la joven Emilie Floge. La historiadora de arte Elizabeth Kickey recrea esa relación en un libro recién publicado en Argentina.

El pintor austríaco Gustav Klimt, que lideró uno de los movimientos artísticos más emblemáticos de Europa, cristalizó en su obra «El beso» la pasión que lo unió con la joven Emilie Floge, una relación que la historiadora de arte Elizabeth Kickey recrea en su novela homónima, recién publicada en la Argentina.

El pintor que reinó entre las mujeres dejando a su paso innumerables retratos de damas vienesas con aire bizantino y bocetos de sexos en flor, nunca admitió que la musa de su cuadro más famoso no fue una heroína imaginaria sino una mujer real que logró trascender a todas sus amantes transitorias y convertirse en la única que permaneció a su lado en los brillos y las sombras de su carrera artística.

«El beso» no sólo es la obra más famosa de Klimt (1862-1918) sino uno de los lienzos más bellos del mundo, emblemático para enamorados de diversas latitudes.

Fue exhibido por primera vez en la Exposición de Arte de 1908 junto a otra pintura suya, «La tres edades de la mujer» y desde el primer momento se convirtió en uno de los símbolos la Secesión, el movimiento impulsado por el artista que logró revolucionar el arte europeo.

Ante un fondo dorado que recuerda los íconos bizantinos y rusos, un hombre y una mujer se abrazan ante un reducido prado repleto de florecillas, es difícil interpretar si están arrodillados o de pie. La pareja se enmarca con una aureola dorada, vistiendo ambos ropajes de ese color, adornados con rectángulos negros y grises (el hombre) y con círculos de colores (la mujer).

El ancho cuerpo del varón y su actitud de dominio son dos elementos clave en la composición, interpretada por buena parte de los especialistas como una escena protagonizada por el propio Klimt y su buena amiga Emilie Floge.

Es a partir de esas suposiciones que la historiadora de arte Elizabeth Hickey reconstruye la relación entre el carismático y controvertido artista con su joven discípula: el gesto de la mujer en «El beso» ha sido interpretado como rechazo ante la agresión a la que la somete el hombre, intentando evitar el dominio masculino sin un resultado positivo.

«Se puso de pie. No estaba segura de si iba a pegarme o morderme en una mejilla. En realidad, en su estado podía ser cualquier cosa, pero me besó, torpemente, presionando sus labios cerrados contra los míos, como si fuera una pieza de fruta demasiado madura que dudara que no estuviera podrida. No supe qué hacía, ni qué quería de mí», recreó Hickey en su novela.

«Le devolví el beso, pero suavemente, como lo haría con mi sobrina o con un gatito encontrado en un callejón. Su cara estaba salada», añadió.

La autora relata en «El beso» -recién editado por el sello Suma de Letras- cómo en la elegante Viena de 1886, Emilie Floge, una niña de 12 años, conoce al carismático y controvertido Klimt, contratado por los padres de la joven para darle lecciones de dibujo.

Klimt introduce a Emilie en el mundo de la bohemia, con sus artistas disolutos, modelos de reputación equívoca y decadentes mecenas, cuyos andares fascinan y atemorizan a la joven burguesa.

Entre el pintor y su discípula se inicia una relación marcada por el secreto y la sensualidad: la muchacha será la amante de uno de los artistas más fascinantes del siglo XX. Con su ayuda, abrirá una exclusiva tienda de modas y se convertirá en una figura de la sociedad vienesa.

Pese a que se veían casi a diario y pasaban los veranos juntos, Klimt y Emilie proclamaron a los cuatro vientos que su amistad era sólo platónica. A él le crecían las amantes en forma de raíces trepadoras, pero ella no dio un solo escándalo: en cualquier caso, Klimt no parecía estar preparado para la monogamia.

El pintor se llevó a la tumba el secreto de su relación con Emilie, a la que en realidad pudo seducir por primera vez cuando ella tenía 17 años y posó para un retrato encargado por el señor Floge.

Unos años después, Klimt la volvió a pintar en transparencias azules y delirios solares, con un cuello en abanico pavo real que enmarcaba un bel

Una respuesta hasta “The novel of a love of the painter Gustav Klim”

  1. Elizabeth said

    Ya lei el libro y me gusto mucho, adoro este tipo de novelas; la manera en la que se relatan los acontesimientos es impresionante por parte del autora;ademas de que nos permite conocer otra posible historia,aunque siento que esta se acerca mucho a mi parecer a lo ocurrido realmente.

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