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: «SONGS FROM THE LABYRINTH», DE STING

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 9, 2006

El arte de la melancolía


El músico interpreta canciones del compositor isabelino John Dowland, acompañado por el notable laudista Edin Karamazov.

El salto de Sting al repertorio del compositor inglés John Dowland (1563-1626), que en este nuevo disco Songs form the labyrinth canta con Edin Karamazov en laúd, no debería resultar del todo sorprendente: finalmente ese salto no hace más que reconocer la deuda que la canción inglesa desde The Beatles en adelante mantiene con el arte de compositores isabelinos como Dowland, Orlando Gibbons, William Byrd, Thomas Morley y, entre otros, Robert Johnson (una de cuyas canciones, Have you seen the bright lily grow, se intercala entre una decena de melodías de Dowland); es una suerte de arquetipo melancólico que probablemente tuvo su encarnación tardía más milagrosa en la figura de Nick Drake; milagrosa y trágica: Drake murió de una sobredosis de antidepresivos a los 26 años.

El repertorio de Sting retrocede cuatro siglos en compañía de un laudista formidable; aunque, desde luego, no se trata de la búsqueda de los sonidos originales o de una adhesión a la escuela historicista. Eventualmente sobregraba su propia voz en armonías a cuatro voces o en figuras imitativas y pasajes en falsete, a la manera de un laboratorio personal que no evoca menos al madrigal isabelino que a Gentle Giant.

Sting transforma la interpretación de Dowland en un pequeño teatro musical; las canciones y piezas instrumentales alternan con la lectura, por parte de Sting, de fragmentos de las cartas que el compositor enviaba a Sir Robert Cecil, el poderoso secretario de estado de la reina Isabel, a fin de elevar su imagen en el mundo de la corte; son cartas bastante patéticas, que cristalizan la imagen de un hombre desolado (la inclusión de una única pieza de Johnson tiene un propósito dramático: John Dowland ambicionó, sin obtenerlo, el puesto de laudista de la reina que Johnson dejó vacante con su muerte, en 1594).

Las interpretaciones no están ceñidas a un estilo clásico. La sombría In darkness let me dwell, una de las canciones más extraordinarias de todo el repertorio isabelino, da una medida del liberal enfoque musical y expresivo de Sting. Sting no altera su característica inflexión vocal; la suya es una voz que combina una tesitura más bien alta y a la vez filtrada por una garganta algo cerrada, lo que le da su pastosidad y su inconfundible línea de sombra. No queda nada de la tradicional interpretación del repertorio isabelino en el registro de contratenor que impusieron Alfred y Mark Deller en los años 60, con la forma volátil, inmaterial y sexualmente neutra del falsete. En la voz de Sting esas melodías pierden necesariamente algunas volutas ornamentales, pero esto no las vuelve inexpresivas o anodinas.

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