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Reportaje al Dip Leonardo Gorbacz en el periódico Acción

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 11, 2006

LEONARDO GORBACZ
“La presencia del paco demuestra que exportamos cocaína”

Diputado Nacional por el Ari y psicólogo, Leonardo Gorbacz, resume la situación de la Argentina en materia de drogas en dos palabras que bien pueden parecer un eslogan político: “Emergencia y cambio”. Soltero y rozando los 40 años, junto con los diputados provinciales Sebastián Cinquerrui y Walter Martello, elaboró el informe Paco, la punta del iceberg, que describe el tráfico y consumo de esta sustancia en el conurbano bonaerense. Con ese antecedente, desde su oficina en el último piso del edificio anexo del Congreso asegura que hay una situación de “verdadera emergencia” generada por el crecimiento del consumo de sustancias de calidad cada vez peor y por lo tanto de mayor nocividad. Y agrega que el fracaso de las políticas adoptadas por el Estado hasta ahora, plantea la necesidad de “un claro cambio de estrategias”.
Gorbacz se matriculó como psicólogo en la Universidad de Buenos Aires y se desempeñó profesionalmente en el Hospital Regional de Usuahia, Tierra del Fuego, provincia a la cual representa como parlamentario. Los años que trabajó en el servicio de salud mental le permitieron ver, desde la realidad particular de esa región, cómo el tratamiento de los adictos varía según la clase social: “Los pobres son trasladados lejos de sus hogares con la excusa de que tendrán una mejor atención, cuando en realidad lo que hace el Estado es sacárselos de encima porque los considera un problema”.

–¿En qué sentido el paco es la punta de un iceberg?

–Es la punta de la instalación del narcotráfico en la Argentina. Porque pasamos de ser un mercado de tránsito a uno de producción. Esta droga se obtiene del residuo de la fabricación de cocaína. No es rentable su tráfico. Por eso la presencia del paco demuestra que hoy somos exportadores de cocaína y a la vez consumidores de sus deshechos. Y teniendo en cuenta cómo ha crecido este proceso en algunas zonas del Gran Buenos Aires y lo inadecuado de los planes de gobierno, esta es entonces una situación de emergencia. Pero además es la punta que nos muestra cómo la sociedad se fue disgregando desde hace dos décadas. Porque no es conveniente tomar el problema de las drogas como algo aislado. Es un síntoma social además de una enfermedad puntual.

–¿Cómo analiza el crecimiento del consumo en la sociedad?

–En primer lugar se ve una falta de proyectos generalizada, no solo por responzabilidad de los jóvenes. Las discusiones en política son siempre de coyuntura. Entonces, si como sociedad no podemos pensarnos de acá a 10 o 15 años, no podemos pedirle a los ciudadanos que proyecten nada. Si la cultura nos lleva a pensar que no hay futuro, ningún sacrificio vale la pena. Es simple economía del placer: yo renuncio a algo hoy porque sé que mañana voy a obtener una compensación. Pero si no es así, resulta difícil dejar de lado la satisfacción inmediata. Las drogas representan placer instantáneo y sus riesgos no se valoran porque se ubican en ese futuro difuso. Además, vivimos en una cultura que relaciona la felicidad no con la relación entre sujetos, sino con la incorporación de algún objeto. O, en este caso, una sustancia. Entonces el perfil del adicto se ajusta perfecto a lo que propone la cultura en general.

–¿Hay solución para este cuadro?

–Primero necesitamos datos ciertos sobre quiénes consumen, dónde y qué sustancias; porque casi no hay estadísticas sobre el tema. Y a partir de ahí tratar de concentrar los mayores esfuerzos del Estado para que en esos sectores existan alternativas para poder articular el deseo. Poniéndoles un club en la zona, un centro cultural, programas de inserción laboral o becas de estudio. Entonces esto, que no tiene una asociación directa con la droga, sí funciona con un efecto preventivo claro. Dándoles a los jóvenes alternativas de vida distintas es probable que cambien al consumo por lo que les permita realizarse a ellos como personas.

–¿Cómo cree que se llegó a esta situación?

–Por un lado se lo puede pensar desde la devaluación. Así como en algunos rubros hubo sustitución de importaciones, lamentablemente en esto también se introdujo lo importado. Pero además hay una demanda interna importante. Por eso debemos tener en claro que aun si el control del narcotráfico fuera exitoso el problema no se resuelve. No porque se elimine la oferta va a desaparecer la demanda de algo que alivie el dolor de tanta gente. Porque si no es el paco será el alcohol, el tabaco o la violencia. Hay que hacer un fuerte trabajo para que nuestra gente no necesite de esa salida, que en definitiva es un sin salida.

–¿En qué modos de prevención piensan?

–Apuntamos en primer lugar a la redistribución del ingreso. Sabemos que esto no se soluciona de la noche a la mañana. Pero creemos que cuanto más injusta es una sociedad más proclive será a este tipo de síntomas sociales como es el consumo de drogas. Y puntualmente queremos enfocarnos en evitar el consumo, que es funcional al sistema. Porque en la medida en que exista gente que se vuelque al consumo como vía de escape, van a ser menos personas presionando por mayores ofertas en educación, cultura y puestos de trabajo.

–¿Y en materia de seguridad?

–El punto de seguridad ciudadana está enfocado a proteger a los consumidores y a sus familias. La idea es que acerquen los datos sobre quiénes son los que venden la droga en los barrios. Como suelen ser vecinos o hasta parientes, la idea es que puedan acercarse en forma anónima a oficinas instaladas en los centros de salud y en los colegios en los que se registre la información. Esto es para evitar el miedo de los que van a denunciar, pero también para evitar la burocracia de la denuncia. Además, queremos que la gente salga del contacto con la justicia, porque cuando se acercan a las comisarías o a juzgados son tratados como delincuentes en vez de como denunciantes. Y esto hace que se pierdan datos valiosos para que los grandes traficantes estén presos y dejemos de tener las cárceles llenas de pibes por tenencia para el consumo.

–¿Están de acuerdo en despenalizar el consumo? Porque se suele hacer una relación directa entre delincuencia y drogas.

–Yo creo que esa asociación se debe a una fuerte campaña de sectores de derecha que buscan, a través de los medios, que uno tenga un perfil del delincuente pobre y marginal y no se pueda reflexionar e incluir también otros delitos, como la corrupción o las estafas cundo se habla de inseguridad. Y esto es funcional a un sistema donde los presos siempre son marginales, mientras que los llamados delitos de guante blanco nunca son castigados, ya sea porque las penas son bajas o el tipo de delito es excarcelable. Nosotros estamos de acuerdo en despenalizar el consumo y trabajamos en un proyecto sobre el tema. La penalización es inconstitucional. No hay delito en el consumo. Si algún consumidor comete un delito deberá ser sancionado por lo que haga y no por la presunción de que lo vaya a cometer. Porque ese sería un criterio muy peligroso que, llevado al extremo, daría la posibilidad de evaluar con un psicotest a los ciudadanos y si presentaran índices de peligrosidad sería legítimo encarcelarlos como una forma de prevención. Pero además creemos que despenalización no significa desentendimiento. Hay dos posiciones que viene adoptando el Estado en el tema: persecución o abandono. Entre los dos extremos debe haber una política sanitaria activa. Con prevención o tratamiento, pero de ningún modo la solución debe ser con el código penal.

–¿Cómo es la situación en la zona patagónica?

–Allí el aumento del consumo es mayor que en el resto del país. Pero también es más alto el índice de suicidios. Hasta hubo informes que demuestran consumo de paco en la zona. Las pocas mediciones que hay indican que un 3,1% de los encuestados admiten haberlo probado.

–¿Se puede relacionar esto con el aumento de los suicidios?

–Es posible, por la falta de perspectivas. Buena parte de la Patagonia está poblada por gente que vino de otras partes con el objetivo de obtener una diferencia económica y retirarse. Pero los hijos de esas familias que nacieron allí no pueden pensar en una historia en el lugar. No está su pasado, porque su raíz es de otro lado, y tampoco su futuro.

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