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Realidad y ensueño

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 13, 2006

Dos grandes exposiciones de fotografías y una muestra de evocativos paisajes de Mariano Cornejo


El auge de la fotografía, el éxito de la feria específica ( Buenos Aires Photo ), que ya va por la segunda edición, y el interés que despierta en coleccionistas y compradores han provocado lo inevitable: la revisión. Desde sus inicios históricos, la fotografía buscó parecerse a su hermana mayor, la pintura, adoptando la estética del impresionismo y luego, las de las diferentes vanguardias (surrealismo, futurismo, metafísica y otras). Hoy lo hace con grandes formatos, tal como se estila en la pintura contemporánea. Esta necesidad de revisar la historia de la fotografía en nuestro país explica la presencia de dos grandes muestras: las de Monteserrat Santamaría sobre Alberto Greco y los personajes de Annemarie Heinrich.

¿Quién fue Alberto Greco? Un singular artista nacido en Buenos Aires en 1931 y fallecido en Barcelona en 1965, poco antes de cumplir 35 años. En la década del cincuenta produjo pinturas inscriptas en la corriente de aquel momento, el informalismo. En 1962 comenzó en París su serie de acciones alineadas con el pointing (señalamiento) de Marcel Duchamp. Para Greco, no hacía falta re-presentar (volver a presentar en la pintura) nada, era suficiente con la realidad. Básicamente, la propuesta consistía en mirar con otros ojos aquello que todavía no había pasado al cuadro, elegir un motivo especial -aunque no fuera especial ni particular, como un lustrabotas o un ama de casa- y encerrarlo en un círculo de tiza. Sólo ese gesto indicaría, señalaría, una “obra de arte”. En la galería Del Infinito se exhiben unas doce fotos de las experiencias de Vivo Dito en Piedralaves, Avila. Montserrat Santamaría -que circunstancialmente paseaba por el pueblo junto con tres amigas- fue la testigo involuntaria y autora de las tomas de esta particular forma de arte efímero. En las fotos se puede ver a Greco “firmando” (en rigor, sosteniendo un cartel con su nombre), un paisaje pueblerino o una señora tendiendo las sábanas.

* * *

Muy distintas son las fotos de Annemarie Heinrich que se exponen en la galería Vasari. Heinrich, que nació en Alemania en 1926 y falleció en nuestro país en 2005, fue piedra angular de la historia de la fotografía argentina. La serie presentada se llama Tabaris y se centra en personajes del famoso cabaret que funcionó en las décadas del 30 y 40, y luego se convirtió en un teatro de revistas y varieté. No es éste el mundo cotidiano de un ama de casa, por el contrario, es un universo de fantasía, con mujeres fulgurantes y hombres musculosos, todos ellos en una escenografía de ensueño.

En el catálogo de la muestra se lee: “Sus creaciones habitan los años dorados del cine argentino, el teatro, la radio y las fotonovelas. Innumerables son las fotografías que llegan a ser tapas de revistas especializadas como Radiolandia y Antena entre 1935-1976, amén de su permanente colaboración en decenas de publicaciones donde sus imágenes grafican la estética de una época”. Es difícil no evocar el clima de las novelas de Manuel Puig, como Boquitas pintadas , y no imaginarse a miles de lectoras-cenicientas que sueñan con estos escenarios de maravilla. No menos importante es una referencia más culta a las estatuillas crisoelefantinas (de oro y marfil) características del art déco . Si se observa a las diversas divas, por ejemplo, Sara Rivero como La araña , Angélica Moreno como Mercurio o incluso a Inés Yok como El reloj , con su pierna levantada remedando la manecilla a las seis en punto, veremos que las mujeres comparten mucho con la estatuaria decorativa de maestros como Chiparius, Gerdago o Bruno Zach.

(En Del Infinito, Quintana 325, hasta el 17, y en Vasari, Esmeralda 1357, hasta el 17, respectivamente.)

Paisajes no apaisados

La cámara fotográfica mira el mundo desde una ventana rectangular y así fue concebida la pintura desde el Renacimiento. Mariano Cornejo (Salta, 1962) rompe con esta tradición en la serie de obras que llama simplemente Paisajes . Los marcos son de forma irregular, algo así como el “marco recortado” del arte concreto, sin la rigidez de la geometría y con las irregularidades propias de la madera. Cornejo hace una síntesis entre pintura, objeto y escultura, la textura de la madera, sus accidentes, perforaciones y rugosidades no hacen más que evocar las texturas del paisaje.

No menos importante es la imagen que se despliega en cada obra. Cornejo no capta el paisaje en su aspecto turístico o más encantador, sino en su dimensión cósmica, tal como se evidencia en una obra espectacular: El sueño del árbol . Son paisajes casi salvajes, el noroeste argentino apenas horadado por la huella del hombre y sobre todo, llevando a cuestas la memoria de las culturas precolombinas. El salteño recupera un género que parece poco adecuado a los lenguajes contemporáneos, sin embargo, demuestra que el mensaje está por encima de cualquier recurso formal o género. Algo olvidado en nuestros tiempos.

(En Palatina, Arroyo 821, hasta el 13 de noviembre) 

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