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¿Esa tostada debilidad?

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 14, 2006

Quien la padece, aunque esté negro como el carbón, se percibe pálido. La obsesión por el bronceado puede derivar en trastornos obsesivos-compulsivos.

CAMBIO DE PATRONES. Los referentes de belleza cambiaron. Antes, una piel pálida era signo de salud y belleza, ahora lo es una piel bronceada.

Me gustaba estar bronceada, porque todo te queda mejor, porque estás más linda. Vivía tomando sol: si iba a bailar y llegaba a la madrugada, me quedaba despierta para no perderme el sol. Y aunque todo el mundo me decía que estaba re negra, siempre me veía blanca o me parecía que los demás estaban más quemados que yo. La verdad es que organizaba mi vida para tomar sol», cuenta Analía y muestra el doble filo del bronceado. Ya se conocen los otros peligros: el agujero de ozono, los rayos UV, las quemaduras, insolaciones y el cáncer de piel, pero poco se habló acerca de que el bronceado pudiera ser adictivo.

En Gran Bretaña bautizaron Tanorexia (tan significa bronceado en inglés) a un combo de síntomas que describen una condición de mecanismos similares a la anorexia. Pero en este caso, el tanoréxico al mirarse al espejo, en lugar de percibirse gordo aunque esté cada vez más flaco, se percibe pálido, aunque luzca un bronceado jamaiquino. De modo que toma sol en exceso, ya sea al aire libre o en cama solar, al punto de poner en riesgo su salud. «No pensaba en los riesgos. Es como la gente que fuma, va al doctor y le dice que tiene que dejar de fumar, pero no deja», explica Analía, que con sus 26 años tomó todo el sol que pudo desde los 13 y reconoce que apenas hace dos que aminoró su ritmo de exposición. Pero Analía lejos está de ser una excepción a la regla. Los casos proliferan -o se acentúan- a meses de que llegue el verano y son de pública percepción y conocimiento: hasta Iliana Calabró admitió en el programa de Tinelli que todos los días se da una dosis en la cama solar de su papá.

El uso y abuso de camas solares es un boom en el Reino Unido. El año pasado, según publicó la BBC, la gente gastó cerca 40 millones de libras (unos 200 millones de pesos) en camas solares y cremas para lograr un mejor color. El interés por lucir un buen bronceado puede convertirse en obsesión y eso preocupa al punto de ponerle nombre. Según el Cancer Research de Reino Unido, el uso de cama solar puede duplicar el riesgo de padecer cáncer de piel.

Pero tomar sol hasta lo inverosímil no es algo nuevo, lo nuevo aquí es que adopte el carácter de fenómeno. «Se trata de una expresión del Trastorno Dismórfico Corporal (TDC). La piel es una de las áreas de preocupación más frecuentes en estos casos», señala Ricardo Pérez Ribera, psiquiatra especialista en trastornos obsesivo-compulsivos y trastornos asociados y director médico del Bio-Behavioral Institute, y explica: «El TDC es un desorden con tendencia a la cronicidad que se caracteriza por la preocupación por un defecto imaginario en su apariencia. Además de este síntoma principal se dan conductas repetitivas para chequear el «defecto», como mirarse innumerable cantidad de veces en el espejo». Según Katarine Phillips, que investigó la obsesión por el bronceado entre quienes padecen alguna forma de Síndrome de Dismorfia Corporal (el defecto puede alojarse en cualquier parte del cuerpo: la nariz, las orejas, los pies, etc.), la incidencia de tanoréxicos es del 25%.

Sin embargo, para no todos los «tanoréxicos» tomar sol es una actividad placentera. «Para mí era una tortura«, cuenta Paula, que transita los 33 y varios años ya lejos del sol, «no estaba más de un par de horas, pero las del mediodía. Y si no, iba a alguna cama solar». En cambio Analía sí disfrutaba del momento y sólo se bronceaba al aire libre «Ya no tengo la misma tolerancia de antes. Ahora si me siento al sol al mediodía para almorzar con mis compañeras de trabajo, no lo aguanto». Ella, que era perfectamente capaz de pasarse seis horas al sol, abandonó el hábito cuando comenzó a ocupar la mayor parte de su tiempo en el trabajo. «También noté que me estaban apareciendo arrugas, sobre todo en el pecho y también muchas manchas blancas. Ya no me pongo al sol sin protector, ni tanto tiempo, pero igual, si salgo un fin de semana, ¡me muero por tomar sol!».

El problema comienza cuando no se puede prescindir del bronceado, cuando la percepción de la piel sin tostar se asocia a un pálido enfermizo. «Ahora me doy cuenta», reflexiona Analía, «cuando miro fotos de años atrás descubro que estaba súper negra, casi hasta un punto de lo desagradable, pero en ese momento no me daba cuenta». Para Paula hay cierta negación. «Mi hermana se acuerda mejor que yo de las cosas que hacía para broncearme: me compraba en la farmacia unos chicles de zanahoria, o me ponía coca cola para tostarme más, aceite para la piel o una crema de yodo que era peligrosa. Le pagaba a mi hermana para que me trajera agua del mar (vivíamos en el sur, sobre la costa). Una vez hasta me puse miel porque me dijeron que servía, pero era un chiste, lo único que logré fue que se me pegaran las moscas», cuenta risueña. «No pensé que fuera poco saludable, lo hacía para verme linda

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