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El ARI TDF elaboró una carta abierta con un balance

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 15, 2006

Las integrantes del Bloque ARI de la Convención Estatuyente Municipal elaboraron una Carta Abierta dirigida a las ONGs y a quienes acercaron proyectos, inquietudes y propuestas. Allí se refieren al resultado que se obtuvo, en el camino de construcción de la Carta Orgánica Municipal. También se refieren a las tareas que quedaron pendientes.

Río Grande – Fabiana Ríos y Verónica De María, las dos integrantes del Bloque ARI en la Convención Estatuyente Municipal, elaboraron una Carta Abierta dirigida “a las organizaciones que presentaron las “Luces y Sombras” y a aquellos ciudadanos que acercaron ideas, propuestas y su preocupación a la Convención Constituyente”, dicen las autoras del texto.
Indicando que en él se pretendió “resumir las expectativas, el desarrollo y el resultado de este tránsito”. E indicando que la carta abierta “tiene un doble propósito: un agradecimiento a quienes demostraron profundo compromiso y un desafío para lograr una mejor ciudad para todos, aún desde este punto de partida”.
El texto comienza señalando que “Se terminó de tratar en sesión ordinaria la Carta Orgánica Municipal. El trabajo que resta es el de corrección, concordancia verbal, formalidades sintácticas, disposiciones legales de presidencia, publicación en el Boletín Oficial, tareas administrativas de disolución de la Convención Constituyente, la impresión del texto completo del diario de sesiones encuadernado con tapas duras y letras doradas que recen con solemnidad Convención Constituyente del Municipio de Río Grande.
Para algunos, la discusión y sanción de esta ley fundamental para la ciudad resultó un galón más en su carrera personal y política, un diploma honroso, un formal aplauso, la medalla de ser protagonista de un hecho único e irrepetible de la historia y el beso de sus amigos o adeptos”.
Pero luego advierten que “Para otros fue sentarnos a una mesa de discusión donde partíamos de menos diez, con un infraproyecto de ley, retrógrado e insuficiente.
No fue una mesa redonda, por cierto. No fue una mesa de iguales. En la cabecera se apiñó el poder junto a quienes lo sostienen, no lo cuestionan, lo justifican y le conceden mantener privilegios”, señalan.
Luego agregan que “Dos grandes debilidades cruzaron a esta Convención: el desprecio y la soberbia. El desprecio por el Otro, por el que representa a un grupo de habitantes más o menos numeroso, que comparte ideales, motivaciones, prioridades, preocupaciones y criterios. Un “Otro” que sabe dónde está parado, que no pretende ser “Todos” y que busca discutir y convencer con fundamentos”.
Después dicen que los otros fueron también “los ciudadanos que se acercaron y que aportaron sus ideas y preocupaciones, los que expusieron –con valor y con angustia- la precaria situación de los derechos humanos en Río Grande, la contención de niños, adolescentes y jóvenes a quienes el sistema institucional y por qué no represivo se les volvió visible, la falta de planificación, de infraestructura, de equipos interdisciplinarios, de coordinación de políticas, la ausencia de discusión y el manejo discrecional, cuando no disciplinador de los recursos de todos en la información pública. Son los que en todos los idiomas posibles solicitaron y propusieron principios para el acceso a derechos básicos como la información pública y la participación”.
Las convencionales de ARI también se preguntan “¿Qué lugar ocupa el Otro para las mayorías virtuales? Para estas mayorías, el otro es sólo la justificación de esa mayoría. Son mayoría porque hay minoría. El único sentido que tiene ese Otro es el de ser funcional. Necesito una minoría para ser mayoría. Quisieran decir: somos el ABSOLUTO. Pero saben que no pueden sincerarse hasta tal punto, aunque el deseo profundo es el de ser Absoluto. Por eso la preocupación por dar estadísticas, sin poder separarse de la fiebre de las consultoras, tan propias de los 90”, dicen las convencionales en su carta abierta.
Después señalan que “gracias a que la mayoría concedió un tiempito al Otro para que hable con soltura, dicen –y hasta con convicción- que el proceso de la Convención fue participativo. ¿Eso es participación? ¿Con eso alcanza? ¿Qué parte no se entendió de los proyectos, de la problemática de adicciones, de la representación gremial a través de las organizaciones reconocidas por las Constituciones Nacional y Provincial?”, señalan De María y Ríos.
Luego comentan que cuando aún se debatía el preámbulo “sorprendió escuchar palabras de despedida. Estábamos, para nosotros, discutiendo el contenido. Sin embargo comenzaron a ponerse el sobretodo, tomaron el bastón colgado del perchero, se acomodaron el pañuelito que asomaba del bolsillo y con un primer baño de bronce iniciaron los discursos de despedida. Y no faltaron las estadísticas. Se escuchó entonces, casi con orgullo, que un 75% había sido votado por unanimidad. Pues bien, vamos a ponerle contenido a esas estadísticas”, desafían.
En ese mismo sentido dicen que “en las disidencias finales, que formaron parte del 25% restante, en la imposibilidad de discutirlas, está el Otro, aquel que no se tuvo en cuenta al momento de cristalizar un texto.
Entre los otros quedaron los esfuerzos de los trabajadores del Estado,
de organizaciones ambientalistas,
de las víctimas de violencia laboral e institucional,
de trabajadores de prensa que se conciben como tales,
de organizaciones de derechos humanos que buscaban un Municipio con garantías y políticas activas,
de personas preocupadas por las adicciones y el abordaje integral de las mismas que se encuentran con una Carta Orgánica que no habla de adicciones,
de personas preocupadas por el abandono,
de los que esperaban un representante con legitimación para defender a los ciudadanos de las distorsiones del sistema democrático, que no por ser el mejor resulta infalible,
de las generaciones futuras o nuestra posteridad, ausente también en las intenciones expresas de la carta orgánica”.
Más adelante se vuelven a preguntar “¿quiénes están dentro del 25% que no se pudo consensuar? ¿Por qué no se pudo consensuar? ¿Quiénes son y qué representan para la ciudad? ¿Son molestos? ¿Los hacemos invisibles? ¿Los subimos a la nave de los locos? ¿Tomamos los aportes y –arbitrariamente- cuando nos conviene los ponemos a consideración del cuerpo y cuando no nos conviene hacemos como que nos los escuchamos, como que pasó una brisa y se llevó las palabras?”.
Luego dicen referirse “a la segunda característica de esta Carta Orgánica: la Soberbia. No se puede modificar por diez años y no se permiten las enmiendas. Es decir que supone, la mayoría, que no hubo errores y que no se detectarán errores.
¿Como harán ahora para aggiornarse a los nuevos vientos patagónicos que dicen que tres mandatos es una “monarquía”?
Nada que corregir, nada puede cambiar en el mundo en diez años, ni en el país, ni en la región ni en la ciudad. Todo es y será como quiere la mayoría virtual. Porque el Otro existe sólo si deseo verlo, cuando necesito verlo, cuando me sirve para consolidar mi sensación de Absoluto, de mayoría”.
Ya en el tramo final de la carta abierta expresan que “El trato dispensado al otro, falta de trato o mal trato, también es soberbia.
Algunos dejamos, en esta discusión, lo mejor.
Algunos sentimos una violencia institucional de dimensiones pocas veces imaginada. Quizás se trate de la violencia instalada en la administración aunque concentrada en una experiencia de tres meses.
Creíamos que éste sería un ámbito diferente, pero las cartas estaban echadas y la convención tuvo un solo objetivo: consolidar un régimen, lograr la tranquilidad de una posible candidatura a la re-reelección y la consolidación de caudillismos locales.
Debe quedar claro que lo único que pudieron fue plasmar la POSIBILIDAD, la realidad la decidirán los pueblos, esos OTROS ignorados o aparecidos sólo cuando su visibilidad no ponía en riesgo los deseos de esa mayoría.
Para terminar, no todo está perdido. Hay herramientas que habrá que hacer valer, ponerles contenido, reclamar como propias, ponernos en un pie de igualdad en los espacios, impedir que nuestra vida se convierta en una tecnocracia.
Partimos de menos diez, como decíamos más arriba y logramos un mediocre cuatro. Pues bien, avanzamos catorce. Pero fue un esfuerzo enorme.
Nos negamos a vivir en la mediocridad y en todos nosotros está buscar nuestros talentos y hacerlos crecer.
Hacer carne la libertad que nadie nos regala, sino que nos pertenece.
La organización que nadie nos propone, sino que entendemos debemos darnos.
La creatividad irreverente que desnude el absurdo de las mayorías que buscan supervivencia política.
La alegría que sólo nos da el hecho de sentirnos personas, tratadas como tales.
La dignidad que no pueden medir las consultoras de opinión”, concluyen las dos representantes del ARI.

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