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¿Sin culpables a la vista?

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 22, 2006

No serían una consecuencia de la falta de lectura, los mensajes de texto o la velocidad de la comunicación. Especialistas sugieren apelar a la reflexión además de a reglas llenas de excepciones.

DOS OPORTUNIDADES. Los saberes ortográficos se pueden aplicar mientras se escribe o cuando se hace la revisión. La autocorrección da más independencia al escribir.

Que es una burrada, que es por falta de lectura, que no puede ser que un chico de esa edad o una señora con semejante cultura… pero sí: cualquiera, en cualquier momento de su vida, puede tener faltas ortográficas. La pregunta es por qué algunas personas parecen nacer con el don de la ortografía perfecta y otras no. Y la respuesta parece estar cubierta de mitos: que es por culpa de la falta de lectura (¡mal mayor!), que es por la irrupción de los mensajitos de texto que mandamos por celular, que es por culpa de la tecnología, de los mails y del apuro, o acaso ¿de la televisión?.

Falsos acusados

La falta de lectura es uno de los diagnósticos más citados cuando una persona tiene mala ortografía. “Ud. debería leer más“, se dice habitualmente. Es desacertado. “Hay gente que es muy lectora pero que así y todo tiene muchas faltas”, señala Mirta Castedo, directora de la cátedra de Escritura y Lectura de la Universidad Nacional de La Plata y de la maestría en Escritura y Alfabetización. “El lector está sumergido en la historia y por eso no se fija con qué letra va. Hay otra cosa que no es la lectura sino la exposición al impreso, que supone que a mayor exposición, menos faltas. Un ejemplo sería la palabra Coca-Cola. Su nivel de exposición es tan alto que cualquiera que viva en Occidente sabe cómo se escribe”.

“La ortografía es un indicio para anticipar sentidos de la lectura, pero eso no significa que sea natural que una persona se ocupe de recopilar información ortográfica cuando lee. No es la lectura la que determina que una persona cometa o no errores de ortografía”, coincide Mirta Torres, especialista en práctica del lenguaje del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y de la Secretaría de Psicología del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

Causas sociales

También juega un importante papel el desprestigio social que genera el tener una mala ortografía. Sin embargo, si antes era cosa seria tener faltas, hoy hay cierto relajo, algo así como una disculpa implícita. “Depende del uso que se le da a la escritura”, opina Torres. “Si tiene un uso formal, como un currículo, una falta de ortografía produce desprestigio. Es cierto que ahora hay menos formalidad en muchas situaciones: los chicos tutean a la maestra, tuteamos al médico, y antes mi papá no iba a ningún lado sin traje. Cayeron formalidades que eran más estrictas, los jóvenes tienen más autonomía y los adultos no están tan seguros de su autoridad, y todo esto contribuye a entregar un escrito sin haber hecho una revisión. El que escribe tiene que tener conciencia del contexto en el que se presenta su texto, no puede presentar un currículo y dejar que lo discriminen por una confusión entre V cortaB larga.”

Las tecnologías aportaron su granito de arena a la confusión. Algunos dedos señalan a los teléfonos celulares y los acusan de generar una escritura deformada entre las nuevas generaciones, sobre todo por esa forma abreviada y acaso codificada de escribir mal y rápido. “No hay investigación que dé cuenta de esto. Teóricamente es exactamente al revés, para abreviar hace falta conocer la palabra completa, de manera que al reducir, el interlocutor te pueda seguir entendiendo. El que puede lograr ese tipo de escritura es porque conoce la escritura correcta y sobre eso hace una operación de reflexión para llegar a la abreviatura teniendo en cuenta la competencia del destinatario”, explica Castedo. “Si hubiera investigación que demuestre que este tipo de escritura genera faltas de ortografía, tendríamos que revisar la teoría”.

Pero estos cambios tecnológicos suelen desestabilizar la norma, explica Castedo. “Sucede con cada transformación de los materiales de escritura. La humanidad escribió sobre diferentes superficies: papiros, sobre arcilla, con distintos instrumentos, plumas, punzones. Ahora lo hace sobre una pantalla y con un teclado. Cada cambio genera un momento de enorme instabilidad ortográfica“.

¿Las reglas? Bien, gracias.

“El mayor problema que se presenta en la discusión acerca de cómo enseñar ortografía se centra en las reglas ortográficas”, señala Ana María Kaufman. “Se supone que conocer las reglas permitiría evitar los errores, pero hay cuestiones que se llaman particulares que no están cubiertas por una regla generalizable y en el castellano estas cuestiones representan el 60% de los errores probables. Por eso, conocer las reglas no garantiza una correcta ortografía”.

Mejor que las reglas, es la reflexión. “Algunas reglas son mentirosas y no es cierto eso de que la excepción hace a la regla. No es verdad que todas las palabras terminadas en aba vayan con b, aba es una acción reiterada en el pasado”, dice Torres. “La ortografía está muy relacionada con el significado, pero esto en la escuela se aprovecha poco. Si el pan es casero (con S), es porque se hace en la casa. Este tipo de asociaciones son las que hay que buscar”.

Incertidumbres y responsabilidades

Lo cierto es que no se conocen las razones por las cuales algunas personas tienen errores de ortografía y otras no. “Lo que sabemos los que estudiamos adquisición de escritura -y no porque haya investigación sino por experiencia en las aulas-, es que cuando un chico pregunta tempranamente con qué va, aún cuando no sabe todas las letras, no va a tener faltas de ortografía. Son casos en los que hay una conciencia muy temprana de la oposición de grafías“, explica Castedo.

Por su parte, la revisión cumple un rol fundamental. Explica Torres que si hay quienes tienen la capacidad de poner en juego saberes ortográficos al momento de escribir, hay otro grupo de personas que son capaces de hacerlo, no en esta primera instancia, pero sí en una segunda: en la de la revisión. Y también están aquellos que no aprovechan esta segunda oportunidad. Sin embargo, en esa revisión, lo dice Emilia Ferreiro -la discípula argentina de Jean Piaget-, se juega la autonomía del que escribe. Si los chicos en la escuela aprenden a dejar en manos de la maestra la corrección, están cediendo terreno de su independencia a la hora de escribir. La revisión es responsabilidad del que escribe. Y el hábito de revisar se aprende, siempre y cuando, se enseñe. Por eso, la ortografía no es un don, sino más bien, un territorio por conquistar.
y

 

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