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Barcelona descubre el compromiso de Miró en el espejo de su madurez Cuarenta obras del artista, realizadas

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 24, 2006

BARCELONA. La etapa de madurez de Joan Miró (1956-1983) parecía ser la más familiar, y quizás sea la más desconocida. Hablamos de una serie de pinturas caracterizadas por sus grandes dimensiones y el trabajo con formas sintéticas y colores vivos. Obras que forman parte de un mismo período, distinto a la etapa formativa y a la vanguardista. Quizás se ha hablado mucho de su originalidad y de sus cualidades, pero se ha tenido poco en cuenta su origen en unos determinados contextos personal y social, que irremediablemente influyen en la obra.

Explicar la historia de estos cuadros es el objeto de la exposición que inaugura hoy la Fundación Joan Miró de Barcelona. Una muestra que cuenta con el patrocinio del BBVA. Su apoyo ha permitido al museo barcelonés reunir cuarenta piezas, entre préstamos y obras propias, para revisar, en profundidad, el contexto creativo de casi treinta años de actividad. Javier Ayuso, director de comunicación del BBVA, subrayó lo poco estudiado que está este período, y el contraste entre unas obras más simples y otras más agresivas.

Obra y contexto

Rosa María Malet, directora de la Fundación Miró y comisaria de la exposición, se ocupó de encuadrar esas palabras con el inicio de la actividad de Miró en el taller de Sert en Mallorca, y con un viaje a Japón. Pero también con la actitud de un artista batallador, que en plena madurez (en 1956, tiene 63 años), en lugar de complacerse con su reconocimiento internacional, se lía con todo tipo de iniciativas artísticas: teatro, danza, tapices, carteles…

El estreno del taller mallorquín posibilitó el trabajo con grandes formatos y la revisión de proyectos que anteriormente no se podía plantear. Éste es el caso del tríptico «Bleu», fechado en 1961, que generosamente ha prestado el Centro Georges Pompidou de París.

«El color de mis sueños»

Además de decantarse por el gran formato, Miró puso en acción el magnetismo de los colores. Unos colores que, para el artista barcelonés, forman parte de un mundo personal y simbólico. En 1926 escribía, al lado de una manchita azul: «Éste es el color de mis sueños». En 1956 tiene la oportunidad de explorar la fuerza de los colores, y a través de un proceso paciente y constante, llega a completar este tríptico, hecho de armonía entre formas y colores. Un proceso de creación y contención que reaviva los sueños del artista.

Pero un viaje a Tokio en 1966, con motivo de una exposición, envolvió a Miró en el estudio de la gestualidad caligráfica y en el descubrimiento de los «haikus», la particular poesía japonesa. Aspectos que se reencuentran en obras como «Goutte d´eau sur la neige rose» o «Cheveu poursuivi par 2 plan_ttes», realizadas en 1968. Dos obras donde la disparidad entre título y color de la obra realzan la libertad del mundo interior, de las sugerencias, de la imaginación. El año 1968 nos sitúa también en un tiempo especialmente significativo, el núcleo de unas décadas, convulsas a nivel social y cultural, que no pasaron desapercibidas para Miró. El artista se implicó desde su condición profesional, y expresó en sus telas el impacto del mayo del 68 o la sentencia a muerte de Salvador Puig Antich, en 1974.

Según María Rosa Malet, esta época, que parecía tan conocida, no había sido nunca explicada por los expertos internacionales en la obra de Miró. Sugiere que la falta de consideración del contexto creativo pudo influir en la despreocupación por este período, a favor de otras etapas más fácilmente explicables por su relación con las vanguardias o el surrealismo, mejor conocidos. El planteamiento de la exposición ha permitido al equipo del museo situar estas obras y también relacionarlas con los diversos estudios preparatorios con los que el artista iba planteando sus obras, y que en algunas ocasiones reelaboran ideas y anotaciones anteriores. Toda esta reflexión y todas estas influencias explican el trabajo con el negro, la gestualidad, el equilibrio entre colores. Y, también, obras más agresivas donde entra en juego el azar y el artista desparrama la pintura con botes o escobas. Se muestran también una serie de telas quemadas, con las que el pintor quería protestar contra la especulación del arte. Pero se trata de una queja llena de virtudes creativas, de una persona capaz de convertirlo todo en arte.

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