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SHAKIRA EN LA ARGENTINA : ENTREVISTA EXCLUSIVA A LA CANTANTE COLOMBIANA

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 24, 2006

Con Antonio nos sentimos un matrimonio»


Antes de sus shows de hoy y mañana en Vélez, este medio la entrevistó a bordo de su avión privado, en vuelo desde Chile a la Argentina. Contó que quiere ser madre, que se empezó a psicoanalizar en nuestro país y habló de Antonito.


VALE DOBLE Shakira tiene dos psicoanalistas: uno argentino, y otro colombianoSi algo tiene de bueno entrevistar a Shakira a las dos de la madrugada, a diez mil metros de altura, en un avión que se bambolea sobre la Cordillera de los Andes, es la sensación de seguridad. Por una vez en la vida, el pánico al vuelo queda conjurado: un absurdo pensamiento mágico se apodera del cronista y le indica que si a bordo del avión hay una celebridad, es imposible que ocurra alguna tragedia. No importa que Carlos Gardel, Glenn Miller o Herbert Vianna lo desmientan; tampoco que se trate de una nave común, mediana, un Boeing 737 de diez años de antigüedad. Nada malo ocurrirá, simplemente porque Shakira es una de las pasajeras.

No es un jet privado: es un avión de bandera mexicana, alquilado para las giras o viajes de diversas figuras (Maradona, por ejemplo). Tiene capacidad para 150 personas, pero a bordo hay unas 30. En la modesta primera clase viajan la colombiana y sus íntimos: sus padres, Nilda Ripoll y William Mebarak, dos queribles ancianos que tratan de concentrarse en la lectura de sendos best-sellers; dos de sus siete hermanos, Tonino y Robin; Pepo Ferradas, su manager para Latinoamérica —tiene otra, mujer, para el resto del mundo—; su cuñado, Aíto de la Rua. Atrás, en la desértica clase turista, están los músicos: una banda multiétnica que aporta el clima de viaje de egresados propio de toda gira. Y por toda la nave, de brazo en brazo, anda la desconcertada Sachi, la perrita maltesa elegida entre cinco para acompañar a su dueña por el mundo.

El operativo Buenos Aires empezó apenas terminó el recital de Santiago: a las 23.15, una caravana cinematográfica, encabezada por un patrullero y una moto de los carabineros chilenos, partió hacia el aeropuerto. Previo paso por un vip del aeropuerto —donde no faltaron fans ni cámaras de televisión— y una vez hechos los trámites de migraciones —porque nadie hace las colas, pero igual hay que llenar formularios y mostrar documentos—, el grupete aborda el avión. En pleno vuelo, una cansada pero locuaz Shakira se traslada hacia la clase turista para cumplir con una más entre tantas obligaciones de estrella: escuchar y responder las preguntas de un periodista.

La prensa chilena se refirió a la madurez que mostraste en estos shows, comparándolos con los del año 2000. ¿Te sentís madura?

Eso de la madurez artística es un concepto que me asusta muchísimo: supongo que implica un autoconocimiento muy profundo de tus capacidades artísticas, y yo todavía dudo mucho de mi capacidad. Sí me siento mucho más relajada, más cómoda con quien soy y lo que tengo para ofrecer. Como ser humano sí he madurado mucho: me conozco más, sé mis puntos débiles, mis miedos, y de dónde vienen. Y eso se lo debo al psicoanalista.

¿Cuándo empezaste terapia?

Hace unos cinco años, en la Argentina. Por curiosidad: me hablaron de un muy buen psicoanalista, lo fui ver y ya no pude parar. Es como gambling, el juego: una adicción.

Con tantos viajes, ¿cómo mantenés el tratamiento?

Tengo dos psicoanalistas, a uno le pongo los cuernos con el otro. Uno es argentino y a veces me atiende en Nueva York; el otro es colombiano. Ojalá pudiera tener sesiones una o dos veces por semana, como la mayoría de la gente. A veces pasan muchos meses y me doy de alta, pero después vuelvo con el rabo entre las piernas.

¿Cómo se hace para no trasladar al escenario los problemas que uno hablaría en sesión?

Mi comunicación con el público es metafísica, extrasensorial; no precisa de palabras. Ellos saben si tuve un mal día: yo trato de esconderlo, pero no puedo engañarlos. Hasta que de pronto me encuentro con la sonrisa de alguien que me recuerda que vale la pena estar ahí arriba. Esa persona me levanta desde lo más hondo, y resucito. Sentir a miles de personas cantando conmigo me hace sentir menos sola arriba del escenario.

A pesar de que estás rodeada por ochenta personas, la vida de gira (aviones, hoteles) debe ser muy solitaria.

Tengo un grupo de trabajo que no me hace sentir sola. Mi hermano es una gran compañía, lo mismo que un grupo de argentinos con los que me comunico muy bien a nivel intelectual y personal. Aíto se encarga de la logística y ha sido fundamental para mi paz personal. Porque yo he tenido giras donde me tuve que ocupar de tantas cosas que no tuve paz. Esta ha sido de mucho disfrute: Antonio se preocupó porque yo pudiera disfrutar de esta gira, y organizó todo de tal forma que tuviera momentos de descanso. La gira pasada fueron ocho meses sin parar, una locura. Aquí he podido parar cada dos meses para recargar energías. Antonio es muy eficiente escogiendo gente, y ha armado un gran equipo de trabajo, que además ahora es como mi familia.

¿No será raro estar en Buenos Aires sin él?

No, porque a Argentina la siento como mi segunda patria. Estoy muy feliz de volver, y presiento que van a ser dos noches inolvidables. Es posible que él venga para mi segundo show: ahora está en México, organizando fundación Alas. Si no, le veré en otro lado. El no está todo el tiempo conmigo en la gira: viene, está conmigo unos días y se va. Se mueve entre Nueva York, Miami, México y Bahamas, los lugares donde está establecido laboralmente. Toma más aviones que yo.

¿Te divierten o te fastidian los rumores y las constantes preguntas por tu embarazo y casamiento?

Esas preguntas sobre el embarazo tienen mucho que ver con esa comunicación extrasensorial que existe entre mi público y yo. La gente tiene olfato para darse cuenta de que hay dentro de mí una madre latiendo, que quiere salir, florecer. Siento el tic tac del reloj biológico. Lo que pasa es que este no es el momento de mi carrera y mi vida como para recibir a un bebé. Pero física y psicológicamente tengo un llamado interior a ser madre. Porque me siento más mujer que nunca: a los 29 años, estoy muy conectada con mis aspectos más femeninos. Pero faltan un par de años para que Antonio y yo demos ese paso.

También es curiosa la inquietud por saber si te vas a casar, en una época en la que el matrimonio es algo casi antiguo.

Sí, han bajado las acciones del matrimonio en el mercado, ¿no? Yo en mi convivencia con Antonio ya me siento casada, espero que él también (risas). Hay un compromiso mutuo muy fuerte, un amor muy grande, un compañerismo absoluto. Y no estamos urgidos de que el estado y y la iglesia nos declaren marido y mujer, porque ya nos comportamos como tales. Ya nos sentimos un matrimonio.

 

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