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Silvio y el duende de la música

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 24, 2006

A sus 60 años, al trovador cubano Silvio Rodríguez le esperan mil proyectos por hacer. Tiene entre manos unas cuantas canciones y sigue invocando al «duende», esa magia efímera que surge con el público, al que aún hoy, tras más de 40 años como artista, teme enfrentar.

Nacido el 29 de noviembre de 1946 en el pueblito de San Antonio de los Baños, a 40 km de La Habana, Silvio Rodríguez llegó a convertirse en todo un ícono de la canción de protesta latinoamericana, fundador, con Pablo Milanés y Noel Nicola, de la Nueva Trova.

Guitarrista, compositor, cantante, poeta, dibujante, diputado y ahora también productor de cine, el trovador cubano dice a la AFP que 60 es una buena edad para detenerse, hacer cuentas y reflexionar.

«Me pongo a hacer recuento de lo hecho hasta aquí y me falta mucho por hacer. Es poco, poquísimo, lo que he hecho. La mejor parte es la que está por venir: muchas canciones por hacer», asegura.

Más de una veintena de discos, unas 300 canciones grabadas y un centenar inéditas. Pero acaba de saldar parte de la cuenta que quedó debiéndole a su esfuerzo inicial: «Erase que se era», su último disco, una antología de piezas que compuso en los años 60′.

Forman parte ya del imaginario colectivo latinoamericano «Unicornio», «Te doy una canción», «Ojalá», «La era está pariendo un corazón», «Pequeña serenata diurna», «Por quien merece amor», «La Maza», «Al final de este viaje», «Angel para un final» y «Oh melancolía».

Pocos saben que esa canción lo tomó por asalto y sencillamente se quedó. «Cuando estaba ensayando para un concierto con el grupo ‘Afrocuba’, toqué un acorde por equivocación. Les dije a los muchachos ‘me tengo que ir’ y salí corriendo a escribir. Era ¡Oh Melancolía! «, relata, mientras toma la guitarra. Sol, re, mi, fa se escucha en el estudio mientras continúa: «Pero hay muchas que se quedaron en el camino. Estoy ahora como volviendo a los orígenes. . . a la niñez, a la visión más sencilla, más simple de las cosas», dice al no descartar una nueva selección de trabajos inéditos.

Está en mil y una cosas a la vez, concentrado en una antología de canciones de Noel Nicola -fallecido el 7 de agosto de 2005 a los 58 años-, en la composición de la música para el largometraje animado «Meñique», y ayuda a mezclar un disco de su hermana Anabel López.

También dedica tiempo a su hija de cuatro años y a Niurka, su esposa y una de las mejores flautistas del país. Es disciplinado en el ensayo, algunos lo creen huraño. Hace tiempo que no da conciertos en Cuba, pero el 30, un día después de su cumpleaños, participará en «Todas las voces todas», en honor a Fidel Castro.

Tiene siete hijos y una de ellas, Violeta, actúa en la película «Mañana», de la cual Silvio es productor y que competirá en el Festival de Cine Latinoamericano en diciembre. No quiere culpar a las musas de lo que, a sus 60, le ha quedado por hacer.

«A las pobres vamos a dejarlas ahí, que son muy respetables y a veces sin comerla ni beberla le regalan cosas a uno. Lo que me falta es aquello que no he sido capaz de procurarme», afirma.

«La música y las palabras me acompañaban desde niño. Mi mamá siempre ha cantado, y la poesía y la literatura es algo que me gustó, porque veía a mi padre leer y me entró la curiosidad», recuerda.

Pero no se siente ni poeta ni músico, sino un comunicador. «Nunca me interesaron mucho los escenarios. Hago los conciertos y se llenan, pero la lectura que hago de eso que llaman éxito es que soy una especie de compañero de la gente, a quien le dio por cantar y tuvo la suerte de escribir canciones que gustaran».

Cada vez, confiesa, que se enfrenta al escenario siente un «miedo natural». «Enfrentarse al público es una osadía y una pretensión. Pararse para que la gente vea cómo tú haces las cosas es muy pretencioso. Eso es terrible, una locura».

Pero cuando baja «el duende», dice, esa comunicación con el público, en una canción, una estrofa, un segundo. . . cuando todo es una sola cosa, cuando eso pasa lo mejor es no moverse mucho. Puedes tratar de prolongarlo, pero tiene vida propia, puedes tratar de tocarlo, pero tan pronto lo tocas es como una pompa de jabón».

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