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Rescatan la obra del maestro de los pintores de La Boca

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 26, 2006

Una muestra reúne casi 180 pinturas del artista toscano Alfredo Lazzari

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“Artista de la confidencia”, lo bautizó el crítico Córdova Iturburu; “maestro del tout petit, de paisajes diminutos que caben en tablitas y cartones de reducido tamaño, pero que no son ni pequeños ni baladíes”, sentenció Julio Payró.

Unánimemente, la historia del arte corona al toscano Alfredo Lazzari (1871-1949) como una de las fuentes precursoras del arte moderno nacional, el artífice de la renovación pictórica surgida con la Escuela de La Boca y el guía de maestros como Quinquela, Lacámera y Stagnaro, entre otros discípulos a los que les contagió su pasión por la pintura al air libre, en las márgenes del Riachuelo.

Con un montaje impecable y audaz -paneles verde esmeralda que emulan las chapas de zinc de la arquitectura boquense, según la estudiada museografía de Patricio López Méndez-, el museo Isaac Fernández Blanco exhibe hasta el 17 de diciembre una de las más amplias retrospectivas de Lazzari.

El artista desembarcó en Buenos Aires desde Lucca, a los 26 años, en 1897, con el encargo de realizar vitrales en una iglesia platense y difundió la herencia de los macchiaioli, los italianos antecesores de los impresionistas que utilizaron la pincelada suelta y rápida para representar la realidad a fuerza de contrastes entre manchas de colores y claroscuros.

Casi 180 obras de diversos tamaños, pertenecientes en su mayoría a la familia del pintor y desplegadas en seis núcleos temáticos, reviven con sabor intimista y documental la fisonomía y usanza boquense con su variada fauna -cerdos, gallinas, patos, cabras, ovejas, vacas, burros y caballos- desperdigada en el interior o en las adyacencias de esas casas coloridas y bajas.

Las obras expuestas muestran, también, el tránsito frenético de navíos con chimeneas humeantes surcando la ribera, la placidez de la llanura del conurbano bonaerense, con su rica radiografía de añejas higueras, cardos, parvas, álamos y castaños. Además, retratos de su familia y postales urbanas del parque Lezama, Barracas y Palermo en casi todas las horas del día, donde la figura humana se esboza solamente como una sugerencia fugaz.

Aprender la libertad

Formado en la solvencia de las academias de Lucca, Florencia y Roma, Lazzari fue un prolífico artista y maestro (produjo cerca de 1200 obras) pero, sin embargo, en vida expuso su producción sólo en tres ocasiones -la primera vez, a los 64 años- y a instancias de sus discípulos, la mayoría de origen proletario, según apuntó su sobrino nieto Alfredo Lobeira Lazzari, curador de la muestra.

En la Sociedad de Socorros Mutuos de La Boca enseñó pintura, grabado, cerámica y ocasionalmente escultura, con la premisa de “darle libertad al alumno para que éste explayara su temperamento y encontrara su propia expresión”, según contó Quinquela de su “entrañable maestro”. Lazzari también brindó el consejo orientador a Thibon de Libian y a Victorica, y cultivó una amistad incondicional con Della Valle.

Estudioso del latín y del griego, lector voraz de poesía y literatura clásica, a pesar de que jamás regresó a su tierra natal, siempre estuvo al día con las últimas novedades estéticas del Viejo Continente.

Tras su casamiento con la porteña Ana Zaino en 1911, con quien tuvo tres hijos, se nacionalizó argentino-residió en Barracas, Lanús y Constitución-y como flâneur incansable de la periferia encontró en el paisaje del país la fuente de imágenes inéditas para su mirada curiosa de inmigrante.

Anteponiendo la experimentación del color-con veladuras y pinceladas yuxtapuestas- a la forma que casi siempre se esfuma en los contornos, trabajó con preferencia el formato diminuto, donde en los rígidos límites de cajas de cigarrillos y habanos, y sobre tablitas de madera reprodujo con la armonía de la proporción precisa todo cuanto sus ojos veían.

Hay en la muestra, sin embargo, pinturas de gran tamaño, como el hipnótico Caminito (nocturno) atravesado por las vías del ferrocarril de carga o la panorámica de la calle Piedras teñida de rosa violáceo a la ahora del crepúsculo.

En el catálogo editado por Petrobras, auspiciante de la muestra, el historiador Carlos Semino señala que el origen de la Escuela de La Boca, fundada por Lazzari, obedece a una razón de orden psicológico, y la define como el “fruto de la gran fantasía colectiva que en torno al espejo del Riachuelo desarrolló una comunidad de inmigrantes buscando replicar idealmente en el nuevo solar su terruño perdido”. 

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