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Comercio justo

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 28, 2006

En Europa es un boom. Acá, una novedad. Un consumo que valora el origen de los productos.

A simple vista nada diferencia a los tapices, muebles, mantas, joyas de plata, dulces caseros, jabones naturales o yerba de los que se pueden encontrar en cualquier negocio de artesanías o ferias artesanales. Sin embargo, estos productos —que por ahora se venden en un puñado de tiendas— tienen una particularidad: están hechos con productos naturales respetando el medio ambiente y los artesanos o productores recibieron un pago justo por su trabajo. La propuesta es simple: que la gente empiece a comprar a conciencia, sabiendo quién lo hizo y a quién va la plata de su compra.

Este fenómeno que se conoce como “Comercio justo o solidario” y que en Europa y Estados Unidos es un boom, en la Argentina recién comienza. Curiosamente, la mayoría de las que encabezan las ONG que propician esta manera diferente de entender el comercio, son mujeres. Muchas de las que lo producen, la mayoría de las que lo comercializan, y también, la mayoría de las que las compran.

“Las mujeres están fuertemente involucradas en el movimiento mundial de Comercio Justo por su histórica situación relegada en el campo del trabajo y la producción. Juegan un papel esencial en la producción de alimentos caseros, artesanías y la confección de prendas”, explicó Dolores Bulit, vocera de la Red Argentina.

El Comercio Justo, nació en los 60 en el Viejo Continente como una forma de ayuda de los países ricos a los pobres. La propuesta es sencilla: comprar los productos a los precios que realmente valen respetando el medio ambiente, exigiendo que no trabajen chicos, que hombres y mujeres reciban el mismo trato y que haya transparencia en toda la cadena de comercialización.

Actualmente existen tiendas que venden productos elaborados por 600 grupos de productores de Asia, Africa y América Latina en 20 países, principalmente en Europa. En Estados Unidos estos productos certificados se venden en 20.000 negocios. Los productos estrella son café, cacao, té, azúcar, frutas. Pero también están las artesanías y de a poco, está desembarcando en el mundo de la moda con marcas como Edun, del irlandés Bono, cantante de U2.

Esta nueva forma de vender y comprar puede sonar a utopía en un país donde este año quedó al descubierto cómo trabajaban en algunos talleres textiles. Sin embargo, en los últimos años, especialmente a partir de la crisis de 2001, muchos pequeños productores y artesanos se sumaron a esta alternativa. Hace dos años una veintena de organizaciones se asociaron para formar la Red Argentina de Comercio Justo. Y hasta ahora sólo una ONG obtuvo la membresía de la Asociación Internacional de Comercio Justo (IFAT). También hay dos empresas, una de decoración y otra de vinos, que están aplicando estos conceptos a una empresa.

La mayoría de los emprendimientos apunta a proteger las producciones de las comunidades indígenas tanto del norte como del sur del país y a pequeños productores (de alimentos naturales o como los de la yerba, en Misiones). Pero no sólo comprándoles a un precio justo, fijado la mayoría de las veces por los propios artesanos, sino también armando proyectos para que sus comunidades puedan crecer y autosustentarse. Porque uno de los principales objetivos es que los pequeños productores y artesanos vivan de lo que hacen y no de subsidios.

Con ese objetivo, la legisladora justicialista María Nélida Doga, ex ministra nacional de Desarrollo Social, propuso un proyecto de ley que actualmente estudia la Comisión de Cooperativas y Mutuales. “La idea es incentivar este tipo de economía, apoyando con subsidios y capacitación a los productores y concientizando a la gente de que hay otra forma de comercializar”, explicó.

A pesar de que las ventas por comercio justo han crecido sideralmente en el mundo, en la Argentina el proceso es lento. “Si bien poco a poco los consumidores comprenden lo importante de un consumo responsable, también hay una presión para comprar al precio más bajo y eso atenta contra el comercio justo, ya que a veces los precios bajos esconden la explotación de sus productores”. Sin embargo, en algunos casos son más baratos porque se elimina la cadena de intermediarios.

Para Mercedes Homps, responsable de Arte y Esperanza, una ONG que trabaja con 39 comunidades aborígenes, “el consumo responsable requiere de un comprador que elija no sólo el producto sino una determinada forma de producir y comercializar. Acá pasa algo parecido a Europa: la mujer de más de 30 años, de un nivel medio o medio alto, es la que más ejerce este consumo responsable”.

Para los que escuchan hablar por primera vez del Comercio Justo, esto puede sonar a algo lejano, pero poco a poco, cada vez más gente entiende que también puede elegir a quién comprar.
 

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