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Deira y su trágica visión del hombre

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 28, 2006

En el Museo Nacional de Bellas Artes

Un desvelo existencialista centrado en la representación de una imagen inédita del ser humano o, mejor, en la fisonomía del hombre («el objeto más importante que tengo ante mí», dijo una vez) transfigurado por una circunstancia histórica -la segunda mitad del siglo XX- para él decadente. Ese es el nervio del heterogéneo discurso plástico de Ernesto Deira (1928-1986), integrante de la gramática revolucionaria que irrumpió en el arte argentino con la neofiguración, a quien a 20 años de su muerte el Museo Nacional de Bellas Artes dedica la más exhaustiva retrospectiva de su producción.

Curada por la investigadora María José Herrera, que realizó una enjundiosa selección y rastrillaje entre más de 700 obras de colecciones públicas y privadas, y acompañada por un libro que a partir de sesudos ensayos de especialistas ofrece aspectos inéditos y nuevas lecturas sobre su obra, la cuidada retrospectiva se inaugurará hoy, a las 19, y permanecerá abierta hasta el 18 de febrero.

Una museografía impecable despliega en siete núcleos temáticos y dos salas, 130 óleos, dibujos y grabados, además de textos orientadores, catálogos y fotos documentales de los años 60: una década cardinal para la producción plástica nacional.

En el caso de Deira -abogado de vastísima cultura volcada en sus lienzos, con profusas citas de la literatura y el arte universales, además de planteos filosóficos y coyunturas políticas-, los años 60 fueron el cauce, extendido hasta su muerte, para «la innovación constante en su pintura, su permanente inconformismo con su estética y su impugnación de toda certeza», según apuntó Herrera en el recorrido con LA NACION.

La influencia goyesca de sus primeros trabajos, herencia de su admiración por las Pinturas Negrasque vio en Madrid antes de formarse con Torres Agüero, anticipan su indagación en el futuro del hombre y la temática de la guerra, en una época convulsionada por Vietnam, la crisis de los misiles rusos y la liberación de Argelia. De ese núcleo sobresale el ímpetu entre gestual y expresionista de Bloqueo , con la impronta de la neofiguración en estado puro: entre manchones abstractos asoman los rostros demudados de los cubanos; cerca, en otra obra magistral dedicada a la serie Campos de Concentración, la piel nívea de los rehenes judíos refleja su zozobra en un fondo elocuentemente alquitrán.

La sala consagrada al retrato agrupa los diferentes estilos (informalismo, pop, realismo con toques surrealistas y neofiguración) «con los que pone en jaque la noción tradicional de belleza y muestra sus inquietudes entre ser y parecer», según señala Herrera. Allí se exhiben desde una mujer en el estilo de Modigliani -influencia de su otro maestro, Leopoldo Presas-, hasta los retratos informalistas de sus abuelos; la impronta pop en la fisonomía del ícono folk y militante de los derechos humanos Joan Baez, con sus vísceras a la vista; la imagen de Aníbal Troilo o la cita a Leonardo, a partir de la ambigua doncella provista de una máscara de hombre, en clara alusión a la Mona Lisa . Sus variados autorretratos completan el envío.

Las ilustraciones basadas en el cuento La nariz , de Gogol, en Gilgamesh y en textos de Girondo, junto con seis aguafuertes paródicos y desopilantes inspirados en la temática erótica de la vida castrense de la novela de Vargas Llosa Pantaleón y las visitadoras , componen un apartado también rico en experimentación estilística y en matices narrativos, dedicado al dibujo.

En el gran pabellón se muestra su producción más sustantiva. Su etapa como pintor neofigurativo junto a Macció, Noé y De la Vega, inaugurada en Peuser junto con Makarius y Muchnik, en 1961, se exhibe a partir de la invitación que le hizo Romero Brest dos años después para exponer en Bellas Artes. En su su serie Adán y Eva combina el óleo con el chorreado del esmalte sintético.

La gran revelación de la muestra es la escritura de Deira, que en su afán por crear imágenes inéditas utiliza todo tipo de grafismos y caligramas. En torno al pensamiento A , una explosión de manchas y palabras yuxtapuestas, reflexiona sobre el origen de la humanidad y es, sin duda, el óleo estrella de la exposición. Se exhibe a pasos de sus seis siderales Rollos desenrollados , donde Deira coquetea con el dibujo y la instalación.

Su paleta se ensombrece en los años 70, cuando decide radicarse en París con su familia, y pinta cuerpos mancillados en clara referencia a la dictadura. La libertad colorística, con tonos encendidos y una temática más lírica inspirada muchas veces en la literatura clásica, cambian su pintura en los 80. Un mes antes de cumplir 58 años, el 1° de julio de 1986, muere en París, a causa de un cáncer que había sido mal diagnosticado. 

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