LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

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Entrevista a Fernando Peña

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 28, 2006

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Ponete incómodo

Ni actor, ni divo, ni estrella, se define sencillamente como “artista”. Dice que en su programa de TV, “Isla flotante”, obliga al espectador a medirse con la intimidad patética y descarnada de sus criaturas.

Desconcierto es una sensación habitual en el acceso a su obra o ante la mayoría de sus apariciones públicas. Arte y vida, intimidad y ficción son caras de la misma moneda en su fluir creativo y ahora el mecanismo se activa en la dimensión de sus personajes.

La niña de sus ojos es esta vez Isla flotante, ciclo creado a pedido para la renovación de la grilla de Canal 7 y que marca un punto de inflexión en la producción de Fernando Peña en tono, enfoque y aspiraciones.

No es humor, no es provocación ni camina los bordes estéticos sobre los que suele plantear sus espectáculos teatrales. Entre bizarro y experimental en cuanto a contenidos, aquí todo se trata de excederse en intimidad, en improvisación y clima confesional, para deconstruir las motivaciones profundas de cada una de sus criaturas.

“Lamentablemente, el ser humano es un animal de extrañas razones y querencias. También es mal domado, responde al masoquismo con una obediencia increíble. Cuando esperes de una persona una reacción extraña, porque lo extrañás, ignoralo; por más que te cueste, es el único camino para recibir lo que todos, engañados, llamamos amor. ¿Estoy dispuesto yo a recibir ese tipo de amor ? Y sí… ¿cuál otro tipo de amor conozco si reacciono de igual manera? Si querés que alguien te ame, no te enamores demasiado”. El texto y la voz son de Peña, en los primeros minutos de Arroz con leche, episodio de apertura de Isla flotante, dedicado a la Mega y que introduce la historia de media hora que protagonizará la locutora en su debut televisivo.

-Siempre te definís como un actor de teatro, ¿por qué te decidiste a hacer televisión?

-Porque me llamó Rosario Lufrano. Dije que no varias veces, hasta que un día me lo volvió a pedir y respondí que lo hacía si me dejaba hacer lo que quería.

-¿Por qué tenías tantas reservas hacia la tele?

-Porque te imponen el ritmo que ellos quieren y yo de ninguna manera me voy a dejar imponer un ritmo absurdo de trabajo, en el que no puedo contar las cosas en el tiempo y forma que yo quiero.

-¿Estás conforme con el resultado?

-Me gusta mucho, porque es un programa que incomoda, exige el trabajo del espectador, no es pasatista. No estoy hablando mal de ningún otro programa, pero la mayoría de lo que se ve en televisión es para que te sientes a rascarte el culo. Acá no, acá tenés que trabajar, comprometerte. Hay momentos aburridos, otros dolorosos, y hay que estar activo ante todo eso.

Sin reservas. Todo cierto. Isla flotante es otra muestra de que Peña no cede territorios sino que los abre para quien quiera entrar. No hay obsesión por el timing televisivo ni por lo que se espera del elenco de criaturas que en radio manipula hacia el humor o las viñetas ácidas.

En televisión las deja moverse a su antojo, las enfoca en una intimidad deprimente y esperanzada, igual a la suya. “No soy una persona mezquina, no creo en guardar nada”, resume sobre el método.

-¿El registro confesional tiene que ver con un proceso personal?

-Este es un momento mío, siempre fui de mostrar mi intimidad. Creo que son las reglas de un artista. Ojo, no hablo de la estrella, ni del divo ni del actor. Para mí un artista no es eso, sino que está directamente relacionado con lo que mostrás.

Dormido en vivo. Su forma de mostrarse lo lleva a los extremos. Uno fue el que hace unos meses adelantó el cierre de la temporada teatral de Ni la más puta, que terminó con público enfurecido, medios exaltados y Peña acostado en el escenario, inmutable e inmóvil, mientras la gente vaciaba la sala insultándolo.

-¿Qué sensación te dejó ese final?

-Vuelven a no entenderme. La obra se llama así porque yo no tengo ni la más puta idea de lo que va a pasar. Es una manifestación teatral. Con el público devoto no me pasa. Lo que hice fue dormir 20 minutos sobre el escenario. Hubo gente que no se lo bancó y se fue.

Honestidad brutal. Mientras se resiste a evaluar posibles causas y consecuencias de su expresión, Peña subraya el eje sobre el que gira todo:sus ganas y el germen instintivo que rige su proceso creativo. “No intelectualizo tanto como los medios. Yo hago y lo que pase, pasa. Después eso se junta con el universo mientras gira y se acabó. No soy tan especulador. Voy y hago las cosas, después me buscan el por qué, el cómo, el cuándo. Pero yo no sé nada de eso”.

La arena movediza de las relaciones humanas lo estimulan y la impaciencia lo desbarranca hacia la incorrección que sus fans idolatran. Peña dice que la gente es mala y no reconoce el optimismo que aparece en sus intentos por combatirla. “Hace rato que pienso así, por eso escribí Mugre. La gente es mala, yo soy malo también y es la naturaleza de la gente ser mala. Te voy dejando porque estoy en un almuerzo y no tengo más ganas”.
 

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