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Un pintor que dejó grabada su huella en el arte argentino

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en noviembre 28, 2006

ABRE ESTA NOCHE UNA RETROSPECTIVA DE ERNESTO DEIRA EN EL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES

Se exhiben 122 obras y tres décadas de trabajo del artista, a 20 años de su muerte. Junto con De la Vega, Macció y Noé, en los 60 abrió caminos con la Nueva Figuración.

Mágica Buenos Aires. Cuando se está despidiendo el año y muchos ya preparan el menú navideño y la lista de invitados, en nuestro Museo de Bellas Artes se inaugura una de esas muestras que será difícil olvidar. Forma parte de este nervio hiperquinético que hace a la vida cultural de la ciudad y que deslumbra a propios y extraños, pero la retrospectiva dedicada a Ernesto Deira, a veinte años de su muerte, es la puesta en valor de uno de los nombres fundamentales del arte de la segunda mitad del siglo veinte y quizás hubo que esperar todo este tiempo para comprobarlo en esa dimensión única que suscitan aquellos creadores que dejan huellas definitivas.

Formó parte, se sabe, de ese cuarteto que dio nacimiento en 1961 al movimiento de la Otra Figuración —los otros eran Jorge De la Vega, Luis Felipe Noé y Rómulo Macció— y hoy, al recorrer las 122 obras que integran la muestra, sobre casi novecientas que realizó en su corta aunque fecunda labor, es posible percibir el inmenso terremoto que generaron estos cuatro creadores. El sismógrafo no ha dejado de registrar su intermitente turbulencia, pero faltaba Deira, el menos visible de todos, para sentirlo ahora como un cross de mandíbula, aquella feliz expresión que Roberto Arlt usó para referir al arte que sacude, que conmueve.

La muestra, abierta hasta el 18 de febrero, arranca con un óleo de 1960 para concluir en las puertas de su temprana muerte, en 1985, cuando tenía 58 años. Su tema único, recurrente, es la figura humana. Penetra en ella, la deconstruye, devela pliegues recónditos de la existencia y las fracturas de tiempos de espanto que la violentan, mientras osarios y vísceras hilan, como cuentas de un collar, una larga historia, la del hombre sobre la Tierra, el misterio de su ser no develado y también el grito congelado por tanto dolor. Y al mismo tiempo, su tema único y recurrente es la pintura, el trazo y el color, en una permanente indagación sobre los procedimientos y los medios. Figura humana y pintura no circulan como carriles paralelos, aquellos que se conocen como el tema por un lado y la forma por el otro, sino como un todo en el que se imbrican mutuamente en un vértigo aluvional.

La curaduría de la muestra demandó años de paciente investigación, de búsqueda de obras dispersas y de las circunstancias que le dieron razón de ser y tiene, de la mano de José María Herrera y del sólido equipo que lo secundó, un equilibrio cercano a la perfección. El de las obras y el momento de su gestación. La periodización temática y formal, la anotación en el margen o la llamada al pie, mediante una breve explicación, una foto de época o un dato, acompañan y potencian la percepción de la obra en su totalidad. El Holocausto, en lienzos que reconocen sus fuentes en la gestualidad violenta del Informalismo, la guerra de Vietnam y de Argelia, el cerco a Cuba en una obra de 1962 que expuso con el título de “Bloqueo” en la misma semana que John F. Kennedy tendía cerrojos en torno a la isla, el atroz sentido profético de cuerpos seccionados y manos flotando en un espacio vacío que hiela la sangre, que Deira expuso en la galería Carmen Waugh en 1971 y que llevó a Chile meses antes del golpe del 73, cuando la realidad imitó al arte y a Víctor Jara le seccionaron las manos. Todo reverbera. Y la increíble poesía del Gilgamesh, el milenario canto épico de los sumerios, que Deira recreó en una secuencia de dibujos realizados en un cuaderno y que duplicó sobre un papel de calco, hoja tras hoja, de modo tal que parece centellear como llegado desde el fin de los tiempos. Pocas veces como en esta muestra uno puede sentir que el propio artista está presente, circulando entre los visitantes, dialogando desde sus obras. Que habrá que ver una y otra vez, sin duda.

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