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Las andanzas del Gaucho Lega

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 7, 2006

ARGENTINA PUEBLO A PUEBLO : HISTORIAS QUE MANDAN LOS LECTORES

MITO CORRENTINO. La tumba de Olegario Alvarez, popularmente conocido como el Gaucho Lega, con las ofrendas que dejan sus devotos.

Mi pueblo es Saladas, está en Corrientes y tiene el privilegio de contar entre sus leyendas a dos personajes únicos: el sargento Cabral y el Gaucho Lega. La historia del primero es conocida (ver Cabral, soldado…), pero la del segundo no tanto”, escribe el lector Hermes Alvarez, desde Corrientes, para empezar a contar una historia que fue publicada en el blog de Argentina Pueblo a Pueblo.

Alvarez caracteriza al Gaucho Lega: “Era un bandido rural, uno de esos que robaban a los ricos para repartir entre la gente pobre. Así, entre sus botines podían encontrarse dinero, monedas y lingotes de oro. Vivía en las entrañas de la tierra, y lo digo literalmente: dormía bajo lo recovecos de un tremendo ombú”.

Como apunta el lector, la vida “errante y marginal” de Lega lo llevó a ser “perseguido por la milicia”. Así, “después de un tiempo lo atraparon. Entonces, fue asesinado y colgado de un árbol. Los soldados tenían que pasar y cortarle una parte de su cuerpo”.

Al Gaucho, un rebelde solitario, lo colocaron en un “hermoso nicho” —detalla Hermes Alvarez— y comenzaron a homenajearlo: “Le encendían velas y le rezaban oraciones, pidiéndole favores como si fuera un santo”. Hoy, su tumba en Saladas es visitada por miles de fieles cada 23 de mayo, aniversario de su muerte.

Saladas, en el noroeste de Corrientes, tiene, según el Censo 2001, 12.041 habitantes. Surgió con la construcción de un fuerte el 11 de agosto de 1707. Nacieron allí el legislador nacional Manuel Mantilla (1853-1909), impulsor de la ley que dio marco jurídico a Prefectura Naval, y Juan Gregorio Pujol (1817-1861), gobernador y creador de la primera estampilla postal que circuló en el país.

La leyenda del bandolero de Saladas es inagotable. La historia que narra Hermes Alvarez recibió en el blog un comentario de otro Alvarez, Eduardo, quien se presenta como bisnieto del Gaucho Lega. “Según la foto que ten go en mi poder —señala— no hay signos de mutilaciones. En realidad, su muerte fue pergeñada desde el momento mismo de su encierro en la cárcel.”

Eduardo Alvarez investigó las andanzas de Lega y envió a Clarín una serie de materiales sobre su vida. Entre ellos, una ponencia de Girala Yampey en el II Simposio de Bandidos Rurales Correntinos. El autor contextualiza: “En el santoral profano de la zona correntina se venera a muchos gauchos santificados por la devoción popular. Todos ellos fueron muertos violentamente

A Lega también lo consideran por la autoridad”. Y cita, entre otros, a Antonio Mamerto Gil Núñez, el Gauchito Gil, asesinado por el Ejército en día preciso (8 de enero) y año incierto (entre 1840 y 1848). Gil fue un soldado que no quiso participar en la lucha entre autonomistas y liberales. En el campo ayudó a los pobres y se dedicó al cuatrerismo. Al morir degollado cerca de la actual Mercedes le dijo al verdugo que su sangre auxiliaría a los enfermos. Desde entonces le atribuyen milagros y es venerado.hacedor de milagros. Nacido como Olegario Alvarez en 1871, el Gaucho quedó marcado por un episodio de octubre de 1891. “Muy de cerca le tocó ver un alzamiento en que la represión y el castigo fueron utilizados como escarmiento: la Matanza de Saladas (…) Supo de qué manera el grupo político vencido pasaba de la amnistía al degüello. Y del degüello al mito”, relató la escritora Silvia Miguens en la revista correntina Cosas Nuestras. El caudillismo propiciaba un escenario belicoso, en el que para sus detractores Lega fue un delincuente capaz de asesinar a toda una familia en una estancia, tras su huida de la cárcel. Para sus devotos, en cambio, fue un protector de los pobres y un romántico que cierta vez rescató a su novia cuando estaba presa.

A balazo limpio, los policías terminaron con Lega el 23 de mayo de 1906. Su cuerpo, atado a un caballo, emitió unos quejidos al ser bajado. Al parecer, aún vivía. En la comisaría le sacaron el amuleto Kurundu. Dicen que él pidió que se lo quitaran para morir en paz.

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