LA ARGENTINIDAD….. AL PALO

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Conmovedor suceso musical

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 13, 2006

Concierto del Estudio Coral de Buenos Aires en celebración de su 25º aniversario. Director: Carlos López Puccio. Solistas: Rosana Bravo y Verónica Cáneves. Organista: Matías Targhetta. Programa: Ojos claros, serenos, de Eduardo Grau; “Dies Irae” de la Misa de Réquiem, de Ildebrando Pizzetti; In the beginning, de Aaron Copland; Hälfte des Lebens (primera audición), de Gyorgy Ligeti; Trois Chansons de Charles D´Orleans, de Claude Debussy y Motete a doble coro Singet dem Herrn BWV 225, de Johann Sebastian Bach. Basílica Nuestra Señora de la Merced.
La opinión de la crítica: : excelente

Se ve un espectáculo impar desde las alturas del coro frente al magnífico altar de la basílica, una de las más hermosas de Buenos Aires. Pese a la tórrida temperatura, un público silencioso ha colmado, desde mucho antes de comenzar el concierto, la totalidad de los espacios disponibles, incluyendo el largo pasillo central. Personas de diferentes edades se han sentado en todos los bancos, en el suelo y en los pequeños laterales de la magnífica arquitectura. Todos permanecen en un estado de silencio e inmovilidad. Parece como si hubiera comenzado un rito o ceremonia de respetuosa ofrenda al Estudio Coral y a su director al cumplir sus 25 años de existencia.

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Y como no podía ser de otro modo tratándose de una agrupación ejemplar en materia de disciplina y dedicación, aparecen rigurosamente vestidos de etiqueta, las damas de negro y los hombres de smoking. Y de inmediato la música y el texto del poema inmortal de Gutierre de Cetina: “Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué, si me miráis, miráis airados? Si cuanto más piadosos, más bellos parecéis a aquél que os mira, no me miréis con ira, porque no parezcáis menos hermosos, ¡Ay, tormentos rabiosos! Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos”, que se proyecta en una pantalla central. ¡Qué acierto!, y las voces del conjunto entonan con perfección la música de Eduardo Grau, aquel español que como tantos caminaron al exilio en Mendoza, donde entregó su saber a la juventud y murió recientemente, a los 86 años en Buenos Aires y en el silencio de los grandes.

Luego se escucha una joya de Ildebrando Pizzetti, su Misa de difuntos , que describe el Juicio Final y ruega clemencia y perdón, en una entrega musical realmente admirable. Las ricas texturas polifónicas en su amplia gama de intensidades surgen con absoluta claridad. La música se eleva celestial por la iglesia y la articulación de las palabras es tan perfecta como si hubiera una sola voz y el placer es infinito.

Y no se puede evitar una reflexión sobre la ausencia de Pizzetti en los programas habituales de las salas de conciertos. Es el creador de varias óperas entre las que figura Asesinato en la Catedral, que alguna vez se vio en Buenos Aires y de un catálogo riquísimo que incluyen colecciones de canciones para voz y piano, hermosas, emotivas y donde hace gala de talento creador y de un cuidadoso uso de las técnicas musicales para que el texto sea valorado en su justa expresión, como ocurre también en sus obras sinfónicas para solistas instrumentales.

Pero el programa provoca un súbito contraste. Una obra de Aaron Copland, el compositor norteamericano también poseedor de un catálogo riquísimo que nos provoca una grata revelación al utilizar la voz de mezzosoprano como solista, que cumple el rol de relator en los oratorios con el coro a cappella, y que rememora la creación del mundo a lo largo de los seis primeros días, el descanso en el séptimo y el mágico instante en el que Dios insufla la vida al hombre.

Placer puro

La versión es notable con Rosana Bravo como solista de voz cautivante, aplomada, dueña de la calma que otorga un estudio meticuloso y la claridad de la batuta de director. Como el Estudio Coral continúa dando ejemplo de su perfección en los ataques y afinación justa, el placer auditivo embelesa, hasta que el aplauso cálido y sostenido marca el final de la primera parte. Entonces se ve otro detalle llamativo. Nadie se mueve de su lugar. Desde el coro seguimos observando el imponente marco al que se suma el abanicarse con frenesí en busca de aire. Monseñor Eugenio Guasta, el mentor de que La Merced sea sagrada y musical, no puede, pese a su recato y modestia, ocultar bondad y sabiduría.

Al comenzar la segunda parte López Puccio rompe el silencio y considera prudente explicar la obra de György Ligeti. Pero quienes estábamos lejos del altar no escuchamos, detalle que acaso nos priva de una mejor comprensión de la obra del autor que murió el pasado 12 de julio en Viena. Por fortuna leemos a María del Carmen Aguilar en el programa impreso de excelente diseño gráfico e impresión: “Ligeti utiliza el uso de una intensa polifonía, en que las líneas melódicas suenan en un contrapunto tan cercano que terminan produciendo un efecto de textura sonora, más que de líneas perceptibles”. Y ese concepto se aprecia. La obra nos resulta fascinante por los originales sonidos como por las palabras de Hölderlin. Es que Ligeti parece hacer uso de recursos musicales de gran originalidad para lograr un correlato perfecto de las palabras con el sonido. La pieza Tres fantasías es objeto de una versión de llamativa calidad.

Luego la composición de Debussy incluida con justicia por ser uno de los precursores de los lenguajes más avanzados hasta Ligeti, se escucha con placer, y la soprano Verónica Cánaves, en la segunda canción, nos regala refinamiento, buen estilo y grato timbre vocal. Para la culminación del programa, el Motete de Bach, donde colaboró con eficiencia el organista Matías Targhetta en un instrumento fabricado en el país. Y López Puccio dicta una clase sobre el estilo bachiano pleno de luminosidad y exactitud rítmica.

La ovación es sostenida pero el director hace gestos y explica lo que no podemos escuchar, hasta que todo se aclara con el Ave Verun de Mozart, magistral, calmo, delicado, profundo y un oportuno homenaje. Luego una fiesta emotiva y conmovedora como creemos no ha ocurrido con otra agrupación artística: todos los que alguna vez integraron el grupo están presentes y cantan una composición de las muchas que escribió Gustav Holst. Y al estallido de emoción se suma la imagen de un grupo de coreutas, muchos hoy cantantes de gran relevancia artística, que están por la amistad que despierta el canto coral. Y se suman con pasión incontenible al cumpleaños feliz de la agrupación que siguen amando y que es orgullo para la cultura nacional.

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