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OSVALDO LAPORT : «No es una separación melodramática»

Posted by LA ARGENTINIDAD ...AL PALO en diciembre 16, 2006

Después de 27 años de convivencia, vive un «distanciamiento» de su mujer, la actriz Viviana Sáez. El 2 de enero empieza por Canal 13 «Son de Fierro», la tira que protagoniza. Pronto estará en la calle su primer CD, y fue nombrado embajador de buena voluntad de ACNUR. El galán habla de todo.

NUNCA ES FACIL. Esta es la primera vez, dice, que hace una novela estando solo. Y al principio, le costó mucho

ACCION. En la piel de Martín Fierro, un celoso empedernido, durante la grabación de una escena

LA FAMIGLIA UNITA

La empleada uruguaya del hotel le pide un autógrafo. Los turistas españoles que vieron agitada su última mañana porteña con las corridas de una grabación en plena puerta de su cuarto, lo miran con el gesto de tal vez te conozco de algún lado pero no se acercan. Osvaldo Laport y buena parte de la troupe de Pol-ka van y vienen por los pasillos del piso once de un hotel elegante. Están allí desde las ocho de la mañana grabando un par de escenas de Son de Fierro, la tira que ocupará el centralísimo horario de las 21.30 en Canal 13 a partir del 2 de enero.

Tal vez en ese marco el hombre se sienta contenido. Tal vez, pasado el tsunami, empezó la reconstrucción y sea tiempo de decirlo. Tal vez el trabajo sea reparador, el tiempo sea reparador. La vida, por cierto, continúa. Y en la vida de Osvaldo Laport, recientemente separado de su mujer por 27 años, la actriz Viviana Sáez, está la prensa. Y están las especulaciones, de todo tipo y tenor, sobre los motivos de esa ruptura. Lejos de las calenturas de otros tiempos, y decidido a proteger, por sobre todo, los derechos más básicos de Jazmín, la hija de 11 años de la pareja, Laport respondió a todo con el mutismo más absoluto. Se fue de viaje (o di jo que lo había hecho), cerró celulares, dilató los tiempos de la exposición pública. Y ahora sí, cuando puede hablar de un personaje como este Martín Fierro, el carnicero-verdulero muerto de celos que lo atrapa, del disco en el que debutará como cantante, de su función como embajador del ACNUR (ver El embajador…), cuando el micrófono no hiere y el café y las masitas prolongan la charla, Osvaldo Laport, el hombre, también cuenta qué le pasa.

«Se ha dicho cualquier barbaridad. Tantas, que perfectamente podría recurrir a la Justicia. Y ahora me ofrecen que diga «mi verdad». La única verdad es que nadie, ni un programa de televisión ni ningún medio de prensa, me va a ayudar a resolver mi problema, nadie me va a encontrar la solución, si es que la estoy buscando. Nadie».

No hay galán del otro lado de la mesa, no hay estrella. Hay un hombre que siente lo que todos en una circunstancia parecida. Y cuenta: «Nos conocimos estudiando teatro, muy jóvenes, y… esta es la primera novela que hago estando solo, sin volver a casa y compartir con Viviana qué grabé o no grabé. Los hombres cuando estamos mal con nuestras mujeres rengueamos en todo. Mi arranque en este producto fue muy duro.»

La tira parece ser una típica novela costumbrista de aquellas que tan bien le salen a Adrián Suar de Gasoleros en adelante. Escrita por Marcela Guerty y Ricardo Rodríguez, dirigida por Jorge Nisco y Rodolfo Antúnes, cuenta los avatares de la vida cotidiana de Martín Fierro (Laport) y su familia: mujer, tres hijos, un padre gay y un tercero en discordia. Melodrama con toques de comedia, o viceversa, un buen ejemplo del tono buscado puede ser la escena que precisamente se está grabando en el hotel, hasta el que llega Martín, enloquecido y sufriente, creyendo que dentro de una habitación su esposa (Lucía/María Valenzuela) está con otro, aunque el televidente sabe desde el principio que se equivoca. «Fierro es machista y tiene una personalidad bastante intempestiva, pero trato también de que sea galán —apunta—. Es fanático de su auto, una coupé Fuego que tiene el nombre, secreto, de una mujer con la que tuvo una historia tiempo atrás».

«Este hombre mata por sus hijos, y es muy sobreprotector con ellos —sigue describiendo el actor—. Los trata de usted y rescata así algo hermoso, que yo hago en mi vida, con mis padres, y con mi hija, que es dar y pedir la bendición: es protegernos, desear los mejores sueños, un buen viaje, un buen día. Y al hijo que más protege este personaje es al que interpreta Marianito Martínez, porque él es profesor de historia y ciego. Con la mujer, que es el amor de su vida, es un celoso empedernido. Y más ahora, que reaparece un ex novio, que es Mario Pasik, culto, rico, diametralmente opuesto a Martín». La otra espina en el alma de este personaje es su padre gay (Juan Carlos Dual), a quien ama en lo profundo, pero con quien no acepta ningún tipo de relación. «Yo quiero respetar la historia para que sea como la vida misma, no encasillarse en un solo género, porque la vida misma tiene drama y comedia —apunta Laport—. Como actor, en toda mi carrera —aunque parezcan personajes con cierto estereotipo, como fue un Guido Guevara (Campeones), un Amador Heredia (Soy gitano), eso es sólo la cosa de la imagen—, siempre triunfa el terrenal, el tipo que llora de verdad, se ríe de verdad, y creo que eso es lo que el público agradece.

¿Pero quién es el galán acá, Osvaldo Laport o Mariano Martínez?

Somos generaciones diferentes y hay target para todos. Con Mariano nació una linda relación cuando estábamos los dos en Campeones, pero no la continuamos. Y en este reencuentro los dos hemos cambiado. El loco ha crecido, ha madurado, está muy abierto, siempre fue un tipo inteligente pero ahora se lo ve disfrutando de otra etapa de vida. Y este viejo está en una etapa también diferente, donde me estoy redescubriendo y si bien siempre mantuve una disciplina respecto de lo estético, hoy al encontrarme con Mariano, que es un Adonis, este pibe me despierta el no caer, el seguir peleando y el estar mejor, no que él, porque somos diferentes, sino estar mejor yo, conmigo mismo.

Laport es de los que no paran entre una novela y otra. De hecho, viene de una seguidilla que contempla Amor en custodia (Telefé), Collar de esmeraldas (Canal 13) y en el medio Brujas, para la televisión chilena. A punto de lanzar su primer CD, con canciones de letra sentimental en algunos casos, apasionada en otros, con melodías suaves en su mayoría, Laport luce entusiasmado con su nuevo rol y confía en que «la música me va a distraer un poco de la actuación, y sé que voy a disfrutarlo muchísimo».

No pudo disfrutar tanto, sin embargo, de su nombramiento como embajador de buena voluntad de ACNUR, el organismo de Naciones Unidas para los refugiados. En pleno revuelo mediático, Laport resignó la compañía de su hija, todavía conmocionada por los comentarios. Y se limitó a pedir respeto. «Hemos tenido mil crisis con Viviana, yo he hecho mil veces la valija y la he puesto en el baúl del auto, y eso nunca salió, tal vez la gente se entere ahora. Para Viviana y para mí eso siempre fue parte de nuestra vida privada. Pero evidentemente hubo algún malintencionado de nuestro entorno, esos a los que se refiere mi padre cuando dice mijo, desconfíe hasta de su propia sombra.

Sin embargo en algún momento de tu carrera diste notas junto a tu mujer. Tal vez entonces abriste una caja de Pandora y tu intimidad pasó a no serlo tanto.

Uno trata de encontrar el equilibrio. Entonces, a la pregunta de cómo hacen para estar tantos años juntos, uno respondía algunas cosas. Pero eso no es decir cuántos orgasmos tuve o si realmente nos engañamos o no nos engañamos, o si abrí la puerta y encontré lo que encontré según los chimentos de la prensa.

¿Cuál es tu prioridad ahora, analizar qué pasó, preservar a tu hija?

Tanto Viviana como yo estamos muy pendientes de Jaz(mín). Ella sabe que este distanciamiento es en función de la búsqueda de la felicidad, no es una separación melodramática. Se sufre, porque son 27 años y no estamos acostumbrados a estar separados, y menos lo está Jazmín. Pero anteayer tuve una reunión con su psicopedagoga, y estoy muy en paz porque mi hija está bien, y eso es porque tiene la contención de los dos. La tuvo siempre estando juntos y la sigue teniendo hoy, separados. A tal punto que nos vemos casi todos los días. Ninguno de los dos es un padre o una madre ausente, estamos todo el tiempo.

¿Lo ves como definitivo?

Mi filosofía es que hay que dejar decantar la vida. Las veces que yo he presionado cosas no me ha dado resultado. No olvidemos que Viviana tenía 16 años cuando nos conocimos, 17 cuando fue mi mujer, 27 de convivencia… Lo importante es entender que detrás de una función, desde un político hasta un comerciante y también un actor, hay un ser humano. Que nos sentamos al inodoro, nos cepillamos los dientes, lloramos, nos reímos y tenemos nuestras miserias también.

¿Pasó la angustia?

Estamos viviendo esta etapa y creo que lo importante es respetarla y transitarla. Y no hacer nada, pero nada, por el otro, e inclusive ni siquiera por un hijo. Uno tiene que estar bien uno para que los demás estén bien.

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